Finiquito político de Rajoy

Mimo Titos

Era difícil elegir un título. A mitad del debate se me ocurió “Rajoy besó la lona”. Cuando Zapatero se dirigió a la cámara directamente, pensé en “Apoyo contra el terrorismo sin condiciones”. Pero cuando inexplicablemente Rajoy se metió en el charco de Irak, me suscitó “Exclusiva mundial: Zapatero apoyó la guerra de Irak”. Y cuando dudaba si rotular con las contradicciones sobre el 11-M apareció Calleja en “59 segundos” y mandó a parar: finiquito político de Rajoy. Knock Out.

Así lo refrendan las encuestas. He sostenido aquí muchas veces que el pueblo español no se ha equivocado nunca a la hora de elegir gobernante. Y esta vez tampoco se equivocará. Zapatero se había afeitado mal el bigote y la chaqueta le quedaba manifiestamente pequeña. Empezó y continúo refiriéndose a un libro blanco que se había traído de no se sabe donde y que resultaba poco convincente. Tampoco explotó su sonrisa al máximo e hizo poco caso a sus asesores sobre cómo posar ante los fotógrafos antes del debate.

En cambio Rajoy escuchó a los suyos, utilizó bien sus manos en los posados pre-debate y se abrochó la chaqueta enderezándose la corbata roja de la suerte. ¡Anda que si no llega a llevarla! Porque tanto en la forma como en el fondo los sondeos indican que Zapatero no ganó a los puntos como en el partido de ida sino que tumbó al aspirante varias veces, por mucho que se levantara con mérito para irremisiblemente volver a besar la lona de nuevo al poco tiempo.

Zapatero se permitió el lujo de despedirse hablando de firmeza, de igualdad de oportunidades, de confianza frente al pesimismo, agradeciendo el apoyo de los que le votaron, aludiendo al cambio climático, a la Paz como criterio rector de la política exterior, a la legalidad internacional, a una España unida pero diversa, y prometiendo que gobernará con firmeza pero con sensibilidad, y consolidando los logros pero corrigiendo los errores, para a continuación insistir en el “Buenas noches y buena suerte” que a tantos nos había sorprendido en el partido de ida pero que, en parte gracias a la sonrisa con la que lo encapsuló, consiguió cautivarnos a muchos en el partido de vuelta.

Y el pobre hombre, en cambio, se lanzó a un alegato final acelerado, tratando de tocar todos los palos sin conseguir que nadie recuerde nada excepto su referencia repetida a su niña, que a decir suyo está en su cabeza y lleva en su corazón, esa niña en la que piensa y que mueve sus sentimientos. Referencia más que meritoria con todo lo que le ha caído al respecto de la niña, sostenella y no enmendalla. Pero que no le va a dar un solo voto que no tuviera ya en el zurrón.

No sé si Zapatero habrá ganado votos gracias a los debates pero es seguro que Rajoy no. A lo sumo habrá convencido a los votantes que ya tenía ganados, aunque me temo que muchos de los que le votarán lo harán a disgusto de quién es el candidato que representa su opción ideológica.En cambio, Zapatero consiguió anoche un equilibrio más que decente entre la defensa razonada de su acción de gobierno, la respuesta a las acusaciones infundadas y las propuestas ilusionantes de futuro. Como dijo Jauregui en La Sexta, ofendía a la decencia escuchar a Rajoy decir que la razón de que no hubiera hablado de la subida de los precios hasta diciembre del año pasado era porque hasta entonces todo iba bien gracias a la inercia del PP. Fue todavía más inverosímil contemplar cómo Rajoy se embarraba a propósito de la guerra de Irak, provocando que Zapatero mostrara abiertamente su sorpresa sobre los consejos que había recibido Mariano (Arístegui y Moragas, estáis acabados). Para qué seguir pormenorizando sobre un debate que en realidad fue simplemente un buen reflejo de lo que ha sido toda la Legislatura: medidas de Gobierno mejorables frente a obcecaciones tremendistas de la oposición popular. Pero no puedo por menos que subrayar que a la hora de cerrar el debate de economía, el pobre Rajoy cayó preso del tono parlamentario del Debate del Estado de la Nación recomendándole al Presidente del Gobierno que tenía que hacer cuatro cosas. No recuerdo cuáles eran pero sí que el aspirante tenía eximia fe en poderlas aplicar él mismo. Como esta mañana cuando el Presidente de los empresarios le advertía a Solbes que el 10-M se le acercaría para negociar un nuevo acuerdo social, dando por sentada la victorial electoral.Por lo demás, me encantó Olga Viza, absolutamente ausente excepto para suscitar espontaneidad o limitar las interrupciones. En cambio, suspenso a la Academia de Televisión, que no fue capaz de rectificar en tiempo real la iluminación que impedía apreciar los gráficos expuestos por los debatientes.

Qué más da. Diez por ciento en intención directa de voto, al menos cinco por ciento en estimación de voto y pase a la final del Candidato Zapatero, cuyo único reto pendiente es doblegar la abstención del electorado de izquierda exigentte que, según todos los indicios (audiencias de los debates, incremento del voto por correo), es otra batalla ya ganada.

Buenas noches y buena suerte para el que el que la necesite, porque a Zapatero le vale con sus méritos en el Gobierno y sus propuestas de futuro.