EstupeRato

LBNL

Me resulta muy extraño lo de Rato. Muy extraño. Todo. Que se le haya detenido cuando no había ninguna razón objetiva para hacerlo dado que ya estaba siendo investigado por varias causas, y más aún, que se le permitiera volver a dormir a casa tras finalizar los registros al no haber ningún riesgo de destrucción de pruebas. ¿Pero entonces para qué la detención? No era precisa para efectuar los registros ni para que declarase ante el juez. Por otra parte, la investigación en curso por posible alzamiento de bienes y blanqueo de capitales no debe ser tan seria al no haberse decretado su ingreso en prisión. Tampoco detienen a nadie por fraude fiscal, por grande que sea: todo lo más, ingreso en prisión si no se paga la multa correspondiente, tras juicio preceptivo, condenatorio, por supuesto.

Tan extraño resulta que cada vez son más los que sospechan que todo fue una operación del PP para demostrar ejemplaridad, para mandar el mensaje de que no se casan con ningún corrupto/defraudador. No suelo compartir las teorías conspirativas pero hay algunos elementos que no casan. Rato fue detenido después del escándalo que provocó la filtración de que se había acogido a la amnistía fiscal decretada en 2012 por sus ex colegas del Consejo de Ministros. Pero recuerden como el PP capeó – haciéndose cruces – el temporal de que Bárcenas hubiera hecho lo propio. Es posible que Floriano y Cospedal, en su estupidez más supina, hayan pensado que una operación ejemplarizante contra el antaño campeón económico del PP les ayudaría electoralmente, pero quiero pensar que hay mentes más preclaras – o menos absurdas – en el partido que nos gobierna porque es evidente que el escándalo perjudica las expectativas electorales del PP a un mes de las elecciones autonómicas y locales.

Cierto es que Rato es un personaje políticamente amortizado. Lleva tiempo siendo investigado por múltiples asuntos relacionados con Bankia-Cajamadrid. De una parte, por apropiación indebida en el caso de las tarjetas Black, por consentir la continuación de un tejemaneje montado por su predecesor (Blesa, otro antaño íntimo de Aznar) de propiciar y aceptar indebidamente fondos de la entidad, con independencia del juicio moral que produzca que se gastara grantes cantidades en la Sala Hot de Madrid (al parecer hoy en día redenominada Dreams) o que siguiera retirando dinero en efectivo cuando la intervención de Bankia era ya inminente. Más grave es la investigación por posible estafa y falsedad documental en la salida de Bankia a bolsa, al haber resultado falsos o incorrectos los datos suministrados a los miles de ahorradores que compraron acciones de la entidad, a la postre nacionalizada cuando el sucesor de Rato comprobó que en realidad estaba quebrada. Y más grave aún resulta que cobrara más de seis millones de euros de la Banca Lazard, de la que pasó a ser asesor tras su nunca explicada salida del FMI, cuando ya estaba al frente de CajaMadrid-Bankia, cuya salida a bolsa, posiblemente fraudulenta, le encargó precisamente a quien tantos millones le pagaba ese mismo año (2011) por más que él alegue que el pago fue fruto de la conversión de unas opciones de compra de acciones que recibió en 2008.

A Montoro le hemos visto utilizar información confidencial contra Pujol o Monedero, pero cuesta creer que pueda estar detrás de la filtración de que Rato era uno – el único conocido hasta ahora – de los poco más de 700 investigados por posible blanqueo de capitales de entre los más de 30.000 “amnistiados” fiscalmente. Ahora bien, resulta sumamente bizarro que, como escribía Ekaizer en su blog en El País, Rato sea acusado al mismo tiempo de alzamiento de bienes (tratar de ocultar bienes para eludir responsabilidades civiles o criminales, como las fianzas a las que está sometido o posibles embargos) y al mismo tiempo de blanqueo de capitales (aflorar dinero negro, de procedencia legal pero opaco, o directamente procedente de actividades criminales).

Rato no tiene escrúpulos. Su padre fue a la carcel por asuntos graves de pasta y su hermano se vio envuelto en líos similares. Rodrigo ya había demostrado su falta de ética cuando lo de Gescartera, por ejemplo, y luego más claramente con Cajamadrid-Bankia. No debe ser una sorpresa para nadie que tuviera millones en el extranjero sin declarar y se acogiera a la amnistía fiscal, para pagar sólo el 3% de los dineros ocultos, algo perfectamente legal según lo dispuesto por sus ex-colegas del Consejo de Ministros. Es un escándalo ético que un ex Vicepresidente económico defraude a la hacienda pública y todavía más constando múltiples declaraciones suyas aseteando a los defraudadores y criticando al PSOE por escándalos similares.

Siendo cierto todo lo anterior, el verdadero escándalo es su crucifixión en plaza pública, cuando menos consentida por quienes antes le encumbraban como un supuesto Rey Midas, pese a haber jugado un papel clave en el origen de nuestra trágica burbuja inmobiliaria y, también aunque menos conocida, en la burbuja de deuda de nuestras empresas, que gracias a él pasaron a poder desgravarse el 100% de lo gastado en compras de otras empresas en el exterior. Son muchos, entre los que hoy reniegan de Rato rasgándose las vestiduras por el disgusto, los que cobraban sobresueldos en Génova repartidos por Bárcenas. Dado que las cantidades percibidas no constituían delito fiscal en cada una de las anualidades y que, en todo caso, dichos delitos estarían prescritos, los perceptores de sobresueldos han optado por negar la mayor y no dar explicaciones sobre su declaración a Hacienda de las supuestas remuneraciones extraordinarias legales que podrían haber percibido. Pero que no se pueda probar legalmente o castigar por mor de la prescripción, no legitima a los demás corruptos a hacer leña del Rato caído por delitos parecidos.

Si Rato acaba en la carcel será por el tema de Lazard y la salida de Bankia a bolsa, no por tener muchas sociedades y dineros a nombre de familiares en España y el extranjero, y menos aún por aflorarlo y alzarlo al mismo tiempo o por haberse gastado el dinero de todos en puticlubs a la hora de comer en días laborables. Lo peor de Rato se sabía ya – incluida su resistencia a una fusión con La Caixa que seguramente nos habría ahorrado muchos miles de millones a todos los españoles – pero sus coreligionarios, los mismos que ahora se declaran avergonzados ante su falta de ética, le defendían como el mejor Vicepresidente económico de la historia de España. El mejor castigo a tamaña hipocresía es que si realmente pensaron que la crucifixión les saldría a cuenta electoralmente al estilo Esperanza “yo acabé con Gürthel”, la hostia electoral va a ser todavía más morrocotuda, para mayor gloria de Albert Rivera a falta de una alternativa socialista atractiva y convincente.