¿Fin de trayecto?

 Jon Salaberría

Lo que comenzó como una fiesta de reparto de llaves de viviendas, pasó en horas a un desacuerdo en las formas y el procedimiento, a una falta de coordinación entre socios, a un reto entre los mismos, y finalizó directamente con la convocatoria de un maratoniano Comité de Enlace y una crisis con amago de ruptura, la más grave desde la firma, en la primavera de 2012, del Acuerdo por Andalucía entre PSOE de Andalucía e Izquierda Unida-Los Verdes-Convocatoria por Andalucía para regir desde el gobierno de la Junta los destinos de la Comunidad. La verdad es que desde las 14:00 horas del pasado viernes día 11, hasta las 1:30 horas ya del Sábado de Pasión, la tierra de María Santísima tuvo en suspenso el acuerdo que rige su presente político tras la decisión, en ese sentido, adoptada por la dirección andaluza de la coalición liderada por Cayo Lara a nivel estatal y a nivel andaluz por el recién elegido Antonio Maíllo. Durante esas largas horas, el terremoto político provocado por la decisión de la Consejería de Fomento de realojar en viviendas titularidad de la misma a las familias desalojadas de la denominada Corrala Utopía, y la posterior desautorización de Presidencia, estuvo a punto de culminar con el fin abrupto de la coalición en la que se han mirado, como modelo a imitar, buena parte de las gentes del espectro progresista de este país, mayoritariamente regido en sus más importantes instancias por el Partido Popular. Horas en las que, para qué negarlo, a la súbita inestabilidad se sumó el fin del encanto  y la casi certeza de que, como indicaba pocas horas después Concha Caballero, se demostraba la objetiva dificultad que sigue existiendo para que las fuerzas de la izquierda política se pongan de acuerdo.

El detonante es, en mi opinión, y con el máximo respeto a los derechos, las pretensiones legítimas y las esperanzas vitales de las personas y familias implicadas, un asunto menor: durante el desarrollo de estos casi dos años de cogobierno, se han presentado dificultades aún mayores dentro del marco de relaciones entre las fuerzas que integran la coalición gobernante. Se ha tenido que lidiar con un sistema de financiación que perjudica notablemente las posibilidades de desarrollo de la Comunidad y que ha ido, año a año, maltratando los esfuerzos, realmente ejemplares, de control y equilibrio presupuestario de los ejecutivos de Pepe Griñán y de Susana Díaz. Se han negociado presupuestos anuales bajo una gran presión y la asunción de sacrificios en materias tan delicadas y tan identitarias para la izquierda como la sanidad y la educación sin necesidad de convocar de urgencia un Comité de Enlace y sin que la sombra, no ya de la ruptura, sino del más inofensivo distanciamiento de posturas se haya asomado al primer plano de la actualidad. ¿Qué ha ocurrido, pues? ¿Algo se nos ha escapado?

Pese a tratarse de un asunto menor, al realojo de la Corrala trasciende un deseo protagónico de una parte de la coalición de gobierno, IUCA, que ha coincidido con un momento demoscópico muy concreto: la cercanía de las Elecciones Europeas de finales de mayo, que la formación de Cayo Lara plantea como definitivo punto de inflexión en el liderato de la izquierda, y al que se acercan con una perspectivas óptimas. Es en estas condiciones cuando el sueño del sorpasso, que inevitablemente lleva aparejado el concepto, muy anguitiano, de las dos orillas, se hace presente. Reforzarlo requiere de gestos que tienen más de espectacular que de responsable, y éste es precisamente y en mi modesta opinión el contexto de los sucesos del Viernes de Dolores de 2014. Reforzar la diferencia significa poner en cuestión un  perfil de gestión, esto es, un perfil de fuerza de gobierno, que Izquierda Unida se había ganado con todo merecimiento en estos casi dos años de inédito experimento. La consecuencia inmediata sólo podía ser la que vino a continuación: la firma del Decreto de la Presidenta, 1/2014, del pasado viernes, traspasando las competencias en adjudicación de vivienda a la Consejería de Hacienda y Administración Pública, con la reforma consiguiente del Reglamento de Vivienda Protegida de Andalucía, era el golpe de autoridad inevitable por parte de una Susana Díaz que, de no haberlo hecho, hubiese quedado totalmente desautorizada en su rol. La dirección política de un gobierno, del que abdicar es una irresponsabilidad.

Mi sensación es que había algo de ficción política en las tensas horas de la suspensión del acuerdo. La enérgica decisión de IU de proceder en ese sentido no se tiene realmente en pie si la misma no viene acompañada de la correlativa decisión de dimitir por parte de los consejeros de la formación de Lara. La enérgica decisión de la Presidenta de reubicar las competencias de adjudicación de vivienda se convierte en más laxa si al envite de los eco-comunistas andaluces (suspensión del pacto) no se responde con ceses. Creo que el núcleo más duro de la IU con responsabilidad de gobierno no pensó en ningún momento en la posibilidad real de la ruptura. Un Diego Valderas consciente de lo negativo que sería, de nuevo, para IU la estrategia de echarse al monte con la inevitable compañía práctica de un Partido Popular que quiere pescar en río revuelto (escarmentado ya de la experiencia de mitad de los noventa), y un Rafael Rodríguez, muy implicado en la gestión de Turismo, uno de los motores (hoy y siempre) de la economía andaluza. Posiblemente, la Presidenta tampoco pensó en la inevitabilidad de la ruptura, al menos por ahora.

La firma en plena madrugada del sábado, del Decreto de la Presidenta 2/2014 que ponía fin (momentáneo) a la crisis con devolución de las competencias en cuestión a la Consejería de Elena Cortés, ha sido interpretado por las partes de la forma más interesada. Como se dice popularmente, arrimando el ascua a su sardina. Izquierda Unida lo plantea como victoria política y acreditación de la legalidad de las actuaciones de realojo de la Corrala. Lo cierto es que de las dos docenas de realojados iniciales, finalmente han sido ocho las familias que se han beneficiado de las medidas de realojo, y han sido, precisamente, aquellas que han acreditado una situación de riesgo de exclusión ante los servicios sociales comunitarios del Ayuntamiento de Sevilla, tal y como exigía la Presidencia, refractaria a que una lectura sesgada del auto judicial que días antes les desalojaba de las viviendas propiedad de Ibercaja llevara a dar preferencia a dichas familias sobre las muchas más que están en lista de espera en Sevilla y cuya situación está perfectamente auditada por los citados servicios sociales comunitarios. Como decía Susana Díaz, no tiene más derechos quien más grita. Si bien IU haría (y de hecho hace) mal en tratar de vender una victoria política, mal haría igualmente el Partido Socialista en sobrevalorar el gesto de autoridad de la Presidenta, que durante unas horas debió, seguramente, ser consciente de que el acuerdo con IU, pese a lo que muchos/as pensábamos, no supone una consolidada estabilidad parlamentaria. En resumidas cuentas, como nos dice Concha Caballero, “si el PSOE cree que ha ganado prestigio y autoridad e IU apoyo social, están muy equivocados”. Ciertamente, si hay algún actor político que ha contemplado con fruición estos acontecimientos ha sido el Partido Popular sevillano, personalizado en un Juan Ignacio Zoido cuya deslealtad institucional, torpedeando cualquier solución pactada usando el amplio parque de vivienda pública de su corporación dependiente, dificultó una solución rápida y pacífica. Una solución  beneficiosa para los interesados. Como más a largo plazo contempla la crisis y sus consecuencias con alborozo el Partido Popular andaluz, que comienza a ser consciente de que ya no le será del todo imposible acceder al gobierno de la Comunidad (con una imprescindible mayoría absoluta), sino que la hipótesis extremeña queda más cerca gracias a la posibilidad de que el romance PSOE-IU se vuelva desafecto. No fue así, sin embargo, en aquellas horas y pensando sólo en el corto plazo: Moreno Bonilla llegó a ofrecer a la Presidenta apoyo parlamentario en caso de ruptura, conocedor de que un adelanto electoral coge a su nuevo equipo en plena construcción de un liderato para el que necesita, debido a sus carencias germinales, un plazo de tiempo razonable.

El acuerdo final para la continuidad del modelo de gobernabilidad PSOE-IU está cogido con alfileres. Crece la consciencia en un porcentaje cada vez más amplio de las bases de IU en Andalucía de que no es posible su continuación. Las redes sociales, desde la tarde del jueves, están inflamadas por una hostilidad hacia todo lo que huela a socialdemocracia por parte de seguidores, militantes y simpatizantes que recuerda los peores momentos de la pinza andaluza y del anguitismo. No son pocos los dirigentes que alientan ese sentimiento, como el propio ex coordinador de IU Federal o el mediático diputado por Málaga Alberto Garzón. Gentes todavía alérgicas a la idea de que IU, de mayor, sea un partido de gobierno estricto sensu, lo que implica moderación, posibilismo, reflexión, sentido de Estado y huida de cualquier tentación populista, demagógica y teatral. La presión de las numerosas candidaturas, colectivos y plataformas organizadas en el ámbito de la izquierda alternativa, en búsqueda de espacio electoral propio, ayudan a una radicalización del discurso y las actuaciones. Por supuesto, junto a los tradicionales prejuicios respecto del espacio propio y la metodología del socialismo democrático. Dos orillas, otra vez.

En el ámbito del Partido Socialista, el episodio ha servido para dar la razón a quienes opinan que, sin perjuicio de que el diálogo deba estar siempre abierto, la organización debe recuperar la vocación de partido de mayorías.   

Debe recuperar y reforzar un perfil socialdemócrata genuino, el del gran partido de las reformas, del avance social y del desarrollo que cambió el aspecto del país desde 1982 hasta 1992 y que gobierna para todo y todas. Si en el ámbito de IU prospera en las últimas jornadas el afán de expedir certificados de izquierda auténtica y una insoportable pretensión de superioridad moral, en las filas socialistas comienza paralelamente a resurgir cierto sentimiento de orgullo reivindicativo de la identidad, trayectoria y logros de la organización. Y comienzan a comprenderse los recelos que la exportación del modelo andaluz al resto del Estado despierta en amplios sectores del Partido.

Tengo la sensación de que sólo un derroche de autoridad y de convicción dentro de sus filas por parte del sector que representa el vicepresidente Diego Valderas, sustrayéndose a las presiones internas, puede dar cierta vida al acuerdo. De lo contrario, el horizonte electoral se abrirá paso. Hagan sus apuestas. Otoño…

 Posdata: Hay más Corralas, pero no en el lugar ni en el momento político adecuado. Aunque el protagonista político competente sea también Izquierda Unida. Como dice Granada Hoy, no fracturaron el Gobierno. 

http://www.granadahoy.com/article/granada/1750816/las/otras/corralas/utopia/no/fracturaron/gobierno/andaluz.html