Francia actúa: ¡Bien por Hollande!

Barañain

 Este lunes – cuando en Argelia se hacía aún balance de víctimas en la planta de gas elegida por el terrorismo de Al Qaeda para su demostración de fuerza o, al menos, de audacia-,  podíamos leer un sencillo, claro y contundente artículo del periodista francés Jean Marie Colombani, ex-director de Le Monde, a propósito de la decisión de Hollande de enviar al ejército francés a frenar a los yihadistas que se han adueñado del norte de Malí (“Condenados a estar en primera línea” – El País 21/01/13). 

http://internacional.elpais.com/internacional/2013/01/20/actualidad/1358691284_172146.html

 Colombani apunta lo paradójico de la situación: “Nos encontramos ante un escenario diplomático casi inédito, pues Francia ha recibido la aprobación de casi todos los Estados miembros de la ONU —incluidos Rusia y China— y, sin embargo, solo sus soldados están sobre el terreno”. El espectáculo dado por los gobiernos europeos –y el español, del que cabría haber esperado una solidaridad más efectiva con Francia-, ha sido tan bochornoso como poco sorprendente a estas alturas de la película. De momento, parece que Europa se limitará al consabido apoyo financiero (en lo que es experta) y, en algún caso, logístico. En el caso de España, nuestro gobierno ha precisado que, además, Francia tiene su “apoyo moral”, lo que sin duda habrá sido  recibido con alivio tanto en París como  en Bamako. Pero por más que los Cameron, Merkel, Rajoy, Ashton y compañía  se pongan de perfil, lo cierto es que Francia no sólo actúa por cuenta de los países africanos afectados,  sino que “también lo hace en defensa de una Unión Europea directamente concernida por la amenaza yihadista”.

 ¿Y qué decir de Obama, cuya embajadora en la ONU no dudó en calificar, literalmente, de “plan de mierda” el que trataba de poner en marcha Hollande en Diciembre (luego, el acelerón de los yihadistas ha provocado la intervención militar directa)? La franqueza de Colombani  es muy de agradecer: “…Pocas veces hemos tenido que tratar con una diplomacia norteamericana tan débil, tan ajena a nuestros intereses estratégicos, cautiva de su alianza estratégica con los Hermanos Musulmanes en Egipto y, seguramente, no solo allí. De hecho, de Egipto es de donde han llegado las escasas protestas contra la intervención francesa.”

 En ese contexto de gélida “solidaridad” era previsible que en una Francia educada – como el resto de Europa -, en la desconfianza hacia el intervencionismo militar occidental y en la irresponsable ingenuidad respecto al islamismo, surgieran enseguida las primeras dudas,  pese a la temprana unidad nacional que respaldó la decisión del presidente francés; dudas alimentadas sobre todo desde el populismo y la izquierda averiada: “¿Es necesario?” “¿Es razonable ir solos?”.

 Para Colombani la  respuesta a ambas preguntas es sí y tiene toda la razón, al igual que cuando resume qué es lo que está en juego: la posibilidad muy real de que,  al igual que Bin Laden consiguiera en Afganistán, los yihadistas se hicieran, previa liquidación del estado de Malí, con una “sólida base de retaguardia para preparar otras acciones y conquistas”. No comparto sin embargo –ahí me parece escasamente autocrítico-, su apreciación de que “todo el mundo ha subestimado sistemáticamente la implantación de los yihadistas en el norte de Malí y el Sahel, a menudo reducida a las dimensiones de una amplia red de contrabandos varios que, a fin de cuentas, era posible controlar mediante el dinero”. No, todo el mundo no; otra cosa es que las advertencias que se venían formulando –desde hace años-, fueran sistemáticamente despreciadas en Europa como si fueran obsesiones neocon o invención de algunos gobiernos del Magreb.

 ( Paréntesis obligado: en otro artículo sobre esta crisis aparecido en domingo en El País -“Un desierto para la ley” de Abdalla Ould Mohamedi -, se relataba, como quien no quiere la cosa, el papel jugado en el inicio de la degradación del norte de Malí por unos viejos conocidos de España que disponen de bula en nuestro país: “Las redes de contrabando y del crimen organizado … transformaron la zona en un mercado abierto en el que conviven los cárteles del crimen. Empezaron los comerciantes saharauis de los campos del Polisario instalados en el sur de Argelia, que, en la década de 1980, se establecieron allí para vender el excedente [versión piadosa] de la ayuda humanitaria obtenida en algunos países europeos…”. Pero de esas cosas no se quiere hablar en España pues Marruecos  es el “moro” oficial que debe ser despreciado y por supuesto son tabú el Polisario y su  Republica Arabe Subvencionada del Desierto -que a eso deben corresponder las siglas RASD-, de ahí que se corriera también un tupido velo sobre las informaciones que daban cuenta del apoyo de mercenarios polisarios a la familia demente de Gadafi en plena “primavera árabe”. Fin del paréntesis).

 Los complejos europeos al respecto se notan, ahora mismo, cuando se describe el episodio de asalto a la planta gasística argelina como una “respuesta” a la intervención francesa en Malí. Por un lado se reconoce la evidencia de que  tal ataque vino de Libia y requirió una larga preparación que hace absolutamente imposible su vinculación con el desembarco francés en Malí. Pero, por otro, no dejará de insinuarse que lo de Argelia ha sido efectivamente “una reacción”. Un ejemplo: este fin de semana, en un largo  reportaje sobre  “el resurgir de la hidra terrorista”, el corresponsal en Argel de El País no dudaba en lanzar esa insinuación y advertir del desencadenamiento de un nuevo conflicto explosivo (esto, como lo del trillado “riesgo de incendiar el mundo árabe y musulmán” tiene siempre un éxito de audiencia garantizado):Con su ofensiva para parar a Al Qaeda y sus secuaces en Malí, Francia ha impedido que tomen Bamako, una capital en el corazón de África, pero ha pisado un avispero. La onda expansiva de su intervención militar ya ha llegado a Argelia (…)”. Eso sí, más adelante al explicar el ataque a la planta de gas reconocer que “difícilmente una operación de esta envergadura se planifica en una semana por mucho que el que la ordenó… diga que es una respuesta a la “agresión” francesa”. (¿Ustedes lo entienden? ¿Sí, pero no; no, pero sí? ¿”Como les digo una cosa, les digo la otra”?) 

 Esa inconsistencia no deja de tener su encanto; y hay que reconocer que es más benigna que la tentación –de apariencia paranoide-,  de adivinar conspiraciones y estrategias neocolonialistas del voraz Occidente. No me extrañaría nada que a estas alturas la blogosfera esté ya saturada por una legión de expertos y voluntariosos “solidarios” estudiando y difundiendo al mundo la producción de minerales  que se esconde en el subsuelo de Malí (y si en el paupérrimo Malí no se encuentra algo que parezca un “botín” de suficiente entidad como para “explicar la agresión francesa”, no importa, se ampliará el radio de observación hasta Níger o donde haga falta, qué más da).

 Otra tentación irresistible es la de advertir de los riesgos horribles de actuar, mientras se pontifica sobre lo profundo de las causas de los conflictos que son siempre, por supuesto, complejos, muy complejos. Y, claro, “el problema no está en saber cómo empiezan las guerras, sino cómo acaban. La toma de rehenes en Argelia es la última de una serie casi infinita de consecuencias nefastas de conflictos mal cerrados” (“Como acaban las guerras” Guillermo Altares El País 21/01/13): observación tan luminosa como estéril. “Se sabe como empieza pero no como se acaba”, “una cosa es entrar en un país y otra salir”, etc…son típicas advertencias que bajo su aparente prudencia  suelen esconder el deseo -y la comodidad-, de no asumir riesgo alguno.  La tentación siempre presente de la política de apaciguamiento, contemporizadora con los abusones.

 No se resuelve nada por el hecho de formular ese tipo de admoniciones. Salvo que a continuación se nos explique cual es la manera adecuada de acabar o cerrar los conflictos,  algo que siempre nos quedamos sin saber. O salvo que, asumiendo todas las consecuencias, se opte por no afrontar los conflictos (y, en su caso, “no empezar las guerras”,  opción que no siempre está disponible). Por supuesto, los profetas   tampoco suelen atreverse a tanto. En cualquier caso, la inacción frente al terrorismo islamista es la alternativa peor. ¡Bien por Hollande!