GAL, 11-M y el fin de España (1)

Permafrost 

Se acaban las sesiones del juicio y, hasta que se dicte sentencia, los fotógrafos de hadas, vendedores de flogisto, remendadores de virgos y demás perillanes de cálamo especioso, verbo sibilino y mente aviesa, seguirán alhajando sus tenderetes en un postrer intento por agotar las últimas existencias de una mercancía que no oculta su hedor ni bajo un manto de ácido bórico. Hoy iniciaré una reflexión sobre las conexiones entre algunas de las hipótesis conspirativas manejadas por los “buscadores de la verdad” y el discurso milenarista de los más conspicuos chamanes polimediáticos de nuestro graderío patrio. Disculpen la profusión de citas, pero algunas iniquidades deben ser cumplidamente documentadas para cuando, a toro pasado, las furias del Averno sólo recuerden haber planteado “dudas” y “discrepancias” legítimas.

Algunas de las formulaciones conspiracionistas sugieren la intervención, en alguna medida, de los propios servicios del Estado en lo que sería, por tanto, un “trabajo interno”. Según Pedro J. Ramírez, “cada vez más indicios apuntan a que el 11-M se gestó en el seno de los aparatos policiales y los servicios del Estado democrático” (EM, 27.8.05). Jiménez Losantos alude a una mafia de “tramas negras que en Policía, Guardia Civil y CNI pudieron impedir el 11-M y no lo hicieron, que son las mismas que están sembrando de pruebas falsas el sumario” (diálogo en LD, 28.6.06).

Al gran enigmólogo, Luis del Pino (LdP), lo que le gusta es perorar sobre “las cloacas del Estado”: “De lo que estamos hablando […] es de si las cloacas del Estado participaron sólo en la colocación de pruebas falsas o tuvieron, también, una participación en la propia masacre” (blog en LD, 31.8.06). “Lo que nos preguntamos desde hace ya muchísimos meses no es si fue ETA, sino si hay alguien tan canalla en las cloacas del estado como para asesinar a 200 personas para cambiar un gobierno. Y cada vez hay más indicios que apuntan a que la respuesta es sí” (blog en LD, 22.5.07). A esto, como se habrá adivinado, puede dársele un nombre más dramático. Veamos el razonamiento: “Nos quedan tres opciones. O fueron servicios secretos extranjeros, o fue ETA, o fueron las cloacas del Estado. […] ¿Servicios secretos extranjeros? Pues, miren ustedes, no, yo, personalmente, no lo creo. […] Lo cual nos deja dos opciones: o fue ETA, o fue algo peor. Durante muchísimo tiempo, pues yo he querido aferrarme a la hipótesis de que fue ETA. […] Lo que pasa es que sí tenemos muchos indicios de que es posible que hubiera ya cosas en marcha preparándose antes de los atentados, lo cual nos aboca a la posibilidad más terrible: que es que sea un golpe de Estado interno” (LdP, Conferencia 14.4.07, Santander). Ahí lo tenemos. “¿Necesita el PP más pruebas de que el 11-M se produjo en España un golpe de Estado destinado a echarles del poder?” (LdP, blog, 2.4.07).

Por supuesto, a esta orgía no podía faltar el divo piafante por excelencia: “¿Y qué parece hoy el 11-M? Pues exactamente lo que dice Trashorras: un golpe de Estado perpetrado desde los Servicios de Inteligencia españoles” (Losantos, EM, 4.9.06). Y aún caben adjetivos: “¿Cómo calificar todo esto? La mente es caprichosa, y se empeña en saltar del 11-M a la Francia gaullista, con Mitterrand hablando de ‘golpe de Estado permanente'” (Girauta, LD, 11.5.07). Observación en la que concurre el maestro: “Vivimos desde el 11-M en una situación de golpe de estado permanente” (LdP, blog, 1.3.07).

Adviértase que en ocasiones hay matices (e incluso contradicciones, pues la mente conspiracionista es creativa pero no demasiado congruente), en el sentido de que no se afirma necesariamente que el actual Gobierno esté detrás, aunque sí por los alrededores. Solo, o en compañía de otros, algo le toca en cualquier caso: “Yo no sé si el atentado en sí fue un golpe de Estado o no. Todavía no lo sabemos. Lo que desde luego fue un golpe de Estado en toda regla fue lo que se hizo después del atentado. Porque crear pruebas falsas […] con el fin de […] obtener un cambio de Gobierno […] es técnicamente un golpe de Estado” (LdP, conferencia 18.12.06, Gran Canaria).  Y, cuando en esta misma conferencia, le preguntan a LdP: “¿Cree usted que la actual ejecutiva del gobierno estuvo al tanto de las pruebas que se iban falsificando?”, su respuesta es la previsible: “Sin la menor duda. Vamos a ver, yo no sé quién puso las bombas del 11-M. Ahora, que la falsificación de pruebas posterior fue hecha por personas de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y de los servicios del Estado, es decir, CNI, próximas al actual gobierno…de eso no cabe ni la más mínima duda.” El Mundo, lógicamente, no se las gasta más suaves en el fondo, aunque tal vez sí en las formas: “La constatación de que personas muy próximas al Partido Socialista estaban controlando a los individuos que terminarían cometiendo el atentado […] es sumamente alarmante”, de modo que “dar carpetazo a la Comisión” del 11-M “sería interpretado como un intento de tapar los vínculos del PSOE con el 11-M” (editorial, 22.3.05).

Y la supuesta existencia de tramas negras golpistas evoca casualmente recuerdos de un cierto pasado, de indudable rentabilidad. Así pues, las malditas siglas surgen de manera más o menos velada o explícita: se trata ahora del GAL 2 (y no precisamente de Benito Pérez). “Lo que aún no sabemos es quién es la X del 11-M, aunque no cabe excluir que también sea de los GAL (sector reconstituido)” (Losantos, diálogo en LD, 21.3.07). “La ETA sigue siendo el primer candidato a actor. Ahora bien, el director del golpe, o por lo menos el codirector, no es etarra, sino el viejo GAL, con nuevas y peores mañas” (Losantos, diálogo en LD, 12.7.06) [Como inciso: ¿Está hablando de una colaboración ETA-GAL? Imaginación no les falta, no]. Este mismo comentarista enumera algunas de las “dudas” que le asaltan a partir de las revelaciones de El Mundo: la “ocultación por parte del PSOE de las pistas del 11-M que llevan a los hombres de los GAL con tanto afán y mayor eficacia que las pistas que llevan a ETA” y la “posibilidad de que RV [Rafael Vera] no realizara sólo tareas de recogida de información para el PSOE sobre la autoría de la masacre sino sobre la creación de pruebas falsas y sobre la confección de una supuesta trama islamista a partir de confidentes moros y asturianos controlados por el felipismo poligálico” (EM, 8.11.06). También el Sr. P.J. Ramírez firma el 27.8.06 una carta dominical de inocente título (“De los GAL al 11-M”): “la pista que tiene todo el sentido rastrear es la relación entre los actuales mandos policiales presuntamente implicados en la manipulación de pruebas que ha infectado desde el principio hasta el final la instrucción del sumario del 11-M y ese pasado bochornoso en el que Vera reinaba como un auténtico Príncipe de las Tinieblas sobre los aparatos de la seguridad del Estado.”

En mi opinión, esta continua referencia a los GAL desempeña un papel nada desdeñable, pues sirve como respuesta inmediata a una de las principales objeciones anticonspirativas: ¿Cómo iban a implicarse en algo así los socialistas? Con los GAL, se acabó el problema dialéctico. Para ilustrar a la perfección esta línea argumental, veamos un par de ejemplos, extraídos de sendos artículos cuya lectura Luis del Pino recomienda de forma expresa (blog, 9.8.06 y 8.5.06, respectivamente). Así, Pío Moa (LD, 8.8.06) afirma que “el PSOE organizó una verdadera marea de corrupción y terrorismo de estado o, más propiamente, de partido en el poder. […] No encuentro por ello ninguna razón moral que impidiera a un sector del PSOE organizar o inducir el atentado [del 11-M].” Y, más explícitamente, Federico Quevedo (El Confidencial, 6.5.06) señala: “Yo tengo la convicción moral de que los atentados del 11 de marzo de 2004 fueron el producto de una conspiración para echar al PP del poder. A quienes me preguntan, y son muchos los que lo hacen, si creo a la izquierda española capaz de semejante barbaridad les contesto, sin dudarlo, que sí. […] [E]s un hecho que hoy algunos de los que en su día mataron, secuestraron y enterraron en cal viva en nombre del Estado campan a sus anchas e, incluso, se les trata como personas respetables. Siempre he creído que quien ha matado una vez en nombre de una determinada e interesada causa política puede volver a hacerlo sin importarle las consecuencias. […] Si lo hicieron una vez, ¿por qué no van a volver a hacerlo?”

En efecto, esa es la cuestión que seguiré exponiendo en un próximo artículo. Si aún les queda paciencia, verán a dónde quiero llegar.