Geometría variable reagudizada

 Jon Salaberría

El miércoles de vísperas, con la Semana Santa en puertas, te sorprende ultimando planes y casi cerrando maletas con vistas al compromiso anual (más profano que espiritual) con la tradición familiar, y consciente de que la vida sigue igual, los preparativos te mantienen alejado del interés por las cosas de la política. Desde hace casi dos semanas, con el fracaso de la sesión de investidura de Pedro Sánchez Pérez-Castejón, asistimos a un impasse lleno de silencios, mensajes cruzados entre partes, mitad crípticos, mitad triviales, en el trasfondo de una parálisis política que muy pocos podían prever que fuese la resultante del fin del viejo bipartidismo anquilosante. La coralidad política de un Congreso de los Diputados con nuevos sujetos, alguno de ellos a su vez caracterizado por un difícil equilibrio de componentes plurales, presagiaba una nueva etapa de transacción y consenso. El bloqueo, con la única excepción del acuerdo PSOE-Ciudadanos, nos lleva de bruces hacia una nueva convocatoria electoral en las puertas del verano, lo que conllevaría prolongar esta interinidad, en la que Mariano Rajoy Brey seguro se siente como pez en el agua, hasta otoño… como poco. 

Y en esas, una serie de acontecimientos políticos relativamente inesperados rompen la calma chicha pre-vacacional para poner en solfa la prevista hoja de ruta que nos llevaba, inexorablemente, al comentado adelanto. Una serie de circunstancias que determinan la reapertura del diálogo, cerrado de forma abrupta  hace dos semanas entre actores políticos y la posibilidad de articular antes del cumplimiento del plazo constitucional fórmulas de gobernabilidad que eviten una cita electoral que tendría, de antemano, una derivada perniciosa para nuestro proceso democrático: el aumento de la abstención provocada por  las expectativas de cambio defraudadas y por una peligrosa sensación general, la de que las cosas públicas se manejan igual desde la provisionalidad que vivimos que desde un acuerdo de gobierno más o menos  amplio. Ese sensa Governo funzionamo meglio que fue lema de la inestabilidad política que durante décadas caracterizó al sistema político italiano y que acabó por ponerle en la picota. 

Los movimientos en el ámbito parlamentario, en puertas de un conflicto institucional sin precedentes por la negativa del Gobierno en funciones de someterse al control del Congreso, ponen de relieve que los vetos y líneas rojas en las negociaciones al más alto nivel se relativizan cuando se baja al campo mundano y posibilista de los contenidos concretos. El acuerdo parlamentario que mandata al ejecutivo de Rajoy a llevar a Europa una postura común entre las fuerzas políticas sobre el acuerdo UE-Turquía, rechazando las expulsiones masivas de inmigrantes y reclamando que los acuerdos sobre el control del flujo de refugiados hacia Grecia que se alcancen con Turquía contengan garantías del cumplimiento de la legalidad internacional y del respeto a los derechos humanos, incluidos los requisitos de la legislación europea de asilo, así como el consenso entre Partido Socialista, Ciudadanos y Podemos en la Mesa del Congreso para instar al Gobierno a someterse al control parlamentario de su gestión, son exponentes de la relativa normalidad con la que puede articularse un consenso político sobre programas que, en el caso de la formación de un gobierno, sería la primera parte. Esta parte de los deberes ya ha sido realizada con creces por Partido Socialista y Ciudadanos. El corolario sería el establecimiento de la la estructura y los nombres que lo integrarían. No al revés: el gran error (voluntaria o involuntariamente), sin duda, de Pablo Manuel Iglesias Turrión en el devenir de las conversaciones iniciales. 

Al desbloqueo del diálogo entre las fuerzas políticas, que posibilita la reanudación de la actividad parlamentaria normal, se une la vuelta a la mesa de negociación de algunos de los protagonistas de las conversaciones previas a la investidura (fallida) de Pedro Sánchez. Ayer, Compromís mantenía su primer diálogo formal con el equipo conjunto PSOE-Ciudadanos, dejando de lado la amenaza de no volver a sentarse con el Partido Socialista si el diálogo no se producía en el marco de la mesa a cuatro inspirada en su momento por Alberto Garzón y monopolizada por Iglesias desde el debate parlamentario. La formación valenciana abre la puerta por fin a la posibilidad de acuerdo de gobierno sin excluir a Ciudadanos. Con Compromís existe un buen trabajo de campo previo a la investidura, frustrado por el miedo electoral insuperable que les hizo levantarse de la mesa con IU a la orden de Podemos. Los próximos días serán decisivos para retomar la misma senda con Izquierda Unida. 

Por supuesto, la situación de crisis que azota a Podemos es el bombazo que puede suponer el definitivo punto de inflexión en este panorama. Con nocturnidad y alevosía, tras más una semana de acusaciones al Partido Socialista por una presunta operación mediática conducente a que la opinión pública vislumbre una falsa imagen de fractura de la formación morada, Iglesias Turrión cesaba manu militari al secretario de organización de Podemos, Sergio Pascual (Plasencia, 1977), y dejaba al descubierto la realidad del enfrentamiento entre tres sectores bien definidos dentro del magma poliédrico de la formación: los pablers (seguidores fieles del líder y fundador, homologables en tácticas y argumentos a la tradición de un partido comunista clásico), Anticapitalistas (única corriente organizada formalmente, con la dirigente andaluza Teresa Rodríguez como máximo exponente) y errejonistas, configurados como el sector más moderado y pragmático de Podemos, mucho más proclives al desbloqueo de la situación. No en vano, es Íñigo Errejón (Madrid, 1983) el que ha mantenido vivos los canales de comunicación con las demás fuerzas parlamentarias, y especialmente con los socialistas, incluso en los momentos de mayor crispación. El equilibrio de fuerzas determinará si el maximalismo de Iglesias Turrión vuelve a imponerse en el ámbito negociador, o  si habrá apertura a otras opciones. De momento, expectación ante una reunión Sánchez-Iglesias anunciada antes por el líder de Podemos pero solicitada formalmente por el secretario general socialista para no perder la iniciativa: reunión a la que Iglesias acudirá con las mismas premisas y con el aliciente adicional de girar las miradas fuera de la crisis interna. Una reunión con poco recorrido práctico, más allá de la simple recuperación del diálogo. 

La clave de arco estará en el diagnóstico de una mujer clave en el organigrama podemita: Carolina Bescansa. Del análisis de las prospectivas de voto, relativizadas públicamente por el sanedrín de la formación pero simepre instrumentos de trabajo en los que han depositado mucha fe, dependerán las decisiones de mayor trascendencia. Si estiman que no castigan la estrategia seguida, no habrá miedo a las urnas. Pero si reflejasen negativamente el coste del NO junto al Partido Popular en la investidura, el del bloqueo político y el lógico que los electores anotan en el debe de las formaciones que muestran públicamente sus divisiones, Podemos podría afianzar, mediante una abstención de previsión medioplacista, un Eje de 143 (que sumaría a PSOE, Cs, Coalicion Canaria, Compromís, IU y PNV) para una segunda sesión de investidura de la que resultaría un gobierno de escasa base parlamentaria y recorrido de apenas media legislatura para ir recomponiendo posiciones. El bloqueo de la mayoría absoluta del PP en el Senado ni siquiera le permitiría terminar su ejecutoria con el saldo de una reforma constitucional de difícil articulación. 

La crisis de Podemos muestra que la formación morada se ha erigido en una auténtica IU mejorada con resultados nunca soñados por la federación de izquierdas, pero con sus mismos males. La repetición electoral en junio podría conllevar la no repetición de alianzas o confluencias territoriales, con una mayor fractura de la representación política. La repetición electoral conllevaría un Congreso tan plural o más que el que surgió el 20-D, con una estabilización del voto a los partidos tradicionales, una subida notable de Ciudadanos, aprovechando su papel constructivo y su ubicación en la centralidad política, y una mayor sopa de siglas en el ámbito de la nueva izquierda. La geometría variable a la que venían obligadas las fuerzas políticas se vería así reagudizada con una carga negativa de desencanto ciudadano. 

En un ejercicio de responsabilidad de todos está el desbloqueo de la situación. Desbloqueo que puede venir desde una perspectiva de la negociación política alejada, como afirma Juan Roure, de la simple perspectiva ganar/perder, entendiendo que las claves de una negociación están en la consciencia de que nuestras cesiones son vías para lograr algo superior. Por lo tanto, en los conceptos de transacción y de transversalidad (algo que han entendido muy bien los firmantes del único acuerdo de gobierno que hay sobre la mesa) está la salida de esta situación endiablada. 

¿Cabe posibilidad de que ese acuerdo amplio y transversal se llegue a materializar? Tengan ustedes en cuenta que llegados al punto del fracaso, la siguiente hipótesis de desbloqueo, con elecciones o sin ellas, constituye una auténtica espada de Damocles sobre las cabezas de nuestros protagonistas políticos: es el cambio de interlocutores. Esta posibilidad, comentada en voz bajita por los interesados, puede determinar salidas pactadas que hasta hace dos días creíamos impensables. Se trata de supervivencia, y eso son palabras mayores. 

Seguimos a la expectativa. Feliz semana vacacional a todos y todas.