Esperanza se va

LBNL

¿Por qué? De momento nadie lo sabe a ciencia cierta. Ella dice que su reciente enfermedad (y quizás la de algún familiar) le han hecho sentir la necesidad de pasar más tiempo con sus seres más queridos.  Nada que objetar. Tampoco a sus explicaciones sobre que nunca ha sentido la política como algo perpetuo, aunque uno no puede dejar de sentir que ojalá su dedicación hubiera sido algo más corta. Ahora bien, tras aclarar que está “presuntamente curada” (sano escepticismo optimista) se cuidó muy mucho de subrayar la ausencia de factores políticos en su decisión, lo cual fue suficiente para que los “analistos” se lanzaran a especular sobre sus discrepancias con Rajoy.

No tengo ninguna información privilegiada sobre sus motivaciones y si bien de esta mujer me espero siempre lo peor, en este caso considero que bien podría ser que su decisión venga motivada casi en exclusiva por el primer motivo aducido. Tiene 60 años, es rica, podría haber más posibilidades de que su salud vuelva a resentirse si sigue trabajando al mismo ritmo y es abuela, todo lo cual son razones muy sensatas para pasar a un segundo plano.

Pero incluso si este es verdaderamente el caso, cabe reprocharle una cierta irresponsabilidad y una gran carga de egoismo, puesto que su puesto como Presidenta de Madrid es una función pública de suficiente importancia como para que su fuero interno no sea la única consideración. Aznar y Zapatero anunciaron su retirada con demasiada antelación, o con demasiado poca, pero fueron responsables y permitieron que las fuerzas políticas y la opinión pública digirieran sus razones y maniobraran para su reemplazo (con mayor o menor acierto, esa es otra historia, o más bien dos). Esta mujer, que siempre ha sido más chula que un ocho, se siente cansada, habla con su marido e hijos y ni corta ni perezosa le comunica (que no consulta) a su Presidente que lo deja, y a continuación se lo cuenta a todo el mundo, dejando con el culo al aire a los Consejeros de la Comunidad de Madrid y a su partido.

Sólo cabría aceptar semejante conducta si dentro de unos días o de unas semanas nos enteramos de que está muy gravemente enferma. Pero, afortunadamente, no parece ser el caso porque dice estar bien de salud y tener una revisión en el horizonte, esto es, no haber tenido una recientemente en la que pudieran haberle encontrado algo.

Así que, como mínimo, egoista e irresponsable; nada nuevo por lo demás para una mujer que siempre ha patrimonializado la función pública: aquí pongo a fulano, aquí a mengano, a éste me lo cargo porque no me gusta, a éste para vengarme de no sé qué, etc. Yo me lo he ganado con los votos y ahora este es mi cotarro particular para los próximos cuatro años, y probablemente los siguientes, así que hago lo que me da la gana.

Me contó un amigo que tuvo trato profesional con ella, que en una reunión formal en la que le tocó explicar un problema judicial potencialmente grave para la institución en la que trabajaba, la ya ex Presidenta respondió que durante su paso por el Ayuntamiento de Madrid se había dado una circunstancia similar pero que 18 años después, la sentencia en contra todavía no se había ejecutado así que, Esperanza dixit, “despacito y buena letra. Pasemos al siguiente punto”. Es decir, me la bufa lo que diga un juez. Y también lo que diga el Presidente de mi partido, si es necesario. O incluso las urnas, si la suma de escaños de los otros dos partidos es superior a los conseguidos por mí: mis amigos se ocupan de encontrar tránsfugas y yo consigo gobernar, que es lo que quería.

Lo más grave de esta política no son sus deslices captados por la prensa o sus enfrentamientos con Gallardón, sino su absoluta falta de escrúpulos para conseguir sus propósitos. Ha conseguido desligarse del escándalo Gürthel pese a que la red consiguió tanto dinero de la Comunidad que gobernaba con mano de hierro como de la valenciana. Obligó a dimitir a unos cuantos corruptos y con eso quedó limpia cuando es notorio que uno de los “dimitidos”, el Consejero López Viejo, era una de sus “manos derechas” y, además, le echó la responsabilidad al anterior Presidente del PP en Madrid: “pregunten a Pio, Pio”.

Montó un follón absolutamente inaceptable en cualquier país civilizado para poner a su segundo al frente de Cajamadrid, sometiendo a una zozobra insoportable durante largas semanas a una de las principales (lo era todavía) entidades financieras de España. Por no hablar del espectáculo lamentable de espionaje ilegal cruzado entre su Vicepresidente y su Consejero de Seguridad, Granados, con imágenes en Cartagena de Indias con bolsas blancas llenas, apartamentos de lujo a nombre de otros y policías públicos utilizados para fines oscuros y privados.

Y, para colmo, chantajeó a su jefe, Rajoy, para que Gallardón no fuera de diputado en las elecciones de 2008, orquestando posteriormente una campaña absolutamente cobarde para desbancarle del liderazgo del partido tras perder las elecciones. Cobarde porque nunca dio la cara y cuando no lo vio claro, reculó.

Ahora se va, como siempre, cuando ella quiere y como ella quiere. Como decía, salvo alguna circunstancia personal grave no revelada, su decisión es una nueva muestra de chulería de alguien que empezó siendo percibida como tonta de solemnidad (recuerdan cuando dijo que no había visto la película “Air bag” porque ella sólo veía cine español?) y ha acabado resultando una serpiente escurridiza odiada, en primer lugar, por muchos de sus correligionarios políticos.

Para ser equilibrados, reconozcámosle al menos que cuenta con una cualidad: capacidad de conectar con la gente. En público es capaz de ser simpática, lo que no se le da tan bien en privado.

Y para terminar, esperemos que el PP nacional impida que la Comunidad de Madrid vaya a ser gobernada por Ignacio González. Es un personaje absolutamente bajo sospecha que no tendría ningún futuro político en ninguna democracia asentada. Y sería demasiado que, junto a la Alcaldesa Botella, las dos principales autoridades públicas de Madrid, no lo fueran a resultas de haber encabezado una lista votada por el electorado.