Esperanzas coreanas

LBNL

La cumbre inter-coreana del viernes salió bien, como preveíamos la semana pasada. Pero por supuesto queda mucho por delante para que podamos llegar a la desnuclearización de la península coreana, objetivo compartido por los Presidentes Kim Jong-Un de Corea del Norte y Mun Jae In de Corea del Sur y de la comunidad internacional en su conjunto. De todas formas, la cosa pinta bien, al menos mucho mejor de lo que ha pintado en mucho tiempo. Recordemos que el pasado mes de agosto estábamos contemplando la posibilidad de un misilazo nuclear contra Guam o Alaska o un ataque preventivo norteamericano contra Pyonyang, que implicaría la muerte inmediata de varias decenas de miles de surcoreanos a manos de la artillería del norte. Ahora en cambio Kim ha suspendido las pruebas nucleares y de misiles balísticos (los que sirven para dispararlas contra el enemigo), se muestra dispuesto a inutilizar su principal centro de pruebas nucleares en mayo, declara estar disponible para reunirse con el Primer Ministro japonés y prepara su próxima cumbre con el President Trump para dentro de un mes. Por su parte Trump declara que el fin de la guerra de Corea es factible. Ojalá.

De hecho, que Trump esté al frente de Estados Unidos es un elemento positivo en este contexto porque lo único que le interesa es apuntarse el tanto de la desnuclearización de Corea del Norte, que es sin duda la máxima prioridad. Otros presidentes, sin embargo, no fueron capaces de priorizar y se dejaron llevar por la tentación de tratar de terminar con el régimen norcoreano. Sin ir más lejos, George W Bush incluyó a Corea del Norte en su particular Eje del Mal junto a Irán y Libia y aprovechó todas las oportunidades que se le presentaron para suspender los acuerdos alcanzados por Clinton. Eran otros tiempos en los que Washington, imbuído de la mística post-troskista, creyó que cabía imponer la libertad por la fuerza y que una mala guerra era siempre mejor que un buen acuerdo.

La dictadura norcoreana no tiene otro objetivo que su propia supervivencia. El terror doméstico es sin duda horrible y merece las mayores condenas, similares a violaciones de Derechos Humanos y ausencia de libertades parecidas en otros lares. Pero lo que diferencia a Corea del Norte es su peligrosidad para la seguridad internacional. Y eso es lo que hay que atajar. Clinton encauzó el problema correctamente pero, simplificando, Occidente no respetó todos los compromisos asumidos. Corea del Norte entendió que debía doblar la apuesta. Y lo hizo.

El tercer Kim, vilipendidado hasta la saciedad por nuestra propaganda, ha jugado con fuego, desarrollando su programa nuclear explosión subterránea tras explosión subterránea y demostrando misilazo a misilazo que sus ingenieros se iban acercando peligrosamente a poder alcanzar territorio norteamericano.

En los últimos tiempos las pruebas balísticas norcoreanas pasaron a desarrollarse en horizontal. Hasta entonces, Corea del Norte lanzaba sus misiles hacia arriba, llegando cada vez más lejos, y aunque esa capacidad siempre se proyecta en horizontal, no dejaba de ser una proyección teórica. Cuando se sintió lo suficiéntemente preparada, los misiles comenzaron a volar en horizontal, sobrevolando Japón o llegando hasta los aledaños de la isla norteamericana de Guam. El mensaje era nítido. Tan nítido como el de creciente capacidad de las detonaciones nucleres subterráneas.

A decir de los expertos, hoy por hoy Corea del Norte no podría alcanzar territorio continental de Estados Unidos con un misil nuclear. Su capacidad de miniaturizar una bomba nuclear para meterla en el misil y la capacidad de tal misil para re-entrar en la atmosfera no están demostradas. Claro que, para demostrarlo Corea del Norte tendría que arriesgarse a provocar un ataque preventivo norteamericano. En todo caso, su capacidad para hacer lo propio contra Japón o contra la base de Guam parecen claras.

En los últimos días se ha publicado que las últimas pruebas nucleareas norcoreanas habrían inutilizado su centro de pruebas, el mismo que ahora Kim dice estar dispuesto a clausurar con luz y taquígrafos. También que la razón última de que haya dado su brazo a torcer es que China, su principal socio económico y aprovisionador de petróleo, haya endurecido su cumplimiento de las sanciones unánimemente acordadas por las Naciones Unidas. Puede ser.

Pero no es menos cierto que Corea del Norte lleva años reclamando garantías de que no será atacada por Estados Unidos, las mismas que reclama ahora como contrapartida a su desnuclearización. Desnuclearización que extiende a toda la península coreana porque nunca ha creído que Estados Unidos cumpla con su declarada ausencia de armas nucleares en el Sur. En otras palabras, Kim está dispuesto a abandonar sus programas nuclear y balístico si Estados Unidos se compromete a no invadirle. Para lo cual, no hay mejor garantía que estrechar lazos con el Sur ahora que vuelve a estar dirigida por un Presidente dialogante y no sometido al imperio de su garante de seguridad. Baste recordar como puso el grito en el cielo ante el despliegue norteamericano de la primera fase de su escudo anti misiles a sus espaldas y como suspendió ulteriores despliegues.

El régimen norcoreano seguirá siendo horroroso para sus propios ciudadanos y la dinastía que ahora lidera Kim Jong Un seguirá siendo un ejemplo de todo lo que un país debería evitar para progresar y contribuir positivamente al desarrollo de la comunidad internacional y la especia humana. Pero no conviene olvidar que Corea del Sur estuvo dirigida por generales durante décdas y que las continuas maniobras militares conjuntas de surcoreanos y norteamericanos resultan ciertamente amenazantes. Desde su punto de vista, Corea del Norte simplemente se ha defendido de la planeada agresión de un régimen títere que pretendía poner fin a la guerra de Corea con la victoria que no pudo conseguir en los años cincuenta. China y Rusia también lo han visto así durante largos años en los que el conflicto coreano no dejaba de ser una segunda parte siempre inacabada de la guerra de Vietnam.

Es posible que Kim esté actuando tácticamente y tratando de mitigar el efecto de la mayor presión china. Es posible que el obeso sátrapa de Pyonyang simplemente se esté enrocando para acumular fuerzas y volver a las andadas. Es posible en fin que Corea del Norte esté aprovechándose de la estupidez intrínseca de Trump para hacerle caer en una trampa, tras lo cual redoblaría sus esfuerzos nucleares dejándonos a todos con el culo al aire.

Es, sin embargo, poco probable. Porque Kim, que según han filtrado los surcoreanos le dijo a Mun que él no era de los que disparan armas nucleares, es a decir de los que han tenido la oportunidad de reunirse con él, un tipo bien preparado, perfectamente racional y con objetivos claros. Tensar la cuerda sería en este contexto la mejor manera de aparecer ahora como un estadista razonable, que controla completamente el entramado estatal norcoreano y que está dispuesto a firmar un acuerdo siempre y cuando respete todas las líneas rojas que Corea del Norte ha exigido tradicionalmente.

No tiene demasiado sentido advertir que sería prematuro levantar las sanciones: Kim no está exigiendo que se le “recompense” por sentarse a negociar. Ni siquiera exigió para reunirse con Mun que se suspendieran las amenazadoras maniobras militares, que sin embargo fueron menos agresivas de lo acostumbrado hace un par de semanas.

Kim va a exigir garantías completas de que no será atacado o depuesto y China y Rusia le apoyarán sin reparos. Y va a exigir compensaciones económicas a cambio de lo que llevamos exigiéndole a Corea del Norte desde hace años: desnuclearización total y verificable. No será la primera vez que Corea del Norte lo acepta. Ojalá en esta ocasión respetemos lo acordado y consigamos el objetivo. Lo demás, la “liberación” del pueblo norcoreano vendrá por añadidura poco después, bien de la mano de la unificación con Corea del Sur, bien por la asimilación del régimen norcoreano al “capitalismo comunista” chino. Lo que está claro en todo caso es que bombardeando Corea del Norte dificilmente liberaríamos a los oprimidos norcoreanos o pretegeríamos a los surcoreanos o japoneses de un conflicto bélico sin parangón en tiempos recientes.

Así que, por una vez y sin que sirva de precedente, ánimos a Trump y recemos porque consiga anotarse un gran tanto internacional. Asumiendo que tendrá lugar, esperemos que la cumbre sea un éxito y que lo acordado se cumpla posteriormente, por ambas partes y por el resto de la comunidad intenracional, Unión Europea incluida, que sin duda será llamada a colaborar con ayuda económica.

Y recemos porque el éxito sea tan importante que Trump maniate a su asesor de seguridad nacional Bolton, enemigo declarado de Corea del Norte y capaz, si no le atan en corto, de sabotear cualquier avance que no suponga la rendición incondicional del enemigo de antemano.

Por cierto, igualmente importante: enhorabuena al Barça de mis amores por su octavo doblete de Liga y Copa materializado ayer. Que mejor broche para la despedida del ya añorado Iniesta.

2 pensamientos en “Esperanzas coreanas

  1. Como una parte del artículo ( que está francamente bien ) se refiere a la personalidad de los adversarios , creo que lo único que podemos añadir es un pequeño retrato de cada uno de ellos desde el punto de vista psiquiátrico.

    Kim Jung Un padece -y Corea del Norte con él -un narcisismo maligno con brotes de trastorno delirante paranoide , que se conformaron desde su infancia mediante una educación sin límites y sin tolerancia alguna a la frustración, haciéndole creer que era un elegido.

    Poco susceptible a tratamiento , su enfermedad mental se agrava con la edad.
    En cuanto a Donald Trump , en un artículo, publicado en la revista Behavioral Psychology, el catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la UGR, el doctor Vicente Caballo, afirmaba que, tras analizar al presidente de EU, éste cumple todos los criterios que la Asociación Americana de Psiquiatría establece para el diagnóstico del Trastorno Narcisista de la Personalidad (TNP).

    Así pues , ambos comparten patologías y cortes de pelo imposibles . El mejor Llongueras lo tendría muy difícil.

    No estoy muy seguro de la racionalidad que son capaces de desplegar pero tal vez , si comen juntos y bien cebados , ordenen abrir portafolios y trabajar sobre documentos hasta que una afección del páncreas termine con los dos y nos dejen en paz , que la vida es muy dura para que nos la compliquen.

  2. Interesantes los perfiles psiquiatricos que nos aporta Mulligan. Mi interés es saber que impulsó a Kim Jong Un y su inteligente hermana a invertir radicalmente su hasta ahora agresividad nuclear. El mismo ha dicho que quiere dedicar recursos al crecimiento economico en vez de la balística. En ese caso, parece que no es tan tonto. Parece que se ha dado cuenta de que los ciudadanos de su Corea no pueden estar viviendo siempre de la retórica belicista y que por debajo de sus aplausos continuos, desean mejorar su confort material y alimenticio. ¿Intenta, pues, hacer un simulacro de Gorbachev? ¿ O bien, ¿ Está harto de depender de Xi Xingpin, el presidente chino como su único valedor internacional ? Tiene que haberle ofendido mucho que el lider chino le haya impuesto sanciones comerciales.
    En todo caso, su prestigio ante su pueblo debe haber caido mucho. En efecto, han contemplado por televisión a los dos lideres coreanos, Kim Jong-Un de Corea del Norte y Mun Jae In de Corea del Sur bajando juntos por unas escaleras de Panmounjong. La imagen del bajito y gordinflón del Norte resulta ridícula frente a la esbeltez del presidente del Sur. Su hunde la imagen de semidios que se le quería dar en su país, como nieto del gran lider fundador de la dinastía.

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