Galicia influye

Millán Gómez

La polémica y archiconocida ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, lleva acaparando portadas de periódicos, tertulias radiofónicas y televisivas, debates políticos, etcétera, durante toda la legislatura por su actuación al frente de una cartera ministerial tan destacable como es la de Fomento. La crisis del AVE en Barcelona, ciertas declaraciones poco conciliadoras de la ministra y la campaña continua de acoso y derribo por parte de la derecha política y mediática le han colocado en el punto de mira de la opinión pública.

Como consecuencia de su polémica labor en el ejecutivo central, el portavoz de Iniciativa per Catalunya -Verds (IC-V) en el Congreso de los Diputados, Joan Herrera, presentó una moción que interpuso este pasado martes con vistas a pedir la dimisión de Álvarez. Esta moción de los ecosocialistas catalanes se produjo cuatro días después de que el Parlament de Catalunya demandara previamente su dimisión irrevocable.

La ministra salió airosa de su reprobación por sólo tres votos de diferencia. Magdalena Álvarez contó con el apoyo del PSOE, PNV, Nueva Canarias y el ex – diputado del PP, Joaquín Calomarde, así como del BNG. Por su parte, la petición de dimisión fue apoyada por los grupos políticos del PP, ERC, CiU y CC.

El BNG, tercera fuerza política en Galicia y que forma junto con el PSdeG gobierno en aquella comunidad, ha saltado a la palestra de la actualidad informativa gracias a su voto en apoyo a una política que llevan criticando con vehemencia desde el comienzo de la actual legislatura. Una vez conocida la resolución de la moción, el BNG comunicó a los medios de comunicación que su voto fue fruto de una negociación secreta que consumó un acuerdo según el cual los nacionalistas gallegos recibieron el compromiso del Gobierno de desbloquear las transferencias pendientes a la Xunta de Galicia. Las citadas competencias serán traspasadas a la Xunta en un plazo no superior a los tres meses (puesto que se agota la legislatura) y se negociarán en una Comisión Mixta. Entre las competencias pendientes destacan las competencias en Tráfico que reportarían la creación de un cuerpo policial de tráfico gallego, competencia ésta que aparece reflejada en el Estatuto de Autonomía de Galicia de 1981. Antes de reformar la actual norma institucional gallega, se debería cumplir íntegra la actual carta autonómica.

Además, el BNG adquirió la promesa del ejecutivo socialista de que el presidente Zapatero y el Vicepresidente de la Xunta, el nacionalista Anxo Quintana, mantendrán una reunión antes del próximo 15 de septiembre. Dicha cita tendría por fin acercar posturas que faciliten el desarrollo del autogobierno gallego.

El BNG, una formación política que en la prensa estatal aparece casi siempre reflejada como poco menos que el demonio gracias a la intensa campaña de deslegitimación y desprestigio del nacionalismo gallego por parte del fraguismo, ha escrito esta semana una de sus más brillantes páginas en su breve pero intensa historia. El BNG ha colaborado esta legislatura en la gobernabilidad del Estado con su apoyo en muchas materias al Gobierno de Zapatero y para muestra un botón. Dicho esto, hay que decir que es fundamental que los partidos políticos gallegos tengan la autonomía suficiente para poder influir en el Gobierno de España y velar por los intereses de Galicia. Como bien dice Rajoy, Galicia no es un plato de lentejas pero el líder popular realiza estas reivindicaciones cuando electoralmente le interesan, no cuando el pueblo gallego las necesita. Que es bien diferente.

La sociedad gallega, estereotipada hasta el insulto fruto de la más absoluta ignorancia, se rebeló cívicamente hace ahora cinco años cuando la marea negra del Prestige (sí, Mariano, marea negra) y dio, por fin, una imagen de autoestima que llevaba mucho tiempo necesitando. Porque la mejor forma de hacernos respetar es respetarnos y querernos nosotros mismos como pueblo. Sólo si nos respetamos nosotros mismos nos respetarán los demás.

El BNG, por lo tanto, ha aprovechado la oportunidad de postularse como un partido maduro y alejándose de ciertas actitudes muy bloqueiras más propias de una formación extraparlamentaria que de un grupo político con ya importantes responsabilidades de gobierno a nivel municipal, provincial y autonómico gallego.

Esta decisión del BNG sirve también para fortalecer al bipartito y consolidar su coalición política con el PSdeG dejando en agua de borrajas los cantos de sirena llegados por el PP y sus satélites mediáticos siempre dispuestos a anunciarnos el fin del mundo en el próximo boletín informativo ya que, siempre según la opinión de la derecha, este gobierno era algo así como el tripartito catalán pero versión á feira. Más de dos años después de que Touriño tomase posesión en O Hórreo, el tiempo les está quitando la razón y el cambio gallego avanza, lentamente pero avanza. Fiel reflejo de este hecho es que según los estudios sociológicos la mayoría de la sociedad gallega (incluso una porción importante de votantes del PPdeG) respalda la actuación de la Xunta. El bipartito tuvo, tiene y tendrá sus lógicas discrepancias internas pero el objetivo común de realizar una transformación social en Galicia sigue indemne. Porque la tierra quiere pueblo.