Gripe y calma

Barañain

Con ese nombre, suficientemente expresivo, se ha publicitado una iniciativa de un conjunto de médicos y otros profesionales sanitarios de atención primaria con propuestas razonables para atender la previsible demanda asistencial provocada por la gripe A y poner coto al infundado alarmismo que en los últimos meses se ha creado en torno a esta pandemia. Las decenas de miles de visitas recibidas por su web

 ( http://gripeycalma.wordpress.com ) dan fe del éxito de la iniciativa.

Sabida es la poca tolerancia social que existe al daño producido por el médico por “no hacer”,  siendo escasa sin embargo la conciencia sobre el daño producido por su hiperactuación. Si la “medicina defensiva” implica el incremento del número de actuaciones clínicas sin que todas sean de utilidad para el paciente, como garantía  ante cualquier hipotética reclamación posterior, algo de eso es aplicable a lo vivido a nivel colectivo en torno al fantasma de la nueva gripe. Los meses veraniegos han sido testigos de una alocada carrera de los responsables sanitarios por salir a la palestra anunciando todo tipo de preparativos, planes estratégicos, acopio de vacunas y antivirales, mensajes supuestamente tranquilizadores, campañas publicitarias, etc… frente a la inminente ola pandémica de gripe A.

Ha sido una campaña desaforada de la que han participado administraciones sanitarias, corporaciones médicas y medios de comunicación. Como si  trataran de garantizarse la exculpación social en el improbable caso de que la epidemia llegara a ser grave. Salud pública defensiva: hagamos planes y, sobre todo, publicitémoslos, no sea que luego se nos responsabilice de lo ocurrido por falta de previsión. Hablo de las administraciones en general, sin distinción de color político (es más, se ha tratado de uno de los raros episodios de la vida nacional en que ha habido consenso entre los partidos rivales) ni de tamaño o área de influencia. Cada ministerio, cada consejería autonómica, cada ayuntamiento han rivalizado en ser los más rápidos en solemnizar planes de contingencia. Lo mismo puede decirse de los colectivos sanitarios (sociedades científicas, colegios profesionales, etc..) que se han esforzado en divulgar, cada uno por su cuenta, protocolos de actuación, no siempre concordantes, con la finalidad de difundir medidas de prevención y criterios asistenciales que evitaran el colapso de la sanidad ante una demanda excesiva de cuidados por una incidencia de la gripe sobre la cual se vertían en los medios alegres estimaciones a cual más irresponsable o fantasiosa.

Sin duda, quedará para la memoria la ocurrencia del inefable Colegio de Médicos de Madrid que colgó una enorme pancarta en su fachada con el lema “no des la mano, no beses, dí hola”. Pero ha habido disparates menos conocidos. En mi Comunidad por ejemplo, su Consejería de Presidencia -de la que dependen todos los funcionarios-, publicaba un absurdo manual de auto-protección recomendando quedarse en casa al primer síntoma sospechoso que se notara, en lo que parecía toda una invitación al  absentismo de los empleados públicos. El Gobierno de Navarra ha organizado, por si acaso, un pintoresco comienzo escalonado del curso escolar, sin mayor fundamento preventivo. En algunos sitios hay a quienes se les ha ocurrido la peregrina idea de desaconsejar el embarazo mientras durara la pandemia.  Son sólo algunos ejemplos.

Los medios de comunicación, por su parte, iban alimentando la alarma con su morboso recuento de las personas que fallecían víctimas de la gripe, supuestamente por el interés informativo de tal goteo. Ante la actividad preventiva de las administraciones públicas  se excitaba la inquietud social con titulares como aquel de El País que alertaba de que “la gripe avanza con más rapidez que los planes del Gobierno” para atajarla.

No ha sido un problema exclusivamente español. Es más, en algunos aspectos España ha estado a un nivel bastante más digno que el de algunos ilustres vecinos. Piénsese en las absurdas declaraciones, tan carentes de fundamento sanitario como patrioteras, de gobiernos como el de Sarkozy garantizando vacunas y antivirales para toda la población. Capítulo aparte merecería la poco brillante actuación de la Organización Mundial de la Salud. La  OMS ha logrado confundir a todos los responsables de sanidad hablando de millones de casos -contribuyendo a la confusión entre “frecuencia” y “severidad”-, de porcentajes -en porcentaje mueren más jóvenes por la gripe A, pero en total mueren menos jóvenes que con la gripe estacional-,  de necesidad imperiosa de tratamiento y de vacunas, etc. (No es la primera vez: cuando en 2005 la OMS pronosticó que podrían morir de gripe aviar hasta siete millones de personas, se desató el pánico en el mundo y después hubo sólo 262 muertes). Todo esto ha estimulado a su vez las inevitables leyendas urbanas sobre los oscuros intereses que se estarían moviendo en torno a la gripe A por parte de los  laboratorios farmacéuticos: la relación de Donald Rumsfeld, el antipático Secretario de Defensa de G..W. Bush, con la empresa fabricante del antiviral Tamiflú ha favorecido la difusión de entretenidos alegatos paranoicos al respecto.

Lo cierto es que aun cuando desconocemos con exactitud cómo se comportará el virus A N1H1 en los próximos meses,  a estas alturas disponemos ya del balance de lo que ha sido la epidemia en el hemisferio sur, ahora que concluye el invierno austral, que ha arrojado la cifra de un millar escaso de fallecimientos y muy pocos problemas asistenciales, salvo en aquellos países en los que el estado de su sanidad pública es de por sí alarmante. Lo que sí sabemos es que la gripe de todos los años, la estacional, acudirá este otoño puntual a su cita centenaria. Según datos oficiales, en los últimos 10 años millones de españoles contrajeron una gripe, en una horquilla que osciló entre los 3,6 millones de 1999 y los 630.000 de 2008. Muy pocos murieron si tenemos en cuenta el gran número de afectados: cada año,  entre 1.500 y 8.000 españoles (niños, embarazadas y sanos incluidos). La gran mayoría de los afectados por la gripe se autocuidaron y ni tan siquiera consultaron con su médico pues el acervo popular recoge perfectamente bien los remedios caseros ante esta enfermedad.

La continua emergencia informativa de los preparativos que las autoridades dicen estar efectuando alarma incluso a aquellos que siempre consideraron la gripe una enfermedad molesta pero, en general, benigna y que, a la vista de la actitud “tranquilizadora” de medios y políticos, empiezan a contemplar su diagnóstico con preocupación. Como todos los años, cientos de miles de españoles, quizá millones, contraerán este otoño-invierno la gripe estacional con fiebre y tos que les hará guardar cama unos pocos días. Como todos los años, y sin necesidad de pandemia alguna, muchos centros de salud y servicios de urgencias se verán colapsados por la demanda extra que supone la gripe estacional. El colapso puede ser memorable si añadimos la demanda justificada y la inducida por la alarma-pánico que se pueda ocasionar por la gripe A.

De momento, en las farmacias se están agotando las mascarillas, que tienen un uso muy limitado y desde luego no sirven para “contener” la epidemia. Es bueno recomendar el lavado de manos aunque sólo sea por higiene, como siempre.  Pero la presencia y uso de esos dispensadores de soluciones hidro-alcohólicas que se ven ya en comercios y otros lugares públicos, es un despilfarro sin fundamento científico alguno. Los vendedores de “respiradores” para los hospitales han hecho su agosto. Hay muchas “ganancias” en el negocio de la pandemia de la gripe A, tangibles unas e intangibles otras, como son las que tienen que ver con la influencia, el poder, el protagonismo, etc.

Juan Gervás, médico rural de la provincia de Madrid, profesor y reconocido experto en gestión sanitaria, ante el temor y la incomprensión que detectó entre sus vecinos  respecto a la gripe A optó por difundir por Internet una carta que en principio mandó a sus pacientes y más tarde, dada la repercusión que tuvo, envió  a la Ministra de Sanidad y a los consejeros de Salud Pública (www.equipocesca.org/wp-content/…/08/gripe-carta-abierta.doc). La iniciativa alcanzó gran eco en los medios profesionales sanitarios. Sobre sus razones explicaba en una entrevista:

“Se está asustando a la población sin sentido. Se están dedicando ingentes recursos a un problema menor. Con ello se dejan otras necesidades sin cubrir,….Tenga en cuenta que en los protocolos está incluido el cerrar quirófanos para que los cirujanos atiendan también a los pacientes con gripe. …. Todo ello es un despropósito que deja a los demás pacientes indefensos….Piense en la repercusión que ya tiene el pánico en las mujeres que no se embarazarán, o en las bajas laborales por el miedo, o en la repercusión de los efectos adversos de los medicamentos empleados en exceso, como antivirales y vacunas. Un sinsentido con graves repercusiones sociales, sanitarias y económicas. Por ejemplo, un caso real de un niño con gripe A, que pasa una semana en casa encerrado con sus padres, que no van a trabajar (de baja ficticia) para cuidarlo y “no contagiar” a otros la gripe, todo por recomendación médica en urgencias, a donde llevaron al niño por fiebre.” ( www.canariassocial.com/index.php?…id..)

En buena medida, me temo, el daño ya está hecho. Sin duda, el efecto más llamativo que este año causará la gripe -o las gripes-, será un elevado absentismo laboral en buena medida estimulado por este alarmismo exagerado. Un dato real, de una multinacional española: en Sudamérica  en plena oleada gripal el absentismo de sus empleados alcanzó cifras insólitas, superiores al 20%.    

Afortunadamente, en las últimas semanas ha sido apreciable el cambio de tono en los mensajes. La propia Ministra de Sanidad reconocía que las autoridades “se han pasado un poco” y que debe prevalecer una postura lógica, de prudencia, calma y tranquilidad. De preparación para una situación que sólo se puede complicar por el miedo a la misma, por el pánico de la población.  Porque lo lógico y razonable es prever que la gripe A afectará a mucha gente porque es muy contagiosa pero que lo hará de forma muy leve, más que la gripe de todos los inviernos.