Funcionarios y recortes

Ricardo Parellada

Hace unos días me contaron una de las mejores historias de funcionarios que conozco. La jefa de un departamento de un ayuntamiento importante recibió una nota referida a uno de los empleados a su cargo y contestó que en ese departamento no trabajaba esa persona. Pero sí lo hacía, simplemente no había aparecido por allí en los dos años que ella llevaba dirigiendo a ese grupo.

Por alguna razón, el sujeto en cuestión empezó a pasarse por el trabajo un par de veces por semana, pero no podía aportar mucho, pues en su día aprendió a dibujar planos a rotulador y no se manejaba con los ordenadores. Así que se pasaba fundamentalmente a enredar.

Sin ninguna fe, la jefa le abrió un expediente que, contra todo pronóstico, prosperó, con lo que el individuo se fue a su casa un año sin empleo ni sueldo. Durante ese año tranquilo, llamaron de otro departamento para comunicar que el individuo había cumplido veinticinco años de servicio, por lo que le correspondía la medalla al mérito del trabajo. La jefa contestó que, en su opinión, al estar suspendido de empleo y sueldo la medalla no procedía, pero le dijeron que todo el mundo tiene derecho a ella. Y el sujeto condecorado demandó al ayuntamiento condecorador por la suspensión de empleo y sueldo, ganó el juicio, recuperó el dinero y volvió a pasarse por allí un par de veces por semana el poco tiempo que le quedaba para jubilarse.

Si yo fuera alemán, pensaría: si estas cosas pasan en España, imagínate en Grecia, así que de eurobonos ni hablar. Pero, como no soy alemán, sino lector de DC y Krugman, sé que en tiempos de crisis lo que hay que hacer es aumentar el gasto público y, cuando esto no funciona, como con el Plan E, seguir aumentándolo y reservar la austeridad para la recuperación. A continuación presento una hipótesis y unas preguntas para los economistas amigos.

La hipótesis es que, malgré tout, la Administración española quizá sea eficiente. La idea es que casos como el de arriba son reales, pero muy minoritarios, que la mayoría de los funcionarios cumple dignamente su labor y que los supernumerarios, los funcionarios con altos cargos y responsabilidades, trabajan tanto como cualquier ejecutivo del Ibex cobrando dos o tres veces el salario mínimo de los países del norte, con lo que su trabajo compensa con creces el que no realizan los funcionarios vagos. Si esto fuera así y trabajos y sueldos se compensaran de esta forma, la Administración no solo sería más eficiente que ninguna empresa privada, sino que contribuiría a paliar el mayor de los males de España, el paro, acogiendo en su seno maternal a gente que no quiere trabajar.

Me encantaría saber si ese cálculo puede tener algún sentido económico. Y me encantaría saber si no podríamos aprovechar la austeridad impuesta para hacer de necesidad virtud y, en lugar de congelar el sueldo a todos los funcionarios, echar a los que no trabajan, abrir los juzgados en agosto y las consultas los sábados… Pero entonces perderíamos eficiencia. Si a los funcionarios que más trabajan les pagamos más con el sueldo de los que echamos a la calle, tendríamos una Administración más sana, pero más paro, claro.