Estudios a la boloñesa

Ignacio Sánchez-Cuenca 

 

Como todos los lectores saben a estas alturas, el mundo universitario anda muy revuelto a cuenta del proceso de Bolonia. Aunque las decisiones se tomaron hace años y la reforma está ya muy avanzada, es ahora cuando las protestas comienzan a tener cierto eco en la sociedad. Los esfuerzos convergentes de exquisitos profesores universitarios que escriben en los medios y de estudiantes antisistema que ocupan facultades, unidos en extraña pinza a la hora de denigrar las reformas en marcha, están teniendo cierto éxito, sobre todo ante la pasividad del Gobierno y las autoridades académicas, que, como en muchos otros ámbitos, no aciertan a explicar y justificar sus planes.

 

Comencemos por lo obvio. El plan de Bolonia aspira a conseguir la homogeneización de los estudios superiores en toda Europa, de forma que un licenciado en química de Grecia pueda proseguir sus estudios en Irlanda y su título sea reconocido de forma automática. Se pretende con ello favorecer la movilidad de los estudiantes y crear un espacio de educación superior a escala europea.

 

Los anti-Bolonia no objetan el objetivo que se persigue con la reforma, pero sospechan que, so capa de la reforma, hay en realidad un vasto proyecto en marcha para jibarizar la universidad pública y someterla a los dictados del siempre maligno mercado, convirtiendo el saber en una mercancía más. Para sustanciar tan graves acusaciones, se alega que la reforma de Bolonia plantea la necesidad de ajustar las titulaciones a las necesidades sociales y, lo que ya es el colmo, que dicha reforma estimula la participación del capital privado en la financiación de las universidades. Hasta ahí podíamos llegar.

 

Quienes critican con ferocidad el proceso de Bolonia se quejan amargamente de que a veces se atribuyan sus posiciones a una postura corporativa y reaccionaria de defensa de los intereses creados. En la medida en que algunas áreas del saber, sobre todo las humanísticas, se ven amenazadas porque sospechan, no sin cierta razón, que la demanda social de expertos en Pirrón de Elis es más bien limitada, o que pocas empresas querrán financiar una cátedra sobre el uso del dativo en Virgilio, y son los humanistas quienes con más vigor protestan, no cabe descartar del todo, sin embargo, que haya un cierto miedo a lo desconocido y un afán por mantener el actual estado de cosas.

 

No hay nada intrínsecamente malo en una defensa corporativa de los intereses creados. Pero lo que de verdad llama la atención de quienes se declaran anti-Bolonia es que se opongan a medidas tan razonables como las que se contemplan en la reforma y callen sobre los problemas más urgentes y escandalosos que sufre la Universidad española.

 

Así, resulta extraño que apenas se diga nada sobre la nefasta decisión que tomó en su momento nuestro Ministerio de Educación. Mientras que en toda Europa la educación universitaria se va a organizar en una licenciatura de tres años que continuará con un master de dos más, siguiendo el modelo anglosajón, lo que se conoce como el plan 3+2, el Gobierno de España ha optado por la diferencia,  descolgándonos de lo que están haciendo todos los demás países. En lugar del 3+2, nosotros, siempre tan quijotescos, hemos acordado establecer una licenciatura de cuatro años y un master de uno, el plan 4+1. Esto nos deja aislados del resto de países. ¿Por qué nos hemos quedado en este ridículo 4+1? No me andaré con rodeos: porque el Gobierno no se ha atrevido a enfrentarse a los rectores, quienes a su vez defendían los intereses de los profesores universitarios, que tienen pánico al cambio. Licenciaturas de cuatro años es lo que ya hay en la mayoría de las universidades. La idea de Bolonia es que en la licenciatura de tres años se aprenda lo básico y quienes quieran tomarse en serio los estudios y aprender a fondo, se metan luego en un master de mayor exigencia de dos años de duración. Aquí el máster anual quedará diluido en  poco más que un curso de especialización de fin de carrera.

 

Todavía más extraño es que estudiantes y profesores sigan protestando por la perversión que supone la entrada de capital privado en las universidades y que consideren una indignidad tratar de ajustar los estudios al mercado laboral. Olvidan, sin embargo, que la universidad se financia con el dinero de todos y que el sistema actual es profundamente regresivo, pues las tasas son bajísimas, apenas cubren un cuarta parte de los costes, y la mayor parte de los estudiantes proceden de clases medias o medias altas. Sucede, por tanto, que las clases trabajadoras están financiando los estudios de las clases más burguesas. La manera de corregir este despropósito consiste en aproximar las tasas al coste real de los estudios e instrumentar una política muy generosa de becas que permita a los hijos de las clases trabajadoras estudiar si les apetece. Pero hablar de subir las tasas es anatema para los anti-Bolonia.

 

Finalmente, lo más chocante de quienes critican el plan Bolonia es que no suelen ofrecer alternativas para resolver el problema más acuciante que tiene planteada la Universidad española, a saber, que ninguna de nuestras Universidades figure entre las 100 mejores del mundo, siendo nuestro país la octava potencia económica del planeta. Los defensores del status quo prefieren silenciar un hecho tan lamentable y vergonzoso para España. Mientras no haya una reflexión profunda y una auto-crítica por parte de los estamentos universitarios con respecto al atraso de nuestro sistema de educación superior, me parece que los lamentos sobre los males que nos trae Bolonia son poco creíbles.

 

Ya sé que Bolonia no va a suponer ninguna receta para mejorar la calidad de las Universidades. Pero si la racionalización de los estudios a nivel europeo sacude las estructuras y los intereses creados de profesores, estudiantes y rectores, algo habremos avanzado.

55 pensamientos en “Estudios a la boloñesa

  1. Ignacio Sánchez Cuenca nos trae un tema interesante aunque, por desgracia, me quedo igualito que estaba al terminar de leerlo… Incluso al leer los comentarios al respecto. No por nada, sino porque intuyo que aquí se defiende el proceso de Bolonia aunque no vaya a servir para nada.

    Y es que, como bien dice el profesor, la universidad española es una patata, por ser cortés con lo poco salvable que hay. El problema es que nos hemos creído eso de la 8ª potencia económica cuando es una falacia del tamaño de Canadá (aquí los listos sabrán que hay chiste, jojo).

    Se pregunta ISC cómo puede ser que ninguna universidad española esté entre las 100 mejores del mundo. Y la respuesta resulta más que evidente: la universidad española es una mierda porque así la han tratado en los últimos 100 años los políticos de este país. Y si pretendemos que remonte en una década y se ponga al nivel de otras… pues complicado.

    La Universidad española no tiene un chelín. Pero es que los alumnos españoles, tampoco. Así que eso de la movilidad suena cojonudo, pero es una mentira del tamaño de Asia (fíjese que es más mentira que lo de la 8ª potencia…). Porque para “movilizarte” necesitas mucho dinero, así que te lo tiene que pagar papá (no, el Estado no. Sus ayudas -Erasmus- son irrisorias). Y, como creo que ya sabéis, los sueldos de la 8ª potencia económica son diminutos al lado de otros que no se vanaglorian de lo que no son.

    Para terminar, es genial, como dice Mimo Titos, que lo que antes era casi gratis (algo de lo que se queja ISC; anonadado me hayo) ahora se quiera impartir en un 3+2 (o 4+1) en el que la segunda parte la paga a tocateja el estudiante. Así que, al final, profundizará en los estudios el que lo pueda pagar: el rico y el burgués que, según ISC, sale beneficidado con el sistema actual (Anonadado II: el retonno).

    Cuando España se gaste el 30% del PIB a educación me creeré que quieren tener una universidad de calidad.

  2. Desconozco casi todo del proceso de Bolonia y no sé si es más razonable lo del 3+2 o el 4+1. No me preocupa extraordinariamente eso del ranking de las universidades pero intuyo que no debe andar desencaminado ISC en su análisis. Aunque sólo sea porque cuando he leído comentarios anti-Bolonia he llegado rapidamente a la conclusión de que, fuera cual fuese su comntenido, eso de Bolonia no podía ser malo a la vista de la escasa enjundia de quienes lo critican. Y del supuesto movimiento ese de los ocupas de universidades, mejor ni hablar: la cutrez se comenta por sí sola (aunque, una vez más, es destacable -para mal- la sagacidad de los periodistas televisivos que con su peculiar manejo del plural convierten la movida de unas docenas de indocumentados en representación del conjunto del la población estudiantil, con esos titulares del tipo de “los estudiantes universitarios siguen ocupando la Universidad de XXX”).

    Lo que comparto al cien por cien con ISC es lo que señala sobre la regresividad que supone el bajo coste (tasas) de los estudios universitarios en este país. Una auténtica estafa social.

  3. Aitor dice que se halla anonadado porque la universidad ahora es casi gratis y porque ISC se queja de ello. Pero es que es verdad lo que dice ISC: “la universidad se financia con el dinero de todos y que el sistema actual es profundamente regresivo, pues las tasas son bajísimas, apenas cubren un cuarta parte de los costes, y la mayor parte de los estudiantes proceden de clases medias o medias altas”. ¿Te parece bien Aitor que haya tantos estudiantes -y hay muchos, te lo aseguro- que se pasen 5, 6, 7, 8… años matriculados en una carrera, con sus pudientes papás pagándoles la matrícula (una cuarta parte de los costes, tal como dice ISC) mientras la viejecita cuyos nietos no pueden ir a la universidad por falta de medios, y los hijos de la viejecita y papás de sus nietos, pagan los otros tres cuartos de la matrícula del vago que se lo pasa bomba en la facultad sin dar golpe? Porque es así en muchos casos, no es que yo me haya pasado al sector demagogo del blog.

    Yo también recuerdo el desastre del paso de muchas carreras de cinco a cuatro años que sufrió Sicilia como estudiante. Fue un desastre. Pero no porque no se pudieran hacer la mayoría de las carreras actuales en cuatro años, sino porque cuando en la universidad española se reúnen los profesores para hacer un nuevo plan de estudios, lo que en realidad están haciendo es un plan de empleo. Cada departamento defiende sus intereses, no los intereses de los estudiantes y se niegan como gato panza arriba a que desaparezca ni media de sus asignaturas, por absurdas e inútiles que estas sean. Así que si hay que poner cuatro años se ponen, pero sin quitar ni media asignatura. Un desastre.

    El que hayamos pasado a planes de 4+1 en lugar de 3+2 se debe a las mismas razones. Fue el consejo de rectores el que lo propuso, y el Gobierno no se atrevió a oponerse.

    Por cierto, hoy en las páginas de opinión de El País el rector de la Pompeu Fabra escribe también un artículo sobre Bolonia.

  4. No había visto y leído hasta hoy el montaje de El Mundo, con su repugnante portada sobre el asesinato de Uría. Lo único interesante ya en el seguimiento de semejante producto y de su director (y, por desgracia, de sus lectores incondicionales) es ver hasta que nivel son capaces de descender. Seguro que aún pueden sorprendernos más.

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    La vacilante reacción de EA (Unai Ziarreta es la lumbrera que se supone dirige ahora ese grupo) tras el asesinato demuestra la inconsistencia de ese partido que tras haber parasitado al PNV en las instituciones vascas ha soñado con la posibilidad de liderar un bloque abertzale soberanista al margen de ETA. Menudu fantasía: Si hasta para ver qué hay que hacer en Azpeitia, tienen que pararse a pensárselo. Que necios.

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    Hace ya tiempo, a propósito de uno de los últimos atentados de ETA, comentábamos aquí que este grupo estaba ya en tiempo de descuento, aunque ellos aún no lo sabían. Tampoco lo saben -o eso aparentan-, algunos hooligans que intentan arrimar el ascua a su sardina antigubernamental y colocan a ETA en la peana de supuesto poderío o fortaleza, poprque creen que les conviene, relacionando eso con no sé qué concesiones o debilidad del gobierno. El delirio que no cesa. Pero por más funerales que aún debamos hacer es evidente el declive de la banda y lo será aún más a lo largo de esta legislatura, como en la anterior, la más exitosa en el combate contra el terrorismo tanto en el plano político como en el “militar”.

  5. Con lo de 3+2 o 4+1, hay que tener en cuenta que en EEUU y en Gran Bretaña la secundaria está más especializada, y los exámenes de ingreso a la universidad son específicos para cada titulación. Esto hace que las personas que entran a cursar los estudios tengan más conocimientos de sus estudios, y por eso, se puede se puede dejar la carrera en tres años. Por tanto, para copiar bien el modelo, tendría que hacerse la secundaria más específica, lo que quiere decir, como toda especialización, que los jóvenes estarían más preparados en unas áreas a costa de menor preparación en otras.

    Lo que yo no acabo de entender es por qué en España no se procedió simplemente a adaptar ligeramente lo que ya teníamos, llamando grado a las diplomaturas, ingenierías técnicas y primeros ciclos de universdad y máster a las licenciaturas e ingenierías. Esto hubiese supuesto unos pequeños ajustes.

    Queda otra cuestión, la “logsificación” de la Universidad. Básicamente, esto quiere decir que la pedagogía constructivsta ha llegado a la unviersidad, y que con ellla, más impresos que rellenar para cualquier actividad docente, y más cursillos que hacer de forma más o menos obligatoria. Por un lado, no sé muy bien como podré dar unas clases personalizadas a los estudiantes, cuando tengo 300 o más matriculados cada año. Por otro lado, creo que los profesores podemos decidir cuándo debemos dar clases magistrales de las de toda la vida y cuando emplear otros métodos de evaluación. Yo mismo no doy de la misma manera las clases cuando tengo 100 alumnos, que cuando tengo 15, o cuando es primero de carrera o doctorado.

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