España desde varios prismas

Millán Gómez

El debate sobre el estado de la Nación ha evidenciado aún más si cabe la fractura política existente entre las dos caras más visibles de la política española, el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero y el líder de la oposición, Mariano Rajoy. Tras las esperanzas que surgieron tras el anuncio por parte de eta del fin del alto el fuego permanente de que, por fin, el PSOE y el PP unieran sus fuerzas en materia antiterrorista, los populares han vuelto a las andadas. Han empleado, una vez más, a eta como factor político con el que desgastar al Gobierno socialista. En la última reunión de Zapatero con Rajoy en La Moncloa, el popular afirmó que no “era momento para la discrepancia”. Pocos días después, las intervenciones de Rajoy en el debate sobre el estado de la Nación han vuelto a disipar las esperanzas de la sociedad española de que se cristalice y se consolide una unidad democrática férrea y sin condiciones contra los pistoleros de eta.

Zapatero ganó a Rajoy en el último debate sobre el estado de la Nación antes de las próximas elecciones generales del próximo año. Rajoy tuvo esta semana una oportunidad de oro para postularse como una alternativa fiable y eficiente para ser presidente del Gobierno. Pero la desaprovechó.

La coyuntura sociopolítica actual no requiere de discursos alarmistas, apocalípticos y crispadores como el de Rajoy. Su exigencia al Gobierno de que muestre las actas de las reuniones con eta durante el desgraciadamente fracasado proceso de paz es una muestra más de la esquizofrenia política de oposición que lleva realizando el Partido Popular desde su derrota electoral del 14 de marzo de 2004. Cuarenta meses después, el PP sigue sin ser consciente de que perdió las elecciones. Desde el punto de vista de la oposición, llevamos una legislatura perdida. Ni más ni menos.

Los hechos más destacados del debate son el anuncio de Zapatero de que el Gobierno dará ayudas por un montante económico de 2.500 euros a las familias por cada nuevo hijo. Es evidente que con esta medida no se resuelven todos los problemas de natalidad en España pero es, sin ningún género de dudas, una medida positiva y eficaz que camina en la dirección de mejorar los niveles de natalidad de un país, como es España, donde es la inmigración la que está limando casi en exclusiva el descenso de los niveles de natalidad de la sociedad española.

Esta medida es electoralista, es evidente. A menos de un año de las próximas elecciones generales, las diferentes formaciones políticas ya están engrasando sus maquinarias electorales con la vista puesta en la próxima contienda electoral. Los partidos políticos españoles miran más por sus intereses electorales que por su verdadera función, que no es otra que resolver los problemas cotidianos de sus conciudadanos. Si los políticos basan toda su estrategia en el electoralismo, imaginen si restan únicamente unos ocho meses para las apasionantes y disputadísimas elecciones generales el próximo año 2008.

Los cambios en varias carteras del Gobierno anunciados ayer por el Presidente del Gobierno deberán ser evaluados con cierta perspectiva temporal. De todos modos, sí es positivo que los ministros del ejecutivo central sean conscientes de que no existen puestos vitalicios ni sempiternos. Es bueno que los cargos electos de nuestra clase política no se acomoden ni aburguesen en sus puestos.

Tras el último debate sobre el estado de la Nación de esta legislatura, encaramos la última recta de la legislatura. En ocho meses la vida puede dar muchas vueltas y la política no es ni mucho menos una excepción a la regla.