E.T.A. – Estamos Totalmente Acabados

MCEC
 
Escribo estas líneas cuando quedan pocas horas para que surta efecto la ruptura del alto el fuego decretado por ETA en marzo del año pasado. Alto el fuego permanente, dijo ETA entonces, pero donde dijo digo ahora dice Diego. Evidentemente, la culpa es del Gobierno, PSOE y PNV (de Imaz) al alimón. La negativa del Gobierno a hacer concesiones que la ley y la decencia democrática no le permiten hacer, combinada con la firmeza de PSOE y PNV  de no aceptar como interlocutor formal hasta que pase por el registro de partidos, son suficiente excusa para que ETA “reactive todos los frentes��?, olvidando su compromiso público y dejando atrás su anterior conclusión de que la violencia ya no tenía sentido, aunque sólo fuera por contraproducente para sus intereses políticos.


A lo largo de 2004-05 el Gobierno llegó a la conclusión de que ETA, finalmente, había tomado la decisión de abandonar la violencia terrorista. No tenemos toda la información pero se habló de un par de cartas de la dirección al Gobierno. Es posible que los infiltrados y las escuchas avalaran que los mensajes de ETA eran fidedignos. Como también pudieron hacerlo las conversaciones más o menos privadas entre militantes destacados del PSE y de Batasuna. En todo caso, el indicio más importante era la ausencia prolongada de asesinatos.

En consecuencia, el Grupo Socialista instó en el Congreso una resolución que reeditaba los términos y condiciones del Pacto de Ajuria Enea, que recibió el apoyo de todos los grupos salvo el Popular. A continuación, empezaron los contactos con ETA con la ayuda de mediadores internacionales. Y en paralelo, los contactos entre PSE, PNV y Batasuna, con vistas a constituir la segunda mesa, en la que una vez desaparecido el chantaje terrorista, se podría debatir de todo y con todos.
 
El atentado mortal y demoledor de la T4 en diciembre y ahora la ruptura formal del alto el fuego ponen fin a las esperanzas creadas, culminando una espiral de malos augurios: robo de las pistolas en Francia, resurgir del vandalismo callejero en Euskadi, las oleadas de cartas extorsionadoras a empresarios vascos y navarros, etc.
 
No es la primera vez que ETA decreta una tregua para romperla cuando constata la firmeza del Gobierno de no ceder por las buenas lo que no había cedido antes por las malas. Por ello, muchos han culpado a Zapatero de ingenuo o excesivamente voluntarista. A la vista del resultado la crítica es legítima. Pero sigo pensando que los indicios objetivos permitían considerar que la situación era distinta a las anteriores y que, por tanto, había razones válidas para explorar la posibilidad de acelerar el fin de la violencia, conjugando voluntad política y firmeza constitucional, que es precisamente lo que ha hecho Zapatero.
 
En su haber, la Legislatura registra el número más bajo de muertos por terrorismo y el número más alto de etarras detenidos de toda la democracia. A cambio, sólo la disposición al fin dialogado de la violencia. Esa ha sido la única concesión política del Gobierno pese a las reiteradas acusaciones de traición. En el debe, cabe la posibilidad de que ETA se haya reorganizado, o de que, desde el principio, sólo pretendiera ganar tiempo para que difuminar en la memoria la masacre del 11-M, que les equiparaba a los islamistas más fanáticos.
 
El Presidente del Gobierno ha reaccionado al comunicado subrayando que ETA vuelve a equivocarse. En efecto, cada vez que ETA ha decretado una tregua lo ha hecho desde una posición más débil que cuando decretó la anterior. En los albores de la democracia el objetivo de ETA era doblegar al ejército, al que consideraban el verdadero poder fáctico de la joven democracia. Cuando comprendieron que el ejército había dejado de mandar y que no sería posible derrotar militarmente a España, optaron por negociar la alternativa KAS con su Gobierno, rebajando su objetivo inicial. En Argel se dieron de bruces con la realidad pero prefirieron reanudar su loco camino, haciendo mucho daño pero sufriendo cada vez más golpes y más certeros, entre los que destacan Bidart y la rebelión cívica espoleada por el drama de Miguel Angel Blanco. Concluyeron entonces que era más factible chantajear a sus “hermanos��? nacionalistas y que éstos fueran los que doblegaran a España. Cuando ni los más soberanistas en el PNV y EA pudieron seguir el ritmo de “conquistas��? necesario para aplacar su ansia, ETA dinamitó Lizarra, dando las primeras paladas a su tumba definitiva.
 
La ETA de 2000 fue capaz de retomar la carrera asesina con vigor, devolviéndonos a la muerte y el duelo periódicos. Pero sus activistas eran cada vez más jóvenes y menos preparados, e iban cayendo en manos de las fuerzas de seguridad cada vez más rápidamente. El 11-S supuso un golpe adicional, rebajando sustancialmente la tolerancia internacional con cualquier tipo de terrorismo y facilitando medidas como la ilegalización de Batasuna que, lejos de provocar la insurrección abertzale, privó a ETA de gran parte de sus recursos financieros y medios logísticos. La inactividad del IRA y el 11-M colmaron el vaso y llevaron a ETA a concluir que, por muy justificada que la violencia pudiera estar para defenderse de la opresión española, ya no tenía sentido.
 
El proceso de paz de Irlanda del Norte registró una ruptura del alto el fuego del IRA, que a continuación voló el centro de oficinas de Canary Wharf. Se trató de un movimiento táctico. Murieron dos personas, por “accidente��?, pero el IRA quería seguir negociando y el proceso se recondujo. El atentado posterior de Omagh no lo detuvo tampoco porque lo llevó a cabo una escisión del IRA, que el IRA fue capaz de controlar rápidamente.
 
Mucho me temo que la ruptura del alto el fuego de la pasada medianoche no responda a un patrón similar. El atentado de la T4, sin comunicado de ETA previo, ya dio pie a todo tipo de informaciones sobre discrepancias internas entre el “aparato��? político y el militar, más radical. Es perfectamente verosímil que, como tantas veces en el pasado, los más alocados dentro de ETA se hayan hecho con las riendas y tengan en mente la reanudación de los asesinatos. En todo caso, ésta es la hipótesis que deben manejar las fuerzas de seguridad.
 
Como el Presidente del Gobierno también ha dicho hoy, nuestro país, nuestra democracia, es sólida y perfectamente capaz de resistir los embates de una organización agónica, aislada internacionalmente, al borde de la quiebra y militada por lo más marginal de la juventud vasca.
 
Ni siquiera las palabras del líder de la oposición pidiéndole al Presidente del Gobierno “que rectifique y clarifique que ya no habrá ninguna cesión a ETA��? (sic), deben hacernos dudar de la fortaleza de nuestro Estado de Derecho. Cualquier bomba constituirá una afrenta difícil de digerir. Un solo asesinato será, además de una tragedia humana, una grave anomalía política que rebajará nuestra complacencia sobre nuestra madurez democrática y dinámico crecimiento económico, sin parangón en Europa. Pero está fuera de toda duda que cada atentado será una palada más en la tumba que ETA está cavándose a si misma.
 
ANV hoy se ha reafirmado en sus estatutos, que condenan la violencia, mientras que Otegui reafirmaba la apuesta de Anoeta de “proseguir la lucha exclusivamente por medios políticos��?. Pero no es previsible que los que han tomado la decisión de romper el alto el fuego vayan a escucharles. Ni que el Gobierno vaya a retomar un proceso de diálogo a corto o a medio plazo. Si en el futuro ETA vuelve a tratar de establecer interlocución, es seguro que tendrá que ofrecer garantías, igual que el PNV hoy exige más de lo que demandó en Lizarra.
 
La situación apela a la alerta serena y a la firmeza, y también a la unidad democrática, que debería ser posible. Desde luego no es momento de triunfalismos y el título de este artículo no debe ser interpretado como tal. Es simplemente un recordatorio de que tampoco es momento para la desesperanza porque, pese a las dificultades, ayer ETA no hizo sino demostrar su impotencia, escenificar que está totalmente acabada.