Felices (mani) fiestas…

LBNL

Atareado con la compra de regalos y los preparativos de la nochebuena, no pude leer hasta ayer el texto de los dos manifiestos “Mucho PSOE por hacer” y “Yo sí estuve allí” que tanto han dado que hablar y que, según los analistas, han abierto la veda de la lucha por la Secretaría General en el PSOE.

Una vez leídos, francamente, no entiendo tanto revuelo. Los firmantes del primero, capitaneados por Chacón, hacen un análisis bastante equilibrado de los logros de los últimos ocho años y de los fallos, colectivos, como subrayan, por supuesto incluyéndose dadas las altas responsabilidades que desempeñaron. Los firmantes del segundo, pese a desmentir su propósito de respuesta o su conexión con Rubalcaba, se centran exclusivamente en el reconocimiento a Zapatero, cuyos logros, sin embargo, están bastante reconocidos en el primer manifiesto.

Se dice que  Zapatero no conocía de antemano el contenido del manifiesto “Chacón” y que no le gustaron las críticas a su labor al frente del país y del partido. Si fuera así, ajo y agua, que se dice vulgarmente, porque qué menos que un análisis autocrítico si se pretende recuperar la credibilidad ante la sociedad que tan intensamente le ha dado la espalda al partido socialista en las dos últimas rondas electorales.

Yo también estuve allí, a nivel de granito de arena pero allí, y no sólo no me arrepiento sino que estoy orgulloso de haber ayudado modestamente a algunos resultados positivos. Desde el punto de vista orgánico, no se me ocurre qué otro líder que no fuera Zapatero hubiera podido ganar las elecciones de 2004 y considero muy positiva su decisión de integrar a quiénes se le opusieron en el Congreso que le eligió como Secretario General.

Me habría gustado que las cosas se hubieran hecho mejor pero estoy de acuerdo, también a toro pasado, con la conveniencia de dotar a Cataluña con un nuevo Estatut, de abordar tras tres años sin asesinatos un diálogo con ETA para poner fin a su violencia y con toda la política cívico-social incluyendo los matrimonios homosexuales, la ley de dependencia y la regularización de más de 700.000 personas que trabajaban junto a nosotros en situación ilegal.

Dicho todo lo cual, ojalá hubiéramos progresado mucho más decididamente hacia el proclamado cambio de modelo productivo, hubiéramos enfrentado la crisis por los cuernos al menos desde el día siguiente a ganar las elecciones de marzo de 2008 y hubiéramos resuelto con mucho mayor tino las crisis internas del partido en Madrid y Valencia, por ejemplo.

A Zapatero no se le discutía. La “vieja guardia” de los Felipes, Guerras, Solanas y Almunias, hacía notar su desprecio intelectual y personal por Zapatero cada vez que podía pero mientras los resultados electorales y económicos acompañaron, los que tenían alguna responsabilidad pública u orgánica veneraban el liderazgo de Zapatero aceptando sin rechistar sus decisiones. Rodriguez-Ibarra se quejaba de que nunca había habido menos debate en el Comité Federal y seguramente era cierto pero dado que Zapatero no tiene talante de dictador sino que, al contrario, se distingue por dejar hacer, a mi juicio en demasía, cabe achacar las deficiencias del funcionamiento interno del partido a algunos de sus validos, como De la Vega o Blanco, amparados en su cercanía al jefe para hacer y deshacer a su antojo.

En todo caso, se hicieron muchas cosas mal y el responsable último de los errores es sin duda Zapatero. Pero sólo el último, porque no se hicieron mal, las hicimos, cada uno a su nivel de responsabilidad. Rubalcaba, por ejemplo, jugó un papel muy positivo en todo lo relacionado con el proceso de diálogo con ETA, imponiendo cautelas primero y sometiendo al terror por las malas después. De la Vega apagó fuegos muy eficazmente al principio pero tanto poder fue haciéndole perder algo de buen juicio y acabo creyéndose indispensable. Bono en cambio, fue de menos a más: los follones constantes de Defensa con otros ministerios dieron paso a una labor institucional decorosa por más que a algunos el personaje nos resulte tan insoportable. Su sucesora, Chacón, también vino de menos a más. No es sencillo señalar ningún logro de su paso por Vivienda pero su gestión en Defensa pacificó el ministerio (con la excepción del lamentable episodio del sorpresivo anuncio de la retirada de Kosovo) y, desde luego, subió el bajo listón fijado por otros ministros catalanes como Clos y Montilla, verdaderos desastres en Industria, Energía y Comercio.

No tiene sentido pretender que todo o casi todo se hizo bien y que la debacle electoral es resultado únicamente de la crisis, como tampoco el 15-M es un producto exclusivo de la crisis: la oposición a los desahucios sí responde a que más de 150.000 familias han perdido su hogar, pero el “no nos representan” viene de la corrupción y la complacencia que muestran muchos de nuestros gobernantes.

Igualmente, había muchas formas de encarar la crisis. Zapatero calibró mal la amenaza, pero también Solbes, al menos el que desmontó la argumentación de Pizarro en aquel debate televisivo. Pensamos que sería una crisis más, que pasaría pronto y que podríamos capear el temporal antes de tener que volver a vernos las caras con el electorado. En consecuencia, mejor quitarle hierro para no contribuir a mayores cautelas por parte de aquéllos cuyas inversiones y gasto nos tenían que sacar del pozo. La gente se sintió engañada, especialmente cuando después, una vez constatada la profundidad de la crisis, vio como nos tocaba pagar a los de siempre, trabajadores y clase media, mientras los especuladores, los altos ejecutivos y los banqueros siguen llenando los restaurantes de lujo incluso entre semana.

Y qué decir de la vida orgánica del partido… Por ejemplo, que las primarias no se hicieron para Blanco, dueño y señor del partido gracias a la dedicación casi exclusiva de Zapatero al Gobierno: del triunfo ilusionante de Zapatero pasamos a que no hacía falta primarias cuando el partido estaba en el Gobierno y, en el último tramo, a que presentarse a primarias amenazaba la unidad del partido. Blanco hizo y deshizo, formando camarillas de leales que fueron ocupando las agrupaciones territoriales y negándose a ceder el paso cuando Leire Pajín le sucedió como Secretaria de Organización. Las crisis de Madrid y Valencia se acometieron fatal, la primera eligiendo a dedo al supuestamente renovador Tomás Gómez y la segunda por vía de unas primarias entre mediocres. El resultado  igualmente malo en ambos casos pese al diferente método da que pensar sobre la capacidad de quién debía coordinar y asegurar la resolución de crisis enquistadas.

En fin, hay mil cosas que el PSOE tiene que cambiar para volver a tener oportunidad de gobernar salvo que la estrategia sea limitarse a esperar a que la crisis nos haga menos malos que Rajoy. Los manifiestos no van a resolver nuestros problemas pero al menos han tenido la virtud de lanzar el debate. Ojalá sus firmantes reconocieran, además de los errores cometidos, la conveniencia de dar paso a otros militantes, tan o más valiosos que ellos, algunos incluso mucho mejor formados y con cierta experiencia en la vida real, ajena a las vicisitudes orgánicas. Eso es lo que propone Bases en red. Ojalá que su reunión en Jun el próximo 29 de diciembre sea todo lo productiva que promete y, esto ya es un deseo sin esperanza, sus aportaciones sean verdaderamente tenidas en cuenta.