Esperanza y el agua

Marta

 

Menudo espectáculo el del otro día en la Asamblea de Madrid. Cuando vi las imágenes, al principio no logré entender nada: sólo me pareció ver que, una vez más, la presidenta de la Comunidad de Madrid se encontraba en su sitio favorito: en el centro de la polémica. Luego ya sí, quedó claro el asunto: la Mesa de Portavoces de la Asamblea había decidido que no se podía beber agua en los escaños, pues eso había creado problemas al sistema electrónico de votación.

 

Esperanza Aguirre fue la primera en desafiar este acuerdo, y, de un modo un tanto inexplicable, desde las bancadas socialistas se le siguió el juego. También resultaba chocante asistir al desafío de la presidenta de la Comunidad a la presidenta de la Asamblea, y más por un asunto, en el fondo, tan tonto, y más si tenemos en cuenta que son del mismo partido político.

 

Todo este numerito lleva a pensar, una vez más, en la capacidad que tiene Esperanza Aguirre para dar la nota allá donde va. Más allá de la mayor o menor simpatía política o personal que suscite, no queda más remedio que admitir, por más que duela un poco, que estamos ante un auténtico animal político que sabe estar en boca de todos y cómo ocupar un sitio destacado en los medios de comunicación, incluso en aquellos que no le son en absoluto afines.

 

No queda más remedio que preguntar con frialdad y objetividad: ¿quién no conoce a Esperanza Aguirre? Que levante la mano quien no conozca algún chascarrillo suyo, o alguno de sus numeritos más sonados. Por ejemplo, lo de “Sara Mago”, esa importante escultora mexicana, forma parte del acervo popular. El otro día, sin ir más lejos, salió a relucir en una conversación de sobremesa.

 

Y a modo de contraste, analicemos la figura de Tomás Gómez, presunto líder de los socialistas madrileños: ¿alguien conoce alguna frase suya destacable? ¿Algún pensamiento inolvidable? ¿Algún gesto? ¿Algo? Si todos responden negativamente a todas estas preguntas, es obvio que estamos ante un problema serio. Si se quiere competir con alguien con la presencia de Aguirre, debería esmerarse mucho más de lo que aparentemente lo ha hecho hasta ahora.

 

Se hace necesario un cierto realismo: la presencia en los medios de comunicación es esencial para tener alguna posibilidad de ganar unas elecciones. Y para salir en estos medios hay que hacer algo que “llame la atención”, ya sea en forma de gestos o de palabras, en especial en los medios que no son afines a una determinada corriente política. En este caso hay que actuar de manera que a estos medios no les quede más remedio que hablar de determinado personaje, más allá de su ideología política.

 

No se trata, ni mucho menos, de montar los números de Aguirre, pues eso sólo le sale bien a ella, pero sí de ser capaces de “vender” una idea, una imagen, algo que anime a la decaída izquierda madrileña. Citar como ejemplo a Obama suena trillado y manoseado, pero es, en la actualidad, el ejemplo más destacado de que pocas cosas son imposibles.

 

Eso, en el caso de los socialistas, no sólo sirve para quienes están en la oposición, en Madrid y en otros muchos lugares de la geografía española, donde en ocasiones languidecen determinados políticos totalmente hechos a la idea de que es imposible ganar unas elecciones en un contexto conservador. También deberían cuidar las relaciones con los medios de comunicación aquellos que están en el poder, y los primeros de todos, Zapatero y su Gobierno.

 

Y es que más allá de la remodelación del Gobierno, que ha llenado hojas y hojas en los medios escritos, y ocupado minutos y minutos en los audiovisuales, parece inevitable percibir una cierta sensación de languidez por parte de los que ocupan el poder.

 

Uno de los casos más sangrantes lo tenemos en el Congreso de los Diputados, con José Antonio Alonso de portavoz. Quien no se recuperó de la “pérdida” de  Alfredo Pérez Rubalcaba, y menos con la presencia de Diego López Garrido, tampoco ha tenido muchos motivos para el entusiasmo con Alonso, más allá de sus indudables cualidades como gestor. Por eso no deja de sorprender que hayan sustituido al adjunto, Ramón Jáuregui, en lugar de mandar al titular a Europa.

 

Como dicen que la esperanza es lo último que se pierde, todavía cabe en confiar que en haya algún tipo de reacción a la hora de tomar la iniciativa de modo que se deje la sensación de que el Partido Popular, y en especial, algunos de sus dirigentes, siempre parece ganar la batalla de los medios de comunicación.