España en llamas

Marta  

Los incendios forestales forman parte del panorama veraniego español, como los atascos camino de la playa, las ciudades vacías, el calor agobiante o muy agobiante, las muy deseadas vacaciones… Parece casi algo tan irremediable como la sequía o la gota fría. Y es cierto que un año tan seco como el que estamos viviendo hace que los incendios sean más probables. Los peores pronósticos se han cumplido y ya se afirma que este ha sido el peor verano en una década en cuanto a número de hectáreas quemadas.

Y sin embargo, es mucho lo que se podría hacer para prevenir la triste visión de los montes calcinados. Esta labor de prevención, que contribuiría a minimizar los costes económicos que todo incendio supone, parece que tampoco se ha librado de esa fiebre frenética de recortes. Tal vez sea un ámbito en el que se perciba muy bien cómo la visión rácana y a corto plazo, ese empeño de ahorrar unos pocos euros aquí y otros pocos allá, sale muy caro a medio y largo plazo.

Este año ha habido unos cuantos (demasiados) incendios que han puesto en peligro la vida de muchas personas (eso cuando no ha habido víctimas mortales), han afectado a cientos, e incluso miles, de hectáreas de territorio de alto valor ecológico y económico,  y, de paso, han puesto en evidencia el coste de una escasa o nula política de prevención de incendios.

El último de una lista que empieza a resultar ya excesivamente larga es el que se inició en la tarde del jueves de la semana pasada en Málaga, como triste colofón de un mes complicado. Cuando escribo estas líneas, se hablaba ya de1.000 hectáreas quemadas, por  no mencionar a las miles de personas que han tenido que ser evacuadas de urbanizaciones de localidades costeras como Mijas o Marbella.

La pasada semana tuvo lugar, además, otro incendio, esta vez en la Sierra Oeste de Madrid, que según cálculos extraoficiales, ha arrasado con más de1.200 hectáreas de vegetación (el Gobierno dela Comunidad de Madrid, por cierto, está siendo muy remolón y reticente a la hora de proporcionar cifras) y ha obligado a evacuar a varios cientos de personas. Este incendio se considera como el peor de la Comunidad de Madrid en décadas, y además ha destruido  zonas de alto valor ecológico y hábitat de varias especies protegidas, como el buitre negro, el águila imperial y la cigüeña negra.

La polémica política es habitual en Madrid ante cualquier suceso, y no podía ser menos con este grave incendio. Aunque queda claro que los responsables son los que lo causaron (el incendio fue intencionado), también es cierto que habría que aclarar otros extremos, denunciados por los propios bomberos, como es la reducción de retenes en zonas clave. La reducción de retenes hace que la respuesta sea más lenta, en unos momentos en que la rapidez es vital.

Otras zonas gravemente afectadas, a modo de somera enunciación han sido las siguientes:

–        Sur de la provincia de León: un incendio que se ha controlado después de cerca de una semana, ha arrasado más de11.700 hectáreas de terreno (la gran parte, zonas arboladas) y ha arruinado las expectativas de reactivación económica de la zona con la vuelta a la industria resinera.

–        La Gomera: un incendio en agosto, que ha durado más de 10 días, ha arrasado más de 4.000 hectáreas de terreno de gran valor ecológico,  y obligó a evacuar a varios miles de personas. Se calculan pérdidas económicas de unos 10 millones de euros, además de generarse la correspondiente polémica política (entre el ministro Soria y el Gobierno canario) por los recortes en prevención de incendios.

–        Alt Empordá (Girona): al lado de la frontera con Francia, un incendio arrasó 13.000 hectáreas y generó cierta polémica ante la denuncia de los bomberos por la descoordinación y la tardanza en dar órdenes que según ellos hubo, sobre todo en las primeras horas.

–        Roses (Girona): una suma de 8 incendios a lo largo de dos meses han calcinado cerca de 9.000 hectáreas. Se ha detenido a los que los provocaron, una panda de menores que, al parecer, buscaba divertirse un rato.

–        Comunidad Valenciana: los incendios de junio entre Valencia y Castellón han arrasado la friolera de 50.000 hectáreas y han ocasionado pérdidas por valor de 140 millones de euros.

No están todos las que son, pero es suficiente para tener una idea aproximada del verano por el que estamos pasando. Es lo bastante grave como para que desde el Gobierno, comunidades autónomas y municipios se tomen mucho más en serio las labores básicas de prevención, así como la puesta en marcha de una verdadera política forestal.

Ciertamente, siempre habrá tarados a los que les mole provocar incendios, siempre habrá accidentes, y no podemos dejar de contar con los efectos de una sequía prolongada. Pero por eso mismo, seguro que se puede hacer mucho más de lo que se hace, y se debería hacer, por lo mucho que hay en juego.