Esto con la Dinastía Ptolemaica no pasaba ¿o sí?

Julio Embid

En el siglo XIV antes de Cristo, en Tebas, en la orilla oriental del Nilo, un faraón herético llamado Akhenaton decidió hacer una reforma religiosa y política de primer nivel, anulando los cultos al panteón egipcio compuesto por múltiples deidades como Amón (rey de los dioses), Horus (dios de la guerra), Osiris (dios de los muertos), Ptah (dios de la magia y la arquitectura) o Isis (la diosa madre). Todos estos dioses quedaban anulados por decreto-ley faraónico y a partir de ese momento sólo podría adorarse a un dios de nombre Atón, el dios solar. No hay más Dios que Atón y el faraón es su profeta. Este cambio del politeísmo al monoteísmo por primera vez en la historia de la humanidad, supuso un cambio mayor al de la retirada de merchandishing descatalogado de los otros dioses. Anulaba el papel de cientos de sacerdotes egipcios que tendrían que apuntarse al paro pues ya no podrían ejercer su oficio en los templos. Una desamortización a gran escala.

Además se acababa con el hermetismo sacerdotal, es decir, ya no quedaban secretos religiosos que una casta controlase, ya que con la construcción de nuevos templos al aire libre, cualquiera podría encomendarse a Atón, sin necesidad de una ritualización sacerdotal. Era una verdadera Ley de Transparencia con una religión participativa y no representativa. Como es normal, los que llevaban siglos comiendo de esto, algo tendrían que decir. No iban a dejar que el primer pazguato, por muy faraón e hijo de Ra que fuera, y por mucho apoyo popular que tuviera, les borrase del mapa. Y es que al final terminó muriendo y todo su legado inmediato destruido.

Sin embargo, el principal problema de los egipcios nunca ha sido tanto la guerra entre los partidarios de Atón y los de Amón, sino el empleo. Desde la época de Ramsés II no existe pleno empleo en Egipto y las distintas reformas laborales que permitieron la aplicación de incentivos en la espalda, tampoco mejoraron mucho la situación. Y las declaraciones de la aristocracia tebana pidiendo un mayor esfuerzo y llorar menos, o una mayor movilidad laboral desde Alejandría a Nubia y el Alto Nilo, nunca ayudaron a calmar las aguas. Los recortes en escribas y en recaudadores de impuestos siempre se hicieron notar con el tiempo en las arcas del faraón, pero lo que de verdad movía el mundo eran las Pirámides, construcciones enormes sin sentido, cuya función posterior era francamente muy limitada.

Por fortuna para las cajas rurales no existían en el Antiguo Egipto los seguros agrarios. Si no, con las plagas de mosquitos, langostas y tábanos, todas ellas habrían quebrado sin necesidad de haber comprado bonos basura espartanos y atenienses. Aprendieron entonces que con el Pueblo Elegido pocas bromas aunque guarden silencio.

Las llegadas posteriores de helenos, romanos, bizantinos, ayyubíes, mamelucos, otomanos, británicos y nasseristas no mejoraron mucho el bienestar de los egipcios, y su época dorada quedó muy atrás. Y es que nunca el monoteísmo le sentó tan mal a un pueblo.