Este texto no habla del partido socialista

Senyor_J

Hoy es 11 de octubre y cuando este articulo se publique estarán durmiendo en sus casas, plácidamente, confiando en despertarse a alguna hora de la mañana y convencidos de que el día siguiente transcurrirá dentro de lo imaginable. Sin sorpresas, sin sobresaltos. De hecho están convencidos de que habrá un mañana y al despertar se ratificarán en su convencimiento. Por su parte, ese pequeño porcentaje de personas que no se despierte, porque habrán muerto durante la noche, no estarán en condiciones ni de decepcionarse, ya que simplemente no estarán y el resto seguiremos confiando en lo que predica ese viejo refrán catalán: “qui any passa, any empeny”.

Imaginémonos por el contrario que de repente mañana ya no fuera mañana y que pudiéramos ser conscientes de ello. Que no hubiera ni un miércoles, ni un jueves, o que tampoco hubiera habido un martes, un lunes o un domingo, y que ustedes supieran que eso ha sucedido. Imagínense que un viernes 1 de octubre se fueran a dormir y se despertaran un 15 de octubre, tras unas horas de sueño. Una dormida de unas horas se habría convertido en un desplazamiento temporal de 15 días. De repente serían 15 días más viejos aunque probablemente se sintiesen más vitales que la noche anterior. La cuestión sería determinar lo sucedido en ese periodo: ¿habría transcurrido una noche o 15 días repletos de hechos que se habrían concentrado para uno mismo en un periodo de sueño indeterminado? ¿Podemos especular sobre si sería posible que se hubieran acostado con Pedro Sánchez siendo secretario general y se hubieran levantado con el secretario general destituido…? ¡Perdón! Sin darme cuenta ya les estaba hablando del partido socialista…

Las especulaciones sobre lo materializable de una idea concreta, por absurda que sea, son siempre entretenidas, aunque a menudo tan improductivas como ver en la tele el Gran Hermano. ¿Podríamos hallar algún 11 de octubre ausente que nos indique que nuestra hipótesis puede tener algún sentido? Lo cierto es que sí, si miramos un poco hacia atrás podemos encontrar esa ausencia. Hubo un 11 de octubre que nunca existió, ni tampoco un 10, ni un 9… pero si un 4 y después un 16 y a partir de ahí todo fue bastante normal. Sucedió con motivo de la entrada en vigor del calendario gregoriano durante el año 1582. Al papa Gregorio XIII no le quedó otro remedio que publicar la bula correspondiente (Inter Gravissimas) y hacer desaparecer diez días del calendario, de modo que en aquel año se quedaron sin esos días y sin sus respectivas noches. Eran tiempos en que la iglesia era hegemónica, pero también la nobleza, con sus condes y sus barones, y en la comisión que examinó la decisión estaba Chacón, que no es la misma persona que siglos después competiría con Rubalcaba a voz en grito y posteriormente dimitiría de la ejecutiva del PSOE de la mano también de ciertos barones. Se trata de Chacón el matemático, cuyo nombre era el mismo que el del secretario general del PSOE, Pedro…, pero creo que ya me he vuelto a ir por peteneras. No sé porque ha salido por aquí de nuevo el partido socialista.

Retomemos. La medida se implementó en nuestros queridos estados peninsulares de España y Portugal, en un momento en que ambos formaban parte de los dominios de un mismo soberano. La crisis sucesoria de Portugal puso al frente de dicho reino a uno de los reyes más exitosos de la historia de España, Felipe II, que contra lo que pudiera parecer por su nombre, no era hijo de Felipe I, denominado el Hermoso y poco conocido por su corta estancia en España, sino nieto. Su padre se llamaba Carlos, al que llamaron primero de España y quinto de Alemania, que para entonces no eran los estados que conocemos ahora sino otra cosa, mal le pese a algunos, o mejor dicho, a la mayoría. Después la cosa ya se puso en orden: Felipe II bautizó a su sucesor como Felipe III, y este al suyo como Felipe IV. Los reyes se numeraban por entonces a la perfección y no desaparecían días del calendario. Después volvieron los saltos, al menos en los numerales, y Felipe V vino mucho más tarde, y Felipe VI no digamos. Y lo más gracioso es que tan poco conocido era Felipe I, que tuvieron que inventarse otro llegado el siglo XX. “Como Felipe no hay ninguno”, decían en las calles, pero no le pusieron I, sino González, además de una chaqueta de pana, y le nombraron secretario general del partido socialista, así como avisador para actos de sublevación interna desde las ondas. ¡Pero ya nos hemos ido otra vez a donde no debíamos! ¿Por qué hay que acabar hablando siempre del partido socialista?

La adopción del calendario gregoriano sería paulatina en todos los países conocidos y por conocer, de modo que llegado el año 1700, la ya mencionada Alemania también lo adoptó, pero para nosotros el 11 de octubre de 1700 siguió existiendo. ¿Y saben lo más gracioso? Que justo ese mismo día, otro Carlos (segundo en este caso) nombraba a otro Felipe (de Borbón para más señas), legítimo heredero al trono de España, que no sería otro que Felipe V. Ambos tenían en común, por cierto, que les flojeaba la mollera. Puesto que a la que nombras un Borbón, ya no te los quitas de encima así como así, el siguiente, que no sería Gonzaléz, porque ese forma parte de otro recuento, sino sexto, 300 años después, aun sería Borbón. Pero la llegada de ese otro Borbón al trono jamás hubiera sido posible en su momento sin la abdicación de otro Borbón, Juan Carlos, quien además de amar la caza mayor curiosamente se llamaba como un mítico líder del partido socialista en Extremadura, y dicen que en su abandono tuvieron mucho que ver las gestiones realizadas por el ya mencionado Rubalcaba. Un hombre este, que en su día fue considerado como la mejor tabla de salvación de su partido, como hoy se espera de Javier Fernández, señalado últimamente como un referente moral. También le atribuyen un papel en la caída de Pedro, no el Cruel, naturalmente, sino Sánchez…, y ahí estamos de nuevo con el partido socialista, ¡pero aquí lo dejo ya!