Fin de campaña

Millán Gómez 

La campaña electoral ha terminado. El testigo pasa ahora al pueblo, quien tendrá la responsabilidad de elegir a los representantes políticos españoles en el Parlamento Europeo. Hemos asistido a una campaña con un aceptable eco mediático aunque según todos los expertos la abstención será la gran protagonista. Ha sido una campaña agria y caracterizada por el duro debate entre los candidatos del PP y los del PSOE. La distancia entre ambos es innegable y más si el PP elige como candidato a un político anclado en las catacumbas y alérgico a las libertades.

A pesar de que apenas hemos escuchado a los diferentes partidos hablar de propuestas, los electores sí saben lo que defienden cada uno. Los planteamientos de cada uno están meridianamente claros y no podemos decir que haya un sector importante de electores que vayan a votar por una iniciativa novedosa con respecto a promesas ya anunciadas con anterioridad.

 

Tanto el PP como el PSOE se juegan bastante en las elecciones europeas pero tampoco es una cita clave para ellos. La presumible alta abstención provocará que las reflexiones posteriores al escrutinio final deberán ser realizadas con cierta altura de miras y relativizando los datos. Sería un error extrapolar los resultados de unas elecciones europeas a unas generales porque lo que se vota es diferente y, sobre todo, porque la participación es mucho más alta cuando lo que se elige es el presidente del Gobierno. Si los partidos leen en clave nacional lo que dictaminen las urnas estarán cometiendo una irresponsabilidad. Cada una de las elecciones es una cita totalmente diferente a la anterior y tampoco tiene relación directa con la inmediatamente siguiente.

  

De todos modos, podremos pulsar la fuerza actual de cada uno de los partidos. Estaremos especialmente atentos a cómo le afecta al ejecutivo socialista la crisis económica y qué fuerza tiene el PP como alternativa de gobierno. El descenso del paro por vez primera después de catorce meses consecutivos de crecimiento del desempleo llega como agua de mayo para el PSOE que ya tiene fundadas esperanzas de que nos encontremos ante el principio del fin de la crisis. El PP ha reaccionado sin el mínimo atisbo de alegría porque 24.741 personas, cada uno con sus penurias e ilusiones, hayan encontrado trabajo. No hemos presenciado ningún tipo de empatía por parte de los dirigentes del PP y eso, quieran o no, la ciudadanía lo tiene en cuenta. Capítulo aparte merece el portavoz económico de los populares, Cristóbal Montoro, que siempre que puede saca de paseo el fantasma de los “cinco millones de parados”. Como agorero no tiene precio. 

 

También ha sido una campaña totalmente bipartidista donde otros partidos como Izquierda Unida (IU) apenas han tenido cobertura. Para IU son unas elecciones atractivas porque son conscientes de que la circunscripción conjunta para toda España puede incentivar a que algunos votantes que en otras citas electorales prefieren votar a otro partido por el denominado como “voto útil” sí opten en esta ocasión por su papeleta. Se ha echado en falta una mayor implicación por parte de sus dirigentes y más al ser las primeras tras el nombramiento de Cayo Lara como Coordinador General.

  

Las diferentes coaliciones nacionalistas tampoco han enseñado la patita como si la cosa no fuera con ellos. De lo poco destacado que hemos leído durante esta campaña por parte de las fuerzas minoritarias han sido unas declaraciones de Ramón Tremosa, cabeza de lista de CiU, en una entrevista en el diario “Público” donde afirmaba que a Catalunya le ha ido mejor “cuando CiU estaba en la Generalitat y el PP en la Moncloa”. Toda una declaración de intenciones de cara a las autonómicas catalanas de 2010. Es triste que lo más relevante que hayas escuchando de un político no tenga relación directa con lo que realmente debería ser importante en este momento, las elecciones europeas de este domingo.

  

Existen muchas maneras de expresar hastío con la clase política pero la mejor forma no es absteniéndose. Muchas generaciones anteriores no han podido disfrutar durante años o incluso durante toda su vida del derecho al voto. Votar es el mayor privilegio que tiene un ciudadano y el modo más importante de decidir el futuro de la sociedad que te ha tocado vivir. Si no votas, tus críticas posteriores no tendrán tanta legitimidad.  

 

España se ha modernizado y ha mejorado desde su integración en la Unión Europea. Es un proyecto común y, sobre todo, moderno que implica derribar fronteras entre nosotros y cooperar, concepto este último básico en toda buena gestión política. Cuestiones como la agricultura, la pesca y un nuevo modelo productivo común están en juego mañana domingo. Hay que mirar la botella siempre medio llena. ¿Por qué no pensar que si mañana hay una fuerte participación eso supondría una mayor implicación de los partidos políticos hacia Europa y se la tomarían de otra manera? Podemos darles una lección. Porque, visto lo visto, los políticos no se han sentido aludidos ante la falta de interés hacia estas elecciones y no lo han interiorizado, como así debería ser, como un castigo hacia ellos. Es más, se han contagiado y parece que ni les va ni les viene.