Griñán, que la suerte sea contigo

LBNL

El propio Griñan, que previsiblemente será investido Presidente de Andalucía el próximo sábado con el apoyo de IU, parece ser perfectamente consciente de lo que está en juego cuando en su discurso de investidura de ayer declaró: “… que en estos momentos hay mucha gente que nos está mirando atentamente porque representamos la esperanza de mostrar un camino distinto”. En otras palabras, Griñán propugna una alternativa de gobierno para afrontar y salir de la crisis radicalmente diferente a la preconizada por los adalides de la austeridad y recortes para equilibrar las finanzas públicas.

No se trata de seguir gastando lo que ya no se tiene tras el descenso considerable de los ingresos públicos por efecto de la crisis sino de gastar los recursos existentes de forma que no sean los menos favorecidos los que carguen con el peso de la crisis y, también muy importante, con el objetivo de que salgamos de ella lo antes posible, es decir, estimulando la actividad económica.

En los últimos días y señaladamente tras la victoria de Hollande en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas, “los que mandan” en Europa han empezado a modular su discurso en defensa de la austeridad aceptando la necesidad de complementarlo con medidas que estimulen el crecimiento económico. Ahora bien, si escarbamos un poco bajo las palabras en este sentido del gobernador del Banco Central Europeo, Mario Dragui, o de la Canciller Merkel, lo que subyace es más liberalización, es decir, crecimiento a partir de más competencia basada en desregulación y privatizaciones.

En general la competencia es positiva y la regulación de la actividad económica debe ser lo menos invasiva posible pero la experiencia demuestra que las privatizaciones no son siempre positivas para los intereses generales de la sociedad, como también que la desregulación a ultranza conlleva unos riesgos que, cuando finalmente se concretan, se traducen indefectiblemente en pérdidas de poder adquisitivo para la clase media y los trabajadores, es decir, para aquéllos que menos se beneficiaron previamente de la desregulación y las privatizaciones.

El Gobierno de Zapatero no completó muchas de las medidas que llevaba en su programa de 2004 de cambio del modelo económico español de baja productividad y crecimiento basado en un peso desmesurado del “ladrillo”, y tampoco supo apreciar en 2008 la magnitud e intensidad de la crisis que se nos venía encima. De haber hecho ambas cosas, en mayo de 2010 seguramente Zapatero no se habría visto obligado a aceptar la dictadura de “los mercados” y renunciar a su objetivo declarado de preservar los servicios sociales.

Pese al escándalo de los EREs y las rencillas internas del PSOE andaluz, Griñán consiguió perder las elecciones andaluzas por la mínima y ultima ya su nuevo gobierno con el coordinador andaluz de IU, Diego Valderas, como vicepresidente y, al parecer, consejero de interior, y otros dos consejeros de esta formación (en principio al frente de Turismo y de Fomento). El nuevo ejecutivo autonómico se atendrá en principio al acuerdo político consensuado por ambas formaciones que contiene once principios inspiradores, unas 250 medidas concretas y una treintena de iniciativas legislativas autonómicas.

No conozco el acuerdo en detalle y menos aún en qué medida podrá ser cumplido aunque sospecho que una buena parte se quedará en declaración de intenciones, especialmente en aquellas áreas en las que IU haya exigido algunas medidas concretas de casi imposible cumplimiento, bien por la dura realidad que presidirá la legislatura, bien por las limitaciones de las competencias autonómicas en algunos ámbitos.

Pero me reconforta escuchar de Griñán que su Gobierno tendrá los pies en el suelo, será “realista, sin aventuras, pero sin claudicaciones” así como su declaración de que la educación y la sanidad son el “corazón” de las competencias autonómicas por lo que dedicará toda su capacidad política a su preservación. Particularmente tranquilizadora resulta su promesa de que “con más recursos económicos o con menos recursos, el compromiso de mi Gobierno será respetar el patrón de nuestro modelo social basado en lo público como garantía de la igualdad de oportunidades”, o que “ninguna decisión presupuestaria va a traducirse en privatizaciones”. Al contrario, Griñán anuncia un instituto público de crédito andaluz destinado a ofrecer préstamos a las pequeñas y medianas empresas, ejecutar este mismo año un plan de choque contra el desempleo de 200 millones de euros para contratar jóvenes y parados de larga duración para un programa forestal de cuidado y reforestación. Y un programa de lucha contra la exclusión social dotado con 320 millones de euros a medio plazo con el horizonte de 2016.

Es cierto que Griñán no concreta apenas cómo va a operar el recorte presupuestario de casi 2.700 millones de euros provocado por la reducción de ingresos propios y de los fondos provenientes de los presupuestos generales. Apunta a una subida de los impuestos autonómicos y a otras fórmulas que permitan ahorrar sin recortar derechos. De seguro, su gobierno tendrá que afrontar muchas medidas difíciles y, a lo peor, claudicar en algunos de sus objetivos sociales más ambiciosos o más frágiles, pero al menos el discurso y el programa que lo inspira son inspiradores, valga la redundancia. Especialmente cuando se comparan con el que emana de la Presidenta de Madrid, que parece estar entusiasmada ante la posibilidad de recortar y ajustar sin límite, sin explicar por qué si las partidas a recortar son tan “maravillosas”, no las ha recortado hace ya años.

Esperanza Aguirre llegó al Gobierno tras la “venta” de dos diputados socialistas, con el apoyo económico de varios empresarios madrileños a una supuesta fundación pública que sufragó parte de los gastos electorales de su campaña, ejecutados para más inri por las empresas de la trama Gurthel, y tuvo que provocar la dimisión de algunos de sus más cercanos colaboradores cuando fueron imputados por corrupción personal. Su liberalismo es pérfido pero también estúpido, porque en ocasiones tengo grandes dudas de que realmente comprenda la complejidad de algunos de los asuntos sobre los que opina con rotundidad. Pero tiene claro lo importante: privatizando la salud pública sus amigos empresarios se hacen con grandes posibilidades de negocio y ella se quita de en medio la gestión de los hospitales que es muy complicada y costosa. Lo de menos es que la privatización implique que los ciudadanos que no pueden acudir a la sanidad privada tengan que asumir un servicio de peor calidad. Esa es una de las opciones que ofrece el PP. La otra sería la balear, donde acaban de cerrar dos hospitales.

Al menos en el terreno de las intenciones, las propuestas de Griñán son bastante más positivas. Y al contrario de lo que pensarán muchos, el hecho de que IU esté en el Gobierno, me parece una buena noticia porque obligará a que el Partido Socialista andaluz haga una política verdaderamente de izquierdas, haciendo frente a los poderes económicos y a sus agendas privadas, ahora disfrazadas de inevitabilidad al albur de la crisis.

No debería ser un brindis al sol. Nuestra crisis no la provocó el despilfarro o la mala gestión de los recursos públicos. El escándalo de los EREs es morrocotudo pero nuestros déficits públicos, estatal y autonómicos, encuentran su causa directa en la bajada de ingresos públicos por la menor actividad económica y el aumento de los gastos generado por la crisis, como por ejemplo los subsidios al desempleo. Hay que ajustar los gastos pero también, y los adalides de la austeridad siempre lo olvidan, ajustar al alza los ingresos, aumentando la fiscalidad, también a nivel autonómico. Hay que ahorrar donde se pueda, y claro que hay margen en las administraciones públicas, pero también hay que preservar el gasto en las áreas más importantes entre las que figuran, sin duda, la sanidad y la educación. Hay que reducir el gasto, al menos hasta que se recupere la economía pero sobre todo gastar mejor porque el gasto público es necesario y positivo, tanto para que la clase media y trabajadora no sufra en exceso como para estimular la actividad económica.

Griñán tomará posesión el sábado y con un poco de suerte, François Hollande se convertirá en el próximo Presidente de Francia un día más tarde. Y con ellos llega un soplo de esperanza que esperemos se concrete, en bien de todos.