GAL, 11-M y el fin de España (y 4)

Permafrost

Hace casi seis décadas, en un trabajo publicado años antes de desarrollar su teoría de la disonancia cognitiva, Leon Festinger observó las reacciones de diversas víctimas de un terremoto en la India. Curiosamente, quienes más alejados se hallaban de la zona más devastada mostraban una mayor tendencia a creer y difundir rumores sobre una indefectible e inminente reproducción de nuevas desgracias. Festinger planteó la hipótesis de que estos individuos, que habían salido relativamente indemnes de la tragedia, pero que sentían una gran angustia, estaban de forma inconsciente elaborando justificaciones subjetivas para esa desazón que no se correspondía exactamente con la realidad percibida. En otras palabras, estas personas sentían un gran desasosiego para el que era preciso encontrar un objeto a la medida: el futuro (e imaginario) acaecimiento de un nuevo desastre.

Esta reflexión está emparentada con la fructífera corriente de la psicología social que comprende las teorías sobre la consistencia cognitiva o el equilibrio cognitivo. La idea fundamental es el presupuesto de que las personas tienen conocimientos, opiniones y creencias acerca de sí mismas, de los objetos, de las acciones y del mundo que las rodea… y se esfuerzan por mantener un cierto grado de consistencia lógica (psicológica) entre esos elementos y evitar la tensión que produce la percepción subjetiva de las inconsistencias.

Pero no es mi intención extenderme con academicismos pedantes que, por lo demás, no harían sino demostrar mi pretenciosa ignorancia. A los presentes efectos, aunque no resulte inmediatamente obvio, las líneas precedentes sirven simplemente para introducir el último de los componentes que vengo analizando en esta serie: el fin de España.

Lo que pretendo mostrar es que existe, en muchos casos, una línea perversamente lógica que une de manera inseparable las alharacas argumentales sobre los atentados del 2004 con los aspavientos constantes e hiperbólicos de la más vitriólica crítica cotidiana al gobierno actual. En algunos comentaristas (insisto: no en todos), ambos aspectos son rigurosamente complementarios y oportunos para mantener el equilibrio de sus peculiares ecuaciones internas.

Terminaba mi anterior artículo señalando “la desmesura del planteamiento golpista” en el 11-M, la evidente desproporción entre los medios utilizados y la modestia del objetivo alcanzado (cuatro años de gobierno en un sistema democrático estable). Pero advertía: “A menos, claro está, que la lectura de la realidad se haga en términos muy alejados de esa ‘normalidad democrática’ a la que he aludido.” En efecto, “España […] sigue siendo diferente a cualquier nación civilizada de nuestro entorno” (Maestre, LD, 24.1.06). Por tanto, la “moderación en la crítica sería pertinente y ponderada si al PP y al actual PSOE le separaran las lógicas divergencias que separan a los grandes partidos en el resto de la democracias occidentales. Pero eso no forma parte de lo real. Lo que ocurre en nuestro país no es normal” (Editorial, LD, 6.3.06). De este modo, la consistencia subjetiva queda garantizada si se abraza un discurso a la altura de las soflamas previas. Si la expresión mágica para explicar el 11-M era “golpe de Estado”, nada mejor que uncir a este carro otra designación de trapío para sus consecuencias. Ahora, la contraseña infalible parece ser “cambio de régimen”, denominación que sintetiza el magma de pronunciamientos que denuncian el supuesto desguace de nuestro sistema político perpetrado por el gobierno socialista. Esta consigna se ha venido comercializando en distintas versiones.

Versión relativamente ‘Soft’: “El nuevo régimen al que pretende conducirnos el Gobierno actual tiene dos ejes fundamentales: la transformación del actual Estado de las Autonomías en un Estado Confederal y la evolución de un régimen pluralista a un régimen de partido institucional, en una versión postmoderna del PRI mexicano de hace unas décadas” (I. Cosidó, GEES, 22.5.05).

Versión ‘Hardcore’: “El objetivo de Zapatero es diáfano: cambiar de régimen político para seguir gobernando eternamente” (Maestre, LD, 18.10.05). “El Gobierno labora para crear las bases de una sociedad […] sólo gobernable con nuevas formas de populismo ‘fascista’ o, para el caso es lo mismo, estalinista” (Maestre, LD, 17.11.05). “Estamos instalados en un régimen político, en un tinglado institucional, basado en las decisiones despóticas, autoritarias y golpistas, que están terminando con todas las instituciones autónomas e independientes de la democracia. […] Resulta decisivo que extendamos al resto de nuestros conciudadanos que vivimos ya en un Estado de excepción. […] Zapatero toma decisiones al modo ‘romántico’, por no decir nacionalsocialista” (Maestre, LD, 12.1.06). Lo que se busca, además, es “exterminar” a la derecha (Maestre, LD, 24.1.06; Losantos, LD, 29.1.06). Y “[el objetivo de Zapatero es] la destrucción del Estado español. […] Si los que defendemos la Constitución […] no ganamos con claridad las dos próximas convocatorias electorales, […] Rodríguez Zapatero y sus aliados actuarán como lo hizo el partido nazi tras ganar las elecciones de 1933. España se habrá convertido en una parodia, latinoamericanizada, de lo que significaron el fascismo y el nazismo en los años treinta del siglo pasado” (Recarte, LD, 7.3.07).

Versión ‘Matrix’: “hemos infiltrado y pervertido el sistema […], hemos acabado con la separación de poderes, […] hemos implantado una democracia formal donde el poder sólo es uno […], el poder judicial dejó hace tiempo de existir y también nos sirve a nosotros. […] Tenemos medios de comunicación bastantes para hacer comulgar a la gente con ruedas de molino. Tenemos recursos infinitos” (LdP, blog, 30.6.07, comentando “el mensaje��? que transmite la absolución de los policías del caso Bono).

Esto no significa que todos los que hablan de cambio de régimen o similares sean conspiracionistas ni que todos los conspiracionistas hablen de cambio de régimen. Pero existe una cierta coincidencia, como mínimo, en el caldo de cultivo natural sobre el que los aprendices de inspector Gadget elaboran su narrativa. No parece una casualidad que el último libro de Luis del Pino se titule precisamente: “11-M: Golpe de Régimen.” Y Jiménez Losantos, entre otros faros de la carcunda patria, da carta de naturaleza al feliz hallazgo semántico, añadiendo al cóctel, si es necesario, unos toques de ETA: “No sabemos si fueron los del 11-M. […] Pero, en cualquier caso, la ETA sigue ahí y, junto con el PSOE han sido los grandes beneficiarios de ese cambio, no de Gobierno, sino de régimen, que estamos padeciendo. Y digo de régimen a conciencia de lo que digo” (12.4.07, Federico a las 7, min. 18). De este modo, pues, se compensan los platillos de la hipotética balanza 11-M / post 11-M. Cuanto más desaforado sea el peso que se sume al supuesto misterio del atentado, más funcional resultará cargar las tintas sobre la hecatombe política de sus efectos. No hay límites a la falacia post hoc ergo propter hoc o, como agudamente señala Manel Gozalbo, al “apriorismo aposteriorista que consiente, por supuesto, en introducir la perversión subjetiva: si el PSOE hace tal o cual, por ejemplo retirarse de Irak anticipando el cumplimiento de su promesa electoral, el PSOE está devolviendo el ‘favor’ a quien cometió el atentado.��? Se crea incluso un sistema de vasos comunicantes, donde los razonamientos fluyen en una y otra dirección con deslumbrante sencillez: “El proceso en el que estamos no se puede entender sin el 11-M, pero es que, a lo mejor, el 11-M tampoco se puede entender sin el proceso en el que estamos��? (Losantos, 30.5.07, entrevista COPE, 10’20��?). Y sin restricciones, todo vale al servicio de la gran conspiración, ya ocurriera después: “Algunas de las cosas que pasaron contribuyeron a afianzar en todos la tesis islamista. Por ejemplo […], [ZP] nada más salir elegido anunció que se retiraba de Irak […]. Con el señuelo de esas declaraciones nos estaban haciendo entrar, inconscientemente, en la tesis islamista. […] Este tipo de sutiles intoxicaciones, pues se han vivido a todo lo largo de la instrucción del sumario��? (LdP, Conferencia Gran Canaria, 18.12.06). O antes, como “el asesinato de los agentes del CNI en Irak meses antes del 11-M (que probablemente se usó para garantizarse la ‘neutralidad’ del sector del CNI más próximo a las tesis del gobierno del PP)��? (blog, 17.6.07). En resumen, rotas las barreras temporales (y lógicas), sólo un apocalíptico panorama político puede igualarse a su dramático antecedente: “nos preguntamos si el 11-M fue la condición necesaria para poner en marcha la ronda definitiva de disgregación del Estado y de superación de la Constitución que estamos viviendo desde que aquellos trenes fueran volados��? (LdP, 24.6.07). Del Pino no para de hacerse preguntas de este jaez: “¿tendríamos una ETA triunfante si el atentado del 11-M no se hubiera producido?��? (blog, 23.4.07). Pero nadie lo expresa mejor que el micrófono de oro de la COPE: “de ahí viene todo lo demás: la corrupción en La Moncloa, la entrega a la ETA, la liquidación de la política interior y exterior de España, la…prácticamente, la voladura del Estado y el cuarteamiento o descuartizamiento de la nación. Todo viene del 11-M. Todo. Esto conviene recordarlo, de ahí que algunos quieran borrar las huellas del crimen��? (16.5.07, Federico a las 6, 10’50��?).

Así todo cuadra. Así puede uno plantear golpes de Estado, tramas masónicas o lo primero que se le ocurra en el concurso del desvarío. Así se fabrica y conserva el equilibrio cognitivo. Del mental, en cambio, mejor no hablamos…