Golpe a eta

Millán Gómez 

La detención de varios etarras el pasado martes en Burdeos supone un nuevo golpe a eta. Uno de los detenidos es nada más ni nada menos que el número uno de la organización terrorista, Francisco Javier López Peña, alias Thierry, entre otros pseudónimos. La historia demuestra que los etarras tienen más alias que neuronas.

Decía que el golpe policial a eta demuestra que está cada vez más débil y que la policía está deteniendo a más etarras que en ningún otro momento de nuestra historia anterior. A pesar de ello, los medios afines al PP consideran que eta está más fuerte que nunca porque, por lo visto, Zapatero la ha resucitado ante la complacencia de una incompetente policía. No hay que ser un ilustrado para pensar que si estas detenciones se hubiesen producido con un gobierno del PP hoy podríamos leer en cualquier periódico conservador que estamos mejor que nunca en la lucha contra el terrorismo porque ellos no ceden y tararí que te vi.

 

La respuesta del nacionalismo democrático ante un importantísimo, a todas luces, golpe contra el aparato de eta ha sido minimizarlo y despreciarlo con una ignorancia y una falta de pudor que asusta. El consejero de Justicia del Gobierno vasco, Joseba Azkárraga (EA), considera que “son tantas veces las que hemos oído que han detenido al número uno de la banda que habrá que ver”. Las declaraciones son una irresponsabilidad en toda regla. En primer lugar porque no las dice el vecino del cuarto sino el responsable de una cartera tan importante en la lucha contra el terrorismo del ejecutivo de Gasteiz como es la de Justicia. En segundo lugar porque trata de deslegitimar el trabajo de una gente, como es la policía, que se juega la vida por la seguridad de todos nosotros, del tal Joseba Azkárraga también. El nacionalismo vasco democrático hace un flaco favor a la unidad contra eta cuando, en vez de felicitar a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado por su eficaz trabajo, se encarga de ofrecer una versión según la cual el martes en Burdeos ha sucedido poco menos que nada. 

En el partido gobernante en Euskadi, el PNV, su portavoz en el Congreso, el supuestamente moderado Erkoreka, considera que es “una excelente noticia” (reconoce lo evidente, en contraste con EA) pero se encarga de apuntillar afirmando lo siguiente: “no tengo tan claro que los detenidos tengan la relevancia que quieren darles en la información que se ha difundido”. En resumen, Erkorera no se cree la versión de la Policía ni del Ministerio del Interior y, con sus palabras, no hace otra cosa que alimentar la teoría según la cual lo del Burdeos es una ensoñación de Rubalcaba y los socialistas, tan ilusos siempre ellos. 

Era preferible que los nacionalistas democráticos en Euskadi nos explicasen por qué uno de los detenidos, José Antonio Barandiaran (EH), no fue expulsado de la alcaldía de Andoain gracias a los votos de los partidos en los que militan tanto Azkárraga como Erkoreka, EA y PNV respectivamente. Para más inri, su teniente de alcalde en este municipio guipuzcoano conocido en toda España no por formar parte del Valle del Leizarán sino porque eta ha asesinado allí en varias ocasiones, Ainhoa Ozaeta, también fue detenida en Burdeos el martes. Ambos formaban parte del sector político de eta, Batasuna y sus camaleónicas reconversiones. Una prueba más de la relación entre eta y Batasuna. 

El nacionalismo vasco democrático no responde ante esta cuestión pero formula delirios tan macanudos como que a los etarras se les tortura cuando la historia ha demostrado que ese victimismo es un latiguillo que suelta cualquier proetarra que sabe hablar. Sin ir más lejos, en las hemerotecas tenemos cantidad de denuncias similares que se han demostrado que eran falsas. El PNV y EA está más preocupado por el supuesto sufrimiento de terroristas que por el dolor de las víctimas, aquellas de las que, al igual que muchos simpatizantes populares, son máximas defensoras décadas después del primer crimen de eta. 

El día que el nacionalismo vasco democrático haga el esfuerzo (no demasiado titánico) por emplear un lenguaje favorable a quienes peor lo pasan y no repetir como loros el discurso etarra estaremos más cerca del final. La unidad de los demócratas tiene que venir acompañada de ciertos tics políticos que muestren a eta que la violencia no es el camino y que consoliden que, por encima de las lógicas discrepancias en cualquier otra cuestión política, contra el terrorismo no hay otro camino que ir todos de la mano. Cualquier matiz insultantemente secundario en esta materia es infinitamente menos importante que lo que realmente nos preocupa: que eta se acabe para siempre y que no sea un monstruo de mil cabezas que cada vez que se le decapita vuelva a salir otra cual setas después de la lluvia.