¿Fronteras con perspectiva de género?

Betty Puerto Barrera

El día que viví la experiencia exilica comprendí que la humanidad se divide en dos: en “quienes han vivido la guerra y quienes no la han vivido”, como una división fronteriza que pocas personas perciben.

Y para referirnos a las fronteras, es importante reconocer que las mujeres nos enfrentamos desde siempre a fronteras, tanto en lo cotidiano, lo íntimo, como en lo público, lo cultural, lo geográfico, lo político, lo económico, lo transnacional y las fronteras invisibles; así como fronteras del lenguaje, la autonomía, las libertades, en fin, que nos vemos continuamente enfrentadas a fronteras impuestas por el sistema y por el patriarcado. Fronteras que interactúan en multiplicidad de formas y expresiones.

Las Fronteras Invisibles, son aquellas restricciones que ponen el sistema para no permitir la libre circulación de algunas personas y digo algunas, porque no es de todas, de un lugar a otro, de un barrio a otro, de una situación a otra, de un país a otro.

De esto conocemos muy bien las personas que hemos migrado de manera forzada por la guerra. Fronteras invisibles que, si pasas de este lugar al otro lado de la carretera, quizás ya no podrás regresar.

Por aquí conocemos los CIES, estos están insertos en el entramado de lo que las políticas migratorias llaman “fronteras y deportación”, y se basan en la exclusión y el control de personas, a través de la identificación por perfil étnico, racial o de clase; las vallas fronterizas, los vuelos de deportación, la negación de visados, las innumerables trabas para regularizar la residencia, entre otras violaciones a los derechos humanos.

Ahora que se habla tanto de la crisis de los refugiados y que Europa vive una movilidad humana convertida en siniestro social, quiero aprovechar para señalar la realidad del proyecto colonial, que no es para nada ajeno a la realidad, tanto en Siria como en Colombia.

El proyecto colonial, desde siempre ha colonizado los territorios, y las mujeres hemos identificado por lo menos cinco territorios: el geográfico, el económico, el cultural, el de la biodiversidad, el territorio del conocimiento y el territorio del cuerpo y de lo íntimo. En suma, que el proyecto colonial apunta a la esencia de las culturas de los pueblos colonizados, a quienes se les denomina subdesarrollados, tercermundistas y hasta terroristas.

Y quiero señalarlo, porque es una mirada que pocas veces se tiene frente a estas realidades. Hoy la colonización sigue estando presente en esta realidad del sistema mundo-moderno-colonial, expresado en formas de racismo, esto quiere decir que se usan elementos culturales, como sello de inferioridad o superioridad, lo que produce, lo que hemos conocido, como jerarquía colonial racial, de la expansión colonial europea o estadounidense.

Incluso la misma academia, cosifica y pone la mirada no en los sujetos, sino en los “objetos de análisis susceptibles de intervención”. Solo basta mirar la forma como se plantea Europa, las políticas de refugio y asilo; violando el derecho internacional de los derechos humanos, en expresiones como el cierre de fronteras, romper el principio de socorro o el principio de no devolución, el de movilidad, entre otros.

Estas posturas, plantean mecanismos de cosificación y deshumanización que hacen ver a los grupos humanos en migración forzada, como salvajes y como una amenaza a los valores europeos. Por eso cobra más importancia, que se quemen unas fotocopias de las fotos del Rey a que miles de personas mueran en la frontera mediterránea.

Para el caso de Siria, recordar que estos pueblos han sido los mayores aportantes a la civilización y al conocimiento humano, y por justicia y tolerancia histórica, siempre es bueno recordarlo.

Recordar también, que en una gran mayoría los países europeos han generado este conflicto, especialmente por los recursos energéticos para sus industrias. Por allá en 1920 entre otras situaciones, Francia e Inglaterra crearon en esos países, zonas exclusivas y unas fronteras que no corresponden ni a culturas, ni a lenguas, sino que corresponden a intereses petroleros de las multinacionales, y los límites quedaron hechos a la medida de los intereses coloniales. En una intervención colonial de doble promesa, que nunca Inglaterra, ni Francia cumplió. Pero sí existe un rechazo sistemático y xenófobo hacia ese pueblo por parte de la Unión Europea.

Pareciera que la humanidad no aprende de la historia. Hace más o menos 6 años de nuevo interviene Europa y Estados Unidos, lo que ha generado esta crisis humanitaria que hoy conocemos. La Unión Europea no tiene una respuesta, como proyecto histórico a lo que está pasando, tampoco la ha tenido frente a la migración.

Ante esta crisis de la Unión Europea como proyecto político, no hay respuesta política ni humanitaria del conjunto de países que componen la Unión. No hay voluntad política, para entrar a resolver un problema que ellos mismo crearon.

Pero, volviendo en la historia, el éxodo europeo, sí fue bien recibo cuando huía de los desastres producidos en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, cuando fueron por el mundo, huyendo del conflicto. Incluso hoy con las migraciones por causa de la crisis económica, son bien recibidos y bienvenidos en nuestros países de América Latina.

Es muy importante, que el común de la gente tome conciencia, que cada vez que se viola un derecho humano a alguien, se está violando su propio derecho. Con esta postura sobre el refugio, se le van quitando a los mismos europeos sus propias libertades y derechos.

Para hacer referencia a las Fronteras de género, quiero señalar que, así como ha pasado en Siria, un pueblo tan lejano de Colombia, también el proyecto colonizador en territorio colombiano ha generado un sin número de personas en refugio, exilio y migración forzada.

Se estima que hay cerca de 7 millones de colombianos y colombianas dispersos por el mundo, que el país el olvido, como dice García Márquez, los expulsó y en el olvido están; De acuerdo con ACNUR solo hay 392.000 personas con protección internacional. Es decir, solo 392.000 lograron que los países de acogida les reconocieran una tarjeta de asilo.

El refugio es un derecho, de acuerdo con La Convención de Ginebra de 1951 y el Protocolo de Nueva York de 1967. Pero en España, es un derecho vacío de derecho, no existe una respuesta optima y humanitaria para acceder a ese derecho.

Trataré de señalar las principales fronteras que en mi criterio y experiencia veo, y que están directamente relacionadas con el impacto de los intereses geoestratégicos, geopolíticos, geoeconómicos, y geoideológicos, que generan guerras, pobreza, dictaduras y persecución, y que, en estos contextos, las mujeres, los niños y las niñas sufren un impacto desproporcionado.

  1. El crimen de trata de personas con fines de explotación sexual y laboral. Con las múltiples violencias que esto conlleva, y con el agravante de que España es un país consumidor de este mercado-crimen.
  2. Las normativas del refugio, el exilio y las políticas migratorias deficientes, deshumanizada y no unificadas.
  3. La marca colonial, en la mirada eurocéntrica del mercado laboral, en las relaciones sociales, culturales y de aceptación, de que mujeres de otros países “colonizados”, puedan tener capacidades, conocimiento y destreza, para asumir un determinado espacio labora. Las mujeres refugias, exiliadas y migradas podemos estar muy formadas, incluso en universidades europeas, podemos ser buenas para pensar, proponer, tenemos creatividad, innovación; pero nos “falta un céntimo pal euro”, siempre nos falta algo para competir en igualdad de condiciones.

Como dice Eduardo Galeano, cuando se refiere a los nadie, aquellas personas

“Que no son, aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no hacen arte, sino artesanía.

Que no practican cultura, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.

Que no tienen cara, sino brazos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica

Roja de la prensa local.

Los nadie, que cuestan menos que la bala que los mata.

  1. La cuarta frontera que identifico, es el cuerpo, el fenotipo y la colonialidad. Esa interseccionalidad entre raza, clase, género y sexualidad. Frontera profundamente violenta, que vivimos las mujeres en procesos de exilio, refugio y migración, especialmente las mujeres de color, no blancas, víctimas de la colonialidad del sistema capital-poder-patriarcado. Solo por poner un ejemplo suave, mi paso por el aeropuerto de Frankfurt, no es un paso desapercibido, como si lo puede ser el paso de una mujer blanca suiza por el aeropuerto de Frankfurt.
  2. Otra modalidad, son las mujeres escapando de la miseria de un país que no invierte en lo social, sino en la guerra. Escapando de un país tremendamente rico, pero profundamente empobrecido, por el impacto de las empresas extractivas, la guerra y la inversión muy fuerte en el gasto militar.

Este tipo de hechos victimizantes, también se reproducen tanto en origen como en tránsito y destino, en un continuo de violencias que alimentan la xenofobia y ésta a su vez, se alimenta del desconocimiento; el hecho de que se eleven los discursos racistas es un riesgo para la humanidad, pues hace que esos discursos y comportamientos se robustezcan, se cronifiquen y se naturalicen.

Una ruta de trabajo ha de ser, romper progresivamente los comportamiento xenófobos enseñados y aprendidos en transmisión generacional y reforzados por el sistema “mundo-moderno-colonial”; respetar la soberanía de las naciones y los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales; así mismo, concentrar simultáneamente una relación de trabajo transnacional e internacionalista por cambiar las condiciones que obligan a salir; y participar en los espacios de apoyo y solidaridad, fortalecer los movimientos sociales, y ser una más, para transformar las condiciones de violaciones a los derechos humanos, desde el lugar donde vivo, porque mi ser político está presente y los derechos humanos no tienen fronteras.