Extraños maquinistas

Lobisón

A algunos de los viajeros nos llama la atención la insistencia de los dos maquinistas en mantener el rumbo de colisión. Ciertamente Artur Mas, tras el referéndum de Escocia, parece estar tanteando en busca de mayor espacio de maniobra, pero a estas alturas lo tiene difícil ya que en unas elecciones ‘plebiscitarias’ corre un grave riesgo de llevar a CiU a la irrelevancia, pudiendo perder electorado a favor de ERC y del proyecto de Duran i Lleida, si éste toma finalmente forma corpórea.

Pero esto no mejoraría la situación de división en Cataluña, ni rebajaría necesariamente el conflicto con Madrid. Por eso es más difícil comprender la convicción del PP y de Mariano Rajoy en mantener inflexiblemente su propio rumbo. Hay algunas pistas sin embargo para entender que sea así. La primera es que esta dinámica de enfrentamiento sin debilidades es muy del gusto de los electores, incluso los de centro. La ofensiva del PP contra el Estatut le llevó a la derrota en 2008 porque produjo, sobre todo en Cataluña, un agrupamiento del voto de izquierda en torno al PSC. Tal cosa es irrepetible en las circunstancias actuales, por el fraccionamiento del PSC y la aparición de Podemos, que probablemente va a suponer una dramática división del voto de centro-izquierda. Así que ahora el PP tiene buenas razones para pensar que su posición de firmeza sin fisuras le favorece electoralmente.

Otra cuestión es el efecto que esta posición inflexible puede tener en Cataluña, y me temo que sólo ahonda el enfrentamiento y el malestar, lo que debería preocupar a quienes dicen gobernar teniendo en cuenta los intereses de todos los ciudadanos. Sin embargo, es lógico pensar que la crispación sólo podría desactivarse progresivamente con una negociación política para reformar la Constitución en un sentido federalizante. Y, por otro lado, ha sido bastante llamativo ver cómo, en el debate sobre el futuro de Escocia, Cameron debió recuperar una visión de mayor reforma federal en el Reino Unido cuando en los últimos días de la campaña apareció el fantasma del triunfo del sí. Recuérdese que Cameron, en las negociaciones sobre la convocatoria del referéndum, decidió olímpicamente que tertium non datur.

Claro, como el marco jurídico hace imposible la celebración de la consulta en Cataluña, Rajoy piensa que no corre el riesgo de verse corriendo a última hora tras el vagón de cola del federalismo, y que cualquier apertura a una posible reforma conctitucional, en cambio, sería vista como una muestra de debilidad por sus electores, y sólo serviría para dar aire al PSC y al PSOE. De ahí las respuestas tan triviales, por no decir tontas, que ha dado el PP a la propuesta de Pedro Sánchez de ir a una reforma de la Constitución. Lo ideal para Rajoy es mantener su posición y dejar que Podemos mantenga ocupado al PSOE. Por cierto, ¿alguien sabe qué piensan los electores de Podemos del federalismo?