Gallardón: ¡Bien, bien y bien!

LBNL

La dimisión de Alberto Ruiz-Gallardón como Ministro de Justicia es una triple buena noticia. Me explico. Contra lo que muchos pueden pensar, me parece que es absolutamente coherente que, tras empeñar su capital político en la reforma del aborto, asuma la responsabilidad política por no haber sido capaz de sacarla adelante. Desconozco las conversaciones que haya podido tener con el Presidente del Gobierno y si le planteó la posibilidad de dimitir en plan ultimatum, con el objetivo de obligarle a dar su brazo a torcer. Pero no es relevante: el resultado es absolutamente lógico desde una óptica democrática desarrollada, como la británica, por ejemplo. O no fue capaz de interpretar bien el mandato recibido, o no fue capaz de explicarlo corréctamente, o no es la persona más adecuada para seguir adelante con los nuevos planes del Presidente, o todas o varias de las anteriores. Y es plenamente coherente: abandona también el escaño y la política.

La confirmación de que la proyectada reforma del aborto no saldrá finalmente adelante es en sí misma también una excelente noticia. La reforma era tremendamente regresiva y, además, prometía devolvernos a un régimen jurídico de mayor incertidumbre que el que proporciona la ley de plazos del Gobierno Zapatero. En efecto, por más que con arreglo a la ley actual no haya que justificar razones para abortar si se está dentro de plazo, lo cierto es que con la ley anterior se producían muchos más abortos por encima del plazo de 14 semanas que marca la ley en vigor.

A mi juicio no hay mucho que discutir sobre el aborto. Es malo, porque implica poner fin a un proyecto de vida, es generalmente traumático para quien decide someterse a su práctica y no hay ninguna buena opción porque su prohibición es terrible para miles de mujeres – y de niños – que no ven conveniente alumbrar en la situación en la que se encuentran y, muy importante, porque no es posible hacer que se respete, lo que provoca abortos clandestinos en condiciones higiénicas lamentables con riesgos para la salud y accidentes. Es decir, si en algún momento se hubiera conseguido imponer una prohibición, cabría considerarla, pero si además es inviable -hoy igual que desde siglos atrás – para qué planteárselo siquiera. Por tanto, lo adecuado es articular algún tipo de salida legal, más o menos restrictiva pero viable. No era ese el objetivo del anteproyecto de ley ahora cancelado que a mí no me habría parecido mal si, respetando el plazo de catorce semanas o incluso reduciéndolo levemente, se hubiera centrado en promover la planificación familiar ex ante, obligar a las mujeres que van a abortar a tener una sesión previa con un psicólogo y/o con un servicio de asistencia social que les ilustrara sobre las posibilidades alternativas, etc.

La tercera buena noticia es que por fin el PSOE puede apuntarse una victoría política de calado social, la primera desde que el PP obtuvo la mayoría absoluta allá por noviembre de 2011. Es el PSOE quien más ha clamado contra la reforma (a IU siempre se la oye menos y Podemos no llegó a tiempo) y no sólo ha conseguido anularla sino que, ahora que está renovado y unido (esperemos…), el Gobierno ofrece un perfil de indecisión y disensión. Será por guapo, por ir a las teles, por pura chiripa, o por lo que sea, pero Pedro Sánchez se ha cargado la reforma del aborto. Así lo va a percibir gran parte de la opinión pública, mientras que en las huestes del electorado potencial peperil, unos van a reprocharle a Rajoy haber sacrificado a Gallardón, otros no van a volver al redil asustado tras haber visto la faz más carca del PP, y otros más estarán indignados por la traición de Rajoy a la defensa de la vida. Si todavía queda alguien en Vox, seguro que se están frotando las manos.

Un último apunte. Gallardón es -o era- un político muy eficaz, como demuestra su brillante carrera. Muy repipi para muchos, entre los que me cuento, es un buen orador y políticamente muy hábil; recuerden su apertura al mundo gay cuando era Alcalde… que hace todavía más inexplicable su empeño contra el aborto. Pero también es un tipo muy oscuro, metido de lleno en intrigas contra Esperanza Aguirre desde hace lustros y con amistades peligrosas, como la famosa Corulla de la Operación Malaya, que obviamente intimaba con él para conseguir la recalificación de unos permisos urbanísticos. O el joven Secretario General del PP que por encargo de Fraga lidió con el escándalo del antiguo tesorero Naseiro, tan eficazmente como para conseguir que se anularan todas las actuaciones judiciales por nulidad de las escuchas pero, por lo mismo, condonador de un sistema de financiación ilegal del PP -incluso si las donaciones no son a cambio de favores- que se perpetuó en el tiempo y acabó estallando con Bárcenas al mando de la tesorería.

En suma, nos libramos de un proyecto de ley muy retrógrado, el PSOE se apunta un tanto importante, el interfecto actúa muy coherentemente según la lógica democrática y encima nos desembarazamos de un personaje oscuro, hijo de franquista y que ya llevaba demasiadas décadas como político profesional.

¡Bien, bien y bien!