¿Feliz año?

LBNL

Ojalá pero está la cosa mu chunga. El tradicional discurso del Rey en Nochebuena fue el menos visto de los últimos quince años. Yo siempre lo veo y este año no lo hice. Por lo visto no fui el único. Normal. ¿Qué más da lo que diga si la cosa va a seguir igual? Vi el principio y he leído algunos titulares. Está bien eso de declarar que la crisis no acabará hasta que el paro disminuya a niveles razonables y también lo de pedir a las principales fuerzas políticas que colaboren para sacar al país de la crisis, o lo que dijo, que no recuerdo bien, a propósito de la crisis soberanista catalana, sobre que en España cabemos todos y nos va mejor cuando remamos juntos.

Pero no tengo –y al parecer la mayoría tampoco- ninguna esperanza de que los líderes políticos vayan a plantearse en serio un pacto nacional de regeneración institucional, económica y social, como la gravedad de la situación merece. O de que Mas y los soberanistas catalanes, de una parte, y Rajoy con sus mayorías absolutas central y autonómicas, vayan a propiciar una salida pactada que permita evitar el choque de trenes que inevitablemente dejará un balance de vencedores y vencidos que no es bueno para la cohesión de nuestra democracia, tanto si los soberanistas se ven forzados a caerse del guindo como si se salieran con la suya.

Tampoco veo que el Gobierno y la patronal tengan la más mínima voluntad de tomar nota de las evidencias que ofrecen los años de austericidio para al menos tratar de plantear la batalla en Bruselas por unas políticas más justas y más eficaces para la creación de empleo radical que necesitamos con tanta urgencia. No sufren la crisis en carne propia y si bien los empresarios desearían mucho más consumo, están encantados con el armazón social debilitado que la crisis está dejando, especialmente los servicios públicos que están siendo privatizados a marchas forzadas. Por no hablar de los sindicatos, que siguen siendo incapaces de articular propuestas que no consistan simplemente en conservar lo que hay, aún menos ahora que se ven sometidos a un fuerte desgaste (especialmente UGT) por la campaña mediática que magnifica sus errores.

Del PSOE ya hemos hablado con profusión. ¿En qué ha quedado la supuestamente brillante Conferencia Política? ¿Dónde está la reacción de Rubalcaba al regresivo y ultraconservador anteproyecto de ley sobre el aborto? ¿Dónde está la reacción de los pre-candidatos? Que el juez Ruz haya mandado a la policía a Génova a requisar miles de documentos que el PP ha tratado de no entregarle es un escándalo mayúsculo. ¿Se imaginan que habría pasado en tiempos de Zapatero si la policía judicial hubiera tomado Ferraz toda una noche? No abogo por la demagogia y el populismo pero la falta de reacción, de oposición efectiva, está precisamente abonando el terreno para que cualquier iluminado se aproveche y nos lleve definitivamente al desastre tras un corto periodo de promesas ilusorias.

La situación es límite. La económica, sin duda, pero también la institucional. Un votante del PP de toda la vida me comentaba esta mañana que estaba completamente abochornado. Y yo le replicaba que a mí me abochornaba que con la que está cayendo, en todos los frentes, el PSOE no le sacara veinte puntos en las encuestas. Ambos estábamos de acuerdo en que Rosa Díez sería todavía peor. A IU la mencionamos de pasada, en el mismo sentido. Él se fue comentando que quizás votaría a Ciutadans, si finalmente se presentan en toda España. Yo no respondí pero quizás me pase como con el discurso del Rey, que por primera vez vote en blanco o directamente no vote, lo que más castigador para la clase política en su conjunto me parezca.

Ahora bien, no soy de esos que piensa que bastaría con reformar la ley electoral e imponer listas abiertas o primarias en todos los partidos para arreglar el desaguisado. Seguramente esas medidas ayudarían a abrir algunas puertas por las que entraría algo de aire fresco. Pero no serviría para regenerar nuestro sistema económico, en el que está cada vez más claro que los grandes empresarios juegan con las cartas marcadas. Los chanchullos políticos con las Cajas de Ahorros son sólo una parte de la corrupción generalizada que impera en nuestro sistema económico, con grandes empresarios que van por ahí dando lecciones de economía y buen gobierno mientras roban o hurtan –dependiendo de los casos- a manos llenas y gestionan pésimamente, de manera que sus empresas entran en quiebra técnica en cuanto las cosas vienen peor dadas. Como desde hace unos años. Díaz Ferrán, Arturo Fernández y Blesa son claros ejemplos de supuestos grandes empresarios que pudieron llegar tan lejos como llegaron sólo gracias a sus conexiones políticas. Cebrián y el desastre de PRISA, o el de Pescanova, son ejemplos de la gestión irresponsable y arbitraria que acaba con miles de trabajadores en la calle mientras los empresarios siguen disfrutando de las millonadas cobradas por su supuesto genio con los negocios. Pero hay muchos más que son menos obvios. Villar Mir o “FG” se han beneficiado inmensamente de sus conexiones políticas y sólo sobreviven a la crisis por sus negocios en el extranjero. Como Botín, que ha tratado de solventar su entrampamiento con las hipotecas de la forma que consideraba menos lesiva para sus propios intereses. Él y Fainé se equivocaron completamente con el diagnóstico de la crisis y han hecho lo imposible por evitar que los precios inmobiliarios bajaran lo que tenían que bajar. Está bien que pugnen por defender sus intereses y es también admisible que se equivoquen. Lo que no tiene pase es que se les tolere salirse con la suya y que sigan de rositas cuando su apuesta se demuestra tan equivocada, tanto para ellos como para el conjunto del país (NB: En EEUU o Reino Unido el ajuste inmobiliario fue drástico y el coste de la burbuja fue digerido mucho más rápidamente, asumiendo una mucho mayor parte sus responsables).

¿Me estoy pasando repartiendo estopa a diestro y siniestro? Ojalá, pero me temo que no. Tengo la sensación de que el año que viene será más de lo mismo, más descomposición social, más gente entrando en situación de pobreza, más deterioro del Estado del bienestar y más cicatería política, sin ningún resultado positivo. El otro día un amigo abogado me decía que lo peor había pasado ya, que habíamos tocado fondo. No se lo discutí pero le maticé que lo que no estaba en absoluto claro es que fuéramos a repuntar, que podía ser que nos quedáramos en el fondo un largo tiempo, con riesgo de ahogamiento…

Si Alemania redistribuye riqueza internamente y su consumo repunta, a todos nos caerán algunas dádivas y veremos algún brote verde, quizás incluso lo catemos. Si por arriba vienen mal dadas, la situación irá a peor. Lo probable es que dentro de un año sigamos más o menos igual, es decir, igual de mal, unos mucho peor que otros, sin duda. Con el agravante de que nos habremos pasado muchos meses hablando del soberanismo catalán, con llamadas a subirse al monte por el norte y a la intervención legal contundente desde el centro. Afortunadamente estamos en la Unión Europea y en la OTAN y no cabe un enfrentamiento armado. De no estar en ellas, no las tendría todas conmigo.

En fin, me encantaría equivocarme y que dentro de algunos meses, los menos posibles, me puedan todos Ustedes acusar –con razón- de catastrofista y apocalíptico. Nada me gustaría más, como también que a todos Ustedes, y a los suyos, les vaya lo mejor posible en lo personal en el nuevo año que llega. Yo trataré de hacer lo propio, agarrado fuertemente por si las curvas.