Este verano de periódicos flacos

Millán Gómez 

Agosto no es precisamente un mes donde abunden los hechos noticiosos ni novedades de gran repercusión mediática. Suele ser, más bien, un mes de “periódicos flacos”. A excepción hecha de tragedias como la que asoló Galicia el pasado verano con la crisis de los incendios o este mismo en Canarias y Castelló, el interés político reside en dónde veranean nuestros políticos y la ansiedad reinante que tienen todos ellos por darse codazos unos a los otros con el fin de dejar frases célebres con las que pasar a la posteridad como quien deja sus huellas en el Hall of Fame de Hollywood. El indiscutible electoralismo que cubre la gran mayoría del espectro de nuestra clase política llega a límites exagerados y no por ello insospechados. Veamos. Los políticos seleccionan su lugar de veraneo, en algunos casos, con fines claramente políticos y partidistas. De este modo, el líder del PP, Mariano Rajoy, aprovecha su estancia en Sanxenxo para hacer campaña a favor de antiguo alcalde de esta localidad costera gallega y actual líder de la oposición en el Concello de Pontevedra, Telmo Martín. Eso sí, el ínclito Mariano no nos explicó por qué varios empleados del Concello de O Grove aparecieron en las listas del PP de Euskadi en las pasadas elecciones municipales sin el consentimiento de los propios interesados. Noticia, dicho sea de paso, de la que no nos hubiéramos enterado si no fuera por la ardua y detallada cobertura de La Voz de Galicia. 

Rajoy nos explicó también con argumentos propios de niño de tres años que la actual Xunta es poco menos que el eje del mal, que la forman dos gobiernos, que el castellano está perseguido en Galicia y que “el himno gallego no le interesa a nadie”. Que Rajoy afirme esto último lo que es sorprender no nos sorprende, que dirían en mi tierra. Para qué nos vamos a engañar. Lo teníamos calado por sus andares. Pero que lo diga un antiguo diputado en el Parlamento gallego, que aprobó con su voto favorable la Ley de Símbolos de Galicia de 1984 que reconoce el himno gallego como himno oficial de Galicia, ya pasa de castaño a oscuro. Se trata simplemente del enésimo ejemplo de irresponsabilidad y de falta de tacto y sensibilidad que nunca debería tener un líder de la oposición que, además, se postula como presidenciable al Gobierno de España con un supuesto discurso centrista y moderado.

Otro político que aprovecha su lugar de veraneo para no dejar títere con cabeza es José Manuel Barreiro, ex-vicepresidente de la Xunta de Galicia, ex-conselleiro de Medio Ambiente y actual líder provincial del PPdeG en Lugo. Como este señor veranea en la costa de Lugo, un buen día decidió que tenía ganas de dar estopa al bipartito. De este modo, Barreiro reunió al PPdeG de A Mariña (costa de Lugo) en San Cibrao y, entre otras lindezas, dejó una perla para la historia. Abróchense los cinturones que despegamos. El popular considera que “la sociedad gallega tiene que comer cada día y con la actual Xunta la gente no tendrá con qué alimentarse y morirá de inanición”. Y, por supuesto, no pidió disculpas ni nadie de la ejecutiva del PPdeG ni del PP le llamó a filas. Éste debe de ser el centrismo del que presume el PP. No estarán en el centro del espectro político pero, eso sí, no sé cómo se las apañan, pero siempre están en el centro de la bronca y de la crispación. Al César lo que es del César.

Otro de los centros de atención mediática fue la composición del gobierno navarro. Tras los dimes y diretes propios del período postelectoral, UPN gobernará con mayoría simple pese a los deseos de Nafarroa Bai, Izquierda Unida y el PSN-PSOE de formar un tripartito que enviase a los conservadores directamente a los escaños de la oposición. 

Mientras los socialistas navarros eran favorables a un tripartito con los nacionalistas siempre y cuando éstos renunciasen a sus postulados más identitarios  y vasquistas, la ejecutiva federal del PSOE optó por impedir este gobierno con el objetivo de no producir un desgaste de la imagen pública del gobierno de Zapatero a escasos meses de las disputadísimas elecciones generales que se celebrarán previsiblemente el próximo marzo. Esta decisión de la ejecutiva del PSOE provocó la consiguiente dimisión del líder del PSN y último candidato socialista a la presidencia de Navarra, Fernando Puras. 

Esta decisión del PSOE es fácilmente comprensible en tanto en cuanto es una buena noticia para las aspiraciones del PSOE en las próximas generales con el factor añadido de que, una vez celebrada dicha cita con las urnas, el PSN podría promover una moción de censura contra el presidente Sanz, tal y como dejaron entrever en sus declaraciones destacados representantes socialistas como Diego López Garrido y José Blanco. 

En la otra cara de la moneda se halla la disyuntiva de que, como vivimos en una democracia y, por tanto, en un marco político con soberanía popular, los navarros son dueños de su futuro y en el voto de cada uno de ellos recae la responsabilidad de elegir quién comandará su comunidad durante los próximos cuatro años. 

Pues bien, los navarros eligieron el pasado 27 de mayo como fuerza más votada a UPN pero con una importante caída con respecto a los comicios anteriores y un espectacular ascenso de la coalición vasquista de Nafarroa Bai. Este contexto debe ser siempre tenido en cuenta y, como los políticos extraen siempre las conclusiones que les convienen en cada momento, es perfectamente legítima la idea de que la sociedad navarra apostó por un cambio de gobierno con una destacada parcela de gobierno para el vasquismo. 

Por lo tanto, por muy nacionalista que sea Nafarroa Bai, es una formación política democrática y como tal tiene todo el derecho a ser votada. Ningún demócrata debería asustarse porque forme parte de un ejecutivo por muy alejado que esté de las preferencias ideológicas de cada uno. La democracia necesita de los que piensan de modo diferente a uno. 

A aquellos socialistas que preferían una coalición a la alemana entre UPN y PSN, les formulo una pregunta: ¿qué es preferible, gobernar con nacionalistas o permitir un gobierno de la derecha que les demonizó proclamando injurias del grado de llegar a decir que Navarra estaba vendida? Algún día deberán responder en Ferraz a esta cuestión. 

Por lo demás, comienza un curso político sumamente interesante al vislumbrarse al final de la última curva un reñido sprint entre PSOE y PP para las próximas generales. El tiempo pasa y deja atrás un verano donde nuestros políticos siguen haciendo historia con proclamas irresponsables y donde Galicia, por fin, no ha sido el triste destinatario de los focos informativos por las tradicionales plagas de incendios. Unos dirán que porque han reforzado los medios de prevención de incendios y por la mala climatología y otros por casualidad divina. Vamos, lo de siempre.