Fin del continente perdido

Magallanes

El gobierno australiano ha impedido que China compre una parte de la  empresa minera de origen inglés, Río Tinto, actualmente australiana. Al igual que ha pasado en otros países, han primado consideraciones de soberanía nacional. Pero me ha llamado más la atención por ser un país tan reservadamente anglosajón, tan ligado a la cultura inglesa y exportador de estrellas de cine a Hollywood. Tiene que ser un shock terrible ver que ese mundo de chinos puede comprarte  y hay que impedirlo. Se trata de un continente de tamaño mayor que India e Indonesia juntas y solamente poblado por 21 millones de habitantes.

 

Pero no solo el capital chino quiere invadir Australia. Desde hace unas décadas, pateras con indonesios pretenden  arribar a sus costas. Hasta el año pasado los extranjeros que conseguían entrar sin visado, incluídos los menores de edad, eran internados en campos de concentración donde esperaban meses o años hasta que se decidiera su suerte. Los más afortunados eran dotados de un visado de “protección especial” que les confería la posibilidad de algunos tipos de empleo y tenían que esperar 3 años para finalmente poder ser aceptados. Las condiciones en los campos de concentración daban lugar a revueltas y huelgas de hambre, por lo que muchos grupos religiosos y de derechos humanos  protestaban.

 

Cuando el conservador John Howard se presentó a las elecciones en 2001, el punto principal de su campaña electoral era precisamente mantener la dureza e inflexibilidad con los inmigrantes ilegales, afirmando que darles un trato más humanitario supondría la invasión sin límite de pateristas  que diluirían totalmente su cultura anglosajona. Ganó las elecciones ampliamente poniendo de relieve la preocupación cultural, por no decir racista, de los australianos. Sin embargo, en los años siguientes arreciaron las críticas internacionales a la forma inhumana de tratar  a los pateristas.

 

Hace dos años, Howard fue derrotado electoralmente por el partido de centro-izquierda de Kevin Rudd, que mejoró las condiciones de los campos y el tiempo de detención y convirtió en visados permanentes a los mencionados de protección especial. Las Naciones Unidas felicitaron al gobierno australiano y la derecha  tragó con todo ello. Pero recientemente ha aumentado fuertemente el flujo de pateras que llegan a sus costas y ha vuelto a surgir la preocupación nacional por el tema. Además, en vez de pensar que es el hambre la causante, se considera que ha sido la mejoría del trato a los ilegales lo que ha provocado su aumento.

 

Las encuestas de opinión han dado como resultado un empate entre los detractores del buen trato y los que defienden que no es el buen trato lo que ha empujado al aumento del flujo migratorio. Ello demuestra que en cierto modo la población australiana está aceptando que ya no son un continente que puede evitar codearse con la miseria de otros continentes.

 

La abismal división del globo entre la zona desarrollada, auténtica fortaleza, y la periferia subdesarrollada con miles de desplazados que mueren por el camino o acaban  recluidos, es el principal signo de nuestro tiempo. En  todos los países desarrollados la principal división entre derecha e izquierda está en cómo hacer frente a esta ola migratoria, cómo educarles, cómo evitar que les exploten miserablemente, cómo evitar que las colas por la atención  hospitalaria y por puestos escolares arrastren  a los nacidos con todos los derechos hacia los postulados de la derecha.