Gran coalición, gran error

Guridi

Asisto alarmado a los rumores, cada vez más densos, de que a Rubalcaba no le molestaría formar una “gran coalición” con el PP de cara a un posible hundimiento del llamado bipartidismo. Esa “gran coalición”, que en Alemania está llevando al hundimiento acelerado de nuestros compañeros del SPD, se va ahora como una medida extrema, para salvar a España de las difíciles circunstancias que la siguen amenazando.

 El PP comparte con su líder, Mariano Rajoy (la Esfinge de Moncloa), la práctica del tancredismo ante cualquier situación importante. Este año no se cumplirá el objetivo de déficit y, para el año que viene, es más que posible que la Unión Europea dé un serio toque al Gobierno. El déficit, que es algo que provocaba alaridos y rechinar de dientes durante el Gobierno Zapatero, parece haberse vuelto invisible de repente. Las medidas gallináceas de De Guindos y el furor regresivo de Montoro sólo han conseguido gripar más aún las cuentas estatales. Y pese a la supuesta actitud “reformista” de la que hace gala el PP, nuestro sistema fiscal necesita una puesta a punto muy seria que nadie parece dispuesto a afrontar. El famoso informe de los expertos va a dormir el sueño de los justos, por lo menos, un año más. Por no hablar de temas laborales, justicia, energía, educación, sanidad… No es que se trate de que España haya tocado fondo a todos los niveles, sino de que este gobierno se ha encargado de ponernos unos plomos en las piernas, para que lo alcancemos a toda velocidad.

 Todas las medidas adoptadas hasta ahora nos condicen a un escenario de estancamiento de lo más preocupante. Y estar estancados con un 25% de paro es una verdadera barbaridad. Por no hablar de la desigualdad, del deterioro en la salud de niños y ancianos, de todo lo que se está haciendo sufrir a la gente. Por que la gente, insistimos, ha de ser el factor alrededor de los gire todo. Parafraseando el Nuevo Testamento: “Es la Economía la que está hecha para el hombre, no el hombre para la Economía”.

 Todo esto logra que el PP se merezca un desplome en su intención de voto. Desplome que, para mi gusto, aún es más pequeño de lo que debería ser. Pero es que el adusto e inmóvil PSOE de Rubalcaba, se desploma de la mano del PP. Si preguntáramos a los ciudadanos, creo que muy pocos sabrían decir alguna medida de oposición digna de tal nombre. Mientras, en el Grupo Parlamentario, ejecutivos de escaño y activistas de ceño fruncido, mostrarán la gran cantidad de papeleo que producen, como si tal cosa llegara automáticamente al conocimiento del electorado.

 Así que, ante los resultados que vaticinan las encuestas, destacados elementos del PP y del PSOE se plantean formar una gran coalición, para poder seguir haciendo lo de siempre y abrir así las diferentes cajas de Pandora que se interponen en el camino de nuestro país. De esta manera, el PP se propone compartir la caída de votos y los dirigentes del PSOE, hacer un ejercicio de responsabilidad que les permita volver a pisar moqueta.

 Desde que sé que hay gente en el PSOE que de verdad se plantea esta posibilidad (y hablo de gente con gran ascendiente político, como los comensales de “Currito”), no puedo apenas pegar ojo.

 Primero: porque las grandes coaliciones no son tan habituales, ni tan fructíferas como se nos quiere hacer creer. Y, además, si no fueron necesarias en plena Transición, ¿por qué iban a serlo ahora? Es más noble aspirar a reeditar lo que pasó en 1982 o en 2004, que a repetir el equivalente de sentar a la UGT con el dictador Primo de Rivera.

 Segundo: porque uno de los grandes problemas del PSOE es que pierde apoyos (por la izquierda y por el centro) porque sus votantes no lo perciben como alternativa, sino como un partido que haría más de lo mismo. Una gran coalición, agravaría este problema hasta poner en peligro que el PSOE pueda ser alternativa de gobierno durante muchos años, puede que incluso décadas.

 Tercero: porque no se trata de un problema de estabilidad parlamentaria. Las grandes coaliciones tampoco se caracterizan por su estabilidad. Se trata de ponerse a pensar de verdad y buscar (por parte del PSOE) una verdadera alternativa de progreso a las políticas actuales. Y de ofrecer un liderazgo ideológico y moral que permita llevar a cabo las reformas estructurales necesarias. Una gran coalición sólo sirve para salvar momentáneamente los muebles, pero no garantiza que se vayan a sentar las bases para sacar a nuestro país del hoyo. Hay más de una solución a esta crisis y hay más de una manera de sentarse a negociar en Bruselas. Yo sugiero, para empezar, una que lleva demasiados años sin hacerse: hablando en las reuniones del Eurogrupo.

 Cuarto: el Partido Popular no es un partido conservador europeo al uso. Se hacen llamar “de centro” para ocultar que son la derecha cejijunta heredera del carlismo, el caciquismo y la España de “Cañas y Barro”. Se hacen llamar “liberales” para ocultar el hecho de que proponen un capitalismo trucado de casino de amiguetes; el reinado de los notarios, los abogados del Estado, los registradores de la propiedad y los colegios de ingenieros. Es un partido estructuralmente corrupto, que se ha financiado mediante el intercambio de favores, de sobres y la compra de voluntades. Es el partido de la impunidad, de los jueces que dejan prescribir causas, de los fiscales que pierden pruebas, de las famosas comidas de Trillo con magistrados del Supremo, de los indultos a los Gómez de Liaño, Matas y Carromeros. Formar una gran coalición con ellos es legitimar esa manera de ser y de hacer las cosas.

 Quinto: No es esa la voluntad de la militancia, ni del electorado del PSOE. Hasta los más cerriles partidarios de Rubalcaba, lo son porque creen que un gobierno presidido por él haría las cosas de manera muy diferente. Transformar los votos que persiguen una alternativa de gobierno en otro gobierno del Partido Popular, es traicionar la confianza de las personas que han votado y trabajado, para conseguir todos y cada uno de los escaños de los posibles perpetradores de semejante pacto. 

Sólo me consuela saber que hay convocadas primarias para noviembre. Y que espero que el ganador o ganadora de éstas no tenga por qué abanderar semejante despropósito. Es más: me gustaría que el ganador o ganadora fuera tan nuevo, tan diferente de lo actual, que obtuviese un respaldo masivo y se viera con fuerzas para convocar un Congreso Extraordinario, para enjuagar de una vez las telarañas y dotar al PSOE del impulso y los apoyos que necesita para sacar a España del agujero.