Esperanza para Cuba

Alberto Penadés 

Fidel Castro ha dicho que el sistema cubano no funciona ni en la misma Cuba (no me pregunten dónde sí). El hombre que dijo que no daría un paso atrás ni para coger impulso, no se refiere con ello al sistema político-policial que permite gobernar a su camarilla, lógicamente, sino a la presencia del estado en la economía. Hay que suponer que se refiere a lo que él llamaría socialismo, si se tratara de mantenerla y no enmendarla.

Los cambios en Cuba han venido siempre muy forzados por las circunstancias. Sólo tras el hundimiento provocado por la desaparición de la URSS, a la que la economía cubana estaba intubada, se avinieron a celebrar, al menos, simulacros electorales. La disidencia existe de forma semiorganizada, en pequeños grupos, justo desde entonces. Como señal de que algo también cambiaba en la economía puede tomarse el dato de que la proporción de empleados públicos empezó a retroceder desde casi el 100% al 75% aproximadamente.

Pero los ánimos del tirano nunca han flojeado. Mi momento “preferido” es cuando aseguró que “pronto, entre Cuba e Irán, pondremos de rodillas a los Estados Unidos” (en mayo de 2001 desde Teherán). Que EEUU sufriera una feroz secuencia de ataques terroristas cuatro meses después es una coincidencia que impide tomárselo con el humor que merece.

Evidentemente, F. Castro ya no es el mismo, y dicen que a R. Castro le gustaría la vía china: mismo poder, misma policía, pero que corra más dinero. Si Cuba tuviera grandes recursos, o el tamaño de China, los cubanos estarían jodidos por otra buena temporada, pero es de esperar que no sea así.

A todo esto, Leire Pajín y Elena Valenciano van de visita a Cuba, oficialmente en representación del PSOE y para poner al día sus relaciones con el Partido Comunista Cubano. Ante las críticas de por qué no visitar (también, al menos) a la oposición, Valenciano, en un momento realmente bajo de alguien que normalmente brilla, ha dicho que “no se pueden hacer las dos cosas a la vez”. ¿Y no es ese el problema precisamente? Algunos de quienes han salido en su defensa pública han dicho que han ido a continuar la política del gobierno, para procurar apertura y excarcelaciones. ¿Por qué no van funcionarios entonces? ¿O es que la ejecutiva del partido hace política de gobierno? (Ya estuvo mal que Zapatero citara a Gómez en Moncloa y no en Ferraz, por ejemplo, aunque pueda ser un asunto menor, pero se van acumulando cosas).

Pero, sobre todo, ¿a qué diablos van allí si hasta los disidentes “a rescatar” echan pestes de la visita?

Casi toda la gente de mi generación, y aun creo que la mayor parte de la precedente (salvo Miguel Bosé y alguno más de ese estilo), hace tiempo que dejamos de tener el más mínimo resquicio de duda sobre la mierda que nos contaron sobre Cuba. Si hasta Saramago dijo basta y, con perdón del difunto, no se puede decir que brillara por sus reflejos. Me gustaría dejar claro a la ejecutiva del PSOE que las relaciones entre el partido y el PCC me dan cien patadas, y no creo ser de los menos sino de los más.

No estoy a favor de bloqueos ni nada que se le parezca. Personalmente no creo que las sanciones internacionales sirvan de mucho, aunque algo de presión, sabiamente administrada, pueda ayudar. Las sanciones se distribuyen muy poco equitativamente a lo largo del planeta, y esto hace que algunos consideren legítimo dar su apoyo a terribles dictaduras como la cubana, lo que en cierto modo supone un refuerzo que puede compensar en parte por las sanciones. En todo caso, la clase dirigente no siente las sanciones demasiado en carne propia, y estamos hablando de un régimen cuya característica es que la clase dirigente hace más bien lo que le da la gana. Además, siendo realista, un acoso excesivo, si la tiranía todavía es fuerte, como sucedió en Irak, puede llevar al líder a jugarse su destino, y el de su país, a la lotería antes que ponerse la soga alrededor del cuello.

Dicho esto, tampoco creo (menos, si cabe) en la “ayuda exterior” a las dictaduras. Las ayudas al desarrollo normalmente frenan el desarrollo político, son un maná que los tiranos administran para mantenerse en el poder, volviéndose todavía más insensibles a los intereses y demandas de la población.

Si de mí dependiera, sometería a Cuba a una fuerte presión política y a un régimen tolerable de sanciones, pero les dejaría vivir, trabajar y comerciar, en todo lo que pueda depender de otros países. Es necesario que los cubanos se organicen para quitarse de encima a sus opresores, esperemos que de forma pacífica. No hay que negarles nada, sin dar auxilio a sus enemigos; ya no pueden tardar mucho.