Europa en vilo

LBNL

La Euro Cumbre del martes no resolvió nada. Tsipras se presentó sin propuesta, soliviantando a sus pares, con la única excepción de Hollande, que se comportó a la De Gaulle, como hombre de Estado, casi más de Continente. A su lado, Merkel, se mostró dispuesta a conceder un plazo extra a Grecia antes de condenarla definitivamente. Por lo demás, un coro de líderes de países pequeños y/o recién llegados a la Unión Europea, quejándose amargamente de los sacrificios asumidos y negándose a darle más cuerda a Grecia. Renzi y Mariano brillando por su ausencia, aquél quejándose por tener que acudir a Bruselas cada poco y éste mascullando nimiedades como las que ha seguido pregonando después: ojalá se encuentre una solución de una vez y si no será malo para todos. En fin.

Lo cierto es que Tsipras ha cumplido con lo que prometió: en cuestión de horas presentaría una nueva propuesta que cumpliría con la mayoría de las exigencias. Lo ha hecho con el aval del no de la ciudadanía griega a la última propuesta europea y el apoyo de la oposición, que hizo campaña por el sí en el referendum, lo que garantiza su rápida aplicación. Dragui se comprometió a mantener el sistema financiero griego en respiración asistida si había una perspectiva de acuerdo, que finalmente se concretó en que Grecia presentara una propuesta concreta y aceptable antes del jueves, como así hizo.

La Comisión Europea y el Eurogrupo están examinándola pero, en principio, contiene las principales exigencias del club de acreedores europeo, sobre todo en vista del compromiso de poner rápidamente en práctica legislando sobre su contenido, incluida las jubilaciones anticipadas y el incremento del IVA.

Si todo sale bien, el próximo sábado los Ministros de economía del Eurogrupo darán su visto bueno y el domingo los jefes de Estado y de Gobierno aceptarán extender un tercer rescate a Grecia por valor de unos 50 mil millones de euros para los próximos tres años, que deberá ser negociado en detalle durante las tres o cuatro semanas siguientes, en paralelo a la puesta en práctica de las reformas prometidas.

Pero el proceso puede descarrilar en cualquier momento porque los ánimos están muy enconados y los talibanes austericidas abundan en el Eurogrupo, tanto entre los Ministros de Economía como entre sus líderes.

Esperemos que no. Si algo quedó claro en la Euro Cumbre es que el tiempo para un acuerdo se acaba. Sin la asistencia del BCE, Grecia quebraría a partir del próximo domingo, incluso prorrogando el corralito. Y el BCE sólo seguirá prestándosela en la medida en que haya perspectiva de acuerdo.

La hay, incluido un “reprofiling” de la deuda. No se asusten si no saben qué demonios es “reprofiling”, porque yo tampoco. Parece que es un eufemismo que sirve para esquivar la temida quita o “haircut” de la deuda pública griega, o incluso su restructuración. Grecia ha rebajado sus exigencias al respecto limitándose a dar la bienvenida a la perspectiva de un exámen serio de la viabilidad de su deuda en paralelo a la tercera fase del rescate. Todos contentos porque si bien todos saben, incluido el FMI, que resultará inevitable rebajar el peso de la deuda, son muchos los que no pueden presentarse de vuelta en casa habiendo accedido a extenderle a Grecia lo que no consiguieron para sí, Mariano incluido.

Primero Tsipras tiene que bajarse los pantalones figuradamente y aceptar muchas de las cosas que se negó a aceptar la semana previa, si bien, a decir del Presidente de la Comisión Europea, la diferencia entre lo que Europa exigía y Grecia estaba dispuesta a aceptar, era sólo de unos 500 millones de euros, es decir, una naderia al lado de los 35 mil millones de euros que la Comisión está dispuesta a aportar para generar crecimiento económico en Grecia si se alcanza un acuerdo. Sólo después de que Grecia demuestre su voluntad de compromiso, que permitirá al BCE seguir esquivando su quiebra financiera mientras la pone en práctica, los acreedores aceptarán acordar rebajas sobre la deuda, ya sean a base de una quita sobre el principal, aplicando una carencia al pago del principal o estableciendo límites y/o condiciones sobre el servicio de la deuda contraída, que Tsipras no se cansa de señalar que se trata de una herencia de los pésimos gobernantes anteriores, lo cual es completamente cierto.

Al loro, nada de lo anterior está garantizado. Repito: el proceso puede desacarrilar en cualquier momento y el próximo domingo ya no cabrán más prórrogas. Ahora bien, el martes Tsipras dejó claro que no tiene un plan secreto para provocar la salida de Grecia del euro, como se empezaba a comentar en vista de sus quiebros y requiebros sin fin que traían al “establishment” bruselense de cabeza, al estilo de la desazón que experimenta un buen jugador de ajedrez cuando se encuentra con un oponente que no sigue la ortodoxia establecida.

Asumiendo que todo llega a buen puerto, ¿ello implicará que Tsipras ha perdido la batalla? Seguramente no. Cuando sus pares le dieron portazo la semana anterior, redobló su apuesta y convocó el referendum, negándose a aceptar las amenazas. Su pueblo, todavía más amenazado tras varios días de advertencias apocalípticas, le apoyó en el desafío, como a continuación la oposición que hizo campaña por el sí. Si hay acuerdo, Tsipras podrá vender en casa como grandes victorias las pequeñas concesiones que consiga sobre la oferta europea de la semana pasada, y esgrimir la perspectiva de “reprofilling” que pretende conseguir.

Mientras tanto, el foco sigue puesto sobre las negociaciones con Irán sobre su programa nuclear, que también se están prolongando más allá del plazo establecido y cuyo resultado será igualmente determinante para nuestro futuro los próximos años. Si finalmente se alcanza un acuerdo, como parece previsible, las consecuencias políticas y económicas serán enormes, incluida una perspectiva tangible de precios energéticos más bajos y una mucha mayor capacidad de contener la amenaza del terrorismo wahabita.

Tanto en Viena, donde ya se negocia a calzón quitado, como en Bruselas, el bueno de Obama juega sus cartas con maestría, liderando desde atrás, en la sombra pero determinante a la hora de recordar a Merkel, entre otros, la necesidad de contener la amenaza rusa. Si en efecto Grecia sigue en el redil europeo a finales de semana e Irán deja de ser un paria internacional, el verdadero perdedor de esta partida geoestrategica será Putin, cada vez más aislado en su tiranía mafiosa.

Esperemos que así sea por el bien de la Unión Europea, que sigue siendo, pese a todo, el proyecto político más ilusionante de la Historia.