Exceso de cafeína

Guridi 

Vivo estos trepidantes días de tira y afloja entre los independentistas catalanes y el resto del mundo con asombro y avidez. Casi diría que es como el cine moderno: mi sobrino puede comprender “Transformers”, pero yo sólo veo cosas emborronadas en giros de cámara que no entiendo. Diría que todo el mundo parece tener un notable exceso de cafeína o de otras sustancias excitantes y que todo va tan rápido que me cuesta entender la relación entre lo que me cuentan en “Hoy Por Hoy” y lo que termino viendo en las noticias de la noche.

Sólo hay una cosa que no varía: Ferreras. El director de informativos de La Sexta se ha mudado a Barcelona estos días y parece vivir emitiendo las 24 horas del día, rodeado de tertulianos (sí, casi todos hombres) semideshidratados que se ven forzados a mirar sus teléfonos móviles o tabletas para saber qué es lo que ocurre en el exterior del plató. O para recordarse que hay un mundo fuera del plató y que se supone que tienen que explicar.  

También es verdad que es más noticia lo que sucede en la casa de Jaume Roures y ver quién desfila por ella, que lo que nos cuentan en las noticias. Y, por otro lado, el Gobierno de la Generalitat ya ni se molesta en acudir al Parlament, se pasa el día elaborando y ejecutando planes secretos, hechos a escondidas en algún despacho de Omnium o de la ANC. 

Es todo tan frenético y a la vez tan engañoso que es difícil saber de qué demonios se habla cuando alguien habla. Llamadme desconfiado pero después de ver a unos Mossos que se quedan dormidos cuando hay que cumplir la orden de un juez o de ver a Mas, Puigdemont y Junqueras decir que no pueden decir qué es lo que hace su gobierno porque “eso es revelar los planes al enemigo”. pues no me fío de la llamada voluntad de diálogo a la que se refiere Puigdemont cuando parece perdonarnos la vida por no proclamar unilateralmente la independencia en un Parlament en el que tiene menos apoyos de los que necesitaría para nombrar al director de TV3.  

Y es curiosa esta manera de ignorar al parlamento catalán, dado que en ausencia de un referendum válido, es la expresión de la voluntad del pueblo de Cataluña más fiable que tenemos hasta ahora. Voluntad expresada mediante voto libre, individual y secreto, en unas elecciones (estas sí) que cumplen con todos los requisitos para ser consideradas limpias.  

No querer mirar al Parlament es no querer algo que no gusta, como que el pueblo no tiene una sola voz y no dice siempre lo que tú quieres. Y hacedme caso porque sé bien de lo que hablo con esto: soy del PSOE.  

Y la democracia es algo más que poner urnas, aunque suene tópico por lo repetido estos días y meses. Y dejadme que os diga una cosa acerca del supuesto referendum del día 1: un referéndum convocado por una autoridad parcial, dirigido solo a una parte de la población, cuyas reglas se han ido cambiando a conveniencia del convocante… No es exactamente democracia. Salvo que queramos ampliar tanto la definición para que quepan tanto el referéndum del 1-O como las elecciones de Zimbabue. 

La jugada de querer aplazar las cosas mientras se hace el siguiente movimiento subterráneo, que es lo que básicamente creo que ha hecho Puigdemont, ahí sí que se ha encontrado con un maestro del patadón para atrás (si exceptuamos a Kaminero): Mariano Rajoy Brey. 

Rajoy no sólo ha sabido dar el patadón para atrás, sino que además está poniendo en bandeja a Puigdemont la oportunidad de detonar o no el artículo 155. Y, de paso, ha conseguido que la veleta Sánchez vuelva a girar pero a su favor, con el apoyo incondicional del Pedro Sánchez Orgulloso Español, que por la mañana pide la reprobación de Soraya Sáenz de Santamaría y por la tarde que activemos todo el peso de la ley.  

Sánchez obtiene a cambio que Rajoy active la comisión constitucional del Congreso, donde podremos ver el pobre papel de personajes como Adriana Lastra, si José Enrique Serrano no lo remedia. Yo hubiera pedido una reprimenda pública a Zoido y el cese del delegado del gobierno en Cataluña, pero quién soy yo para pedir nada.  

Parece que ahora tendremos un poco de tila entre tanta cafeína. Sinceramente espero que todo se vaya solucionando con relativas buenas maneras y que no asistamos al bochornoso espectáculo de policías y guardias civiles liandose a porrazos en una emboscada tendida por los Mossos e inexplicablemente no prevista por los incompetentes prebostes de Interior.  

Y espero, de verdad, de verdad, que esto desemboque en elecciones dentro de un año, donde veamos a dónde lleva la política de Pablo Iglesias de tratar la situación de Cataluña como si fuera la defensa de los mapuches.  

¿Un café?