Feria en la Periferia

Julio Embid

Doce y media de la noche en la feria, sonando a todo trapo el Gangnam Style y la estruendosa voz de los vendedores de las tómbolas. En una caseta rodeada de luces y ruido, junto a un cartel de “5 fichas 3 euros, 10 fichas 5 euros” para entrar al Castillo Hinchable, una mujer se levanta la camiseta para darle el pecho a su hijo en brazos de unos pocos meses. Conciliación de la vida familiar y laboral.

Una muchacha de quince o dieciséis años carga un peluche de Piolín de tamaño gigantesco que su noviete ha conseguido tirando los seis botes en tres intentos o clavando los tres dardos en tres globos pegados a un corcho. Tanto da, se les ve felices y eso es lo importante. Una pequeña muestra de amor que cogerá mierda en la bandeja de algún coche con colores chillones.

En la caseta de al lado, dos latinoamericanos se esfuerzan en limpiar con vinagre la plancha donde hasta hace un momento, se han cocinado todas las variantes del cerdo: lomo, panceta, morcilla, chorizo y longaniza junto a las freidoras donde han flotado calamares rebozados, gallinejas, entresijos y patatas fritas. El hedor es difícilmente soportable, pero lo importante es el sabor y la alta concentración energética. Alta cocina.

En el escenario el de la discomóvil se esfuerza por mantener entretenido al público. De vez en cuando habla por el micro, pero intenta mezclar todos los géneros musicales, desde Marisol y Rocío Dúrcal, hasta Camela y La Húngara, pasando por Cali y el Yankee, Héroes del Silencio y Rosendo. Cualquier mp3 cabe en su repertorio y la gente se lo agradece. Calidad Musical.

Una pareja de policías municipales discute con un vecino que acaba de aparcar su vehículo junto a la feria, porque ha osado hacerlo en las plazas reservadas a la autoridad local y no ha dado mil vueltas como todo el mundo. “No nos toques los cojones que llevamos toda la tarde aquí”, ha sido su argumentación principal. Profesionalidad ante todo.

El acento y el vocabulario de los presentes no es el mismo que el de los que vive en el centro de la ciudad. La /s/ o /z/ postvocálica suena siempre como [x] (el sonido del fonema /j/) delante de /k/ o /g/, llegándose a veces a fusionar los sonidos. Así, rosca suena como [roxka], rojca, o es que [éxke], ejque. La aspiración de la /s/ es casi universal, dándose hasta en plurales. El laísmo y el dequeísmo son generalizados. Ejemplo: Ójcar la dijo de que se fuera a casa con el Ejkoda y fue a pedirse un whijkito bien frejquito.

La sociedad civil de este barrio de clase obrera de la periferia sur de la Villa y Corte se ve representada en la veintena de casetas que forman el ferial frente al escenario. Tienen caseta propia las distintas instituciones del barrio. Es decir, las Casas Regionales (Extremadura, Castilla La Mancha y Castilla y León), las Asociaciones de Vecinos, las asociaciones culturales y los cuatro Partidos Políticos con representación municipal. Dos de estas últimas son gestionadas por los propios afiliados que lo mismo fríen un cubata que ponen una panceta. Las otras dos, son subarrendadas a un par de bares, que pagan al partido una cuota fija y a cambio gestionan la caseta, manteniendo las banderolas correspondientes en la entrada de la misma. ¿Adivinan cuáles son?