España cutre

Padre de familia

Ayer se publicó un estudio del Banco Mundial que sitúa a España entre los peores países de la OCDE en cuanto a “Efectividad gubernamental”, definida como el respeto de los ciudadanos por sus instituciones y las tradiciones y usos mediante los cuales se ejerce la autoridad en dicho país, incluidas la forma en la que se seleccionan, controlan y reemplazan los gobiernos y la capacidad de estos para formular e implementar políticas sólidas. Lo más grave es la tendencia, a peor desde 1998.

 No es de extrañar. En febrero de 1997 un juez de la Audiencia Nacional decidió encabezar una conspiración político-económica para poner en jaque el mayor grupo mediático del país con la connivencia del Gobierno que, en paralelo a la ofensiva legal contra PRISA, maniobraba para que un amigo del Presidente del Gobierno formara desde Telefónica un macro-grupo alternativo y actuaba a golpe de decreto para impedir que PRISA pudiera completar el lanzamiento del pago por visión. Por si alguien tiene alguna duda al respecto de esto último, basta recordar aquella llamada del entonces portavoz del Gobierno, MAR, al dueño de Antena 3 amenazándole con la cárcel si seguía adelante con su sorpresivo pacto con Polanco. Perdida la infundada batalla legal y apartado de la carrera judicial por sus propios compañeros, Mariano Gómez de Liaño fue finalmente indultado por el mismo Gobierno y se mantiene en excedencia, supongo, porque gana más dinero defendiendo a maleantes y escribiendo columnas en El Mundo argumentando a favor de personajes como Fedeguico.

  

Pocos años después, en 2001, el entonces Presidente del Tribunal Constitucional declaró que en la lucha contra el terrorismo Bush tenía la suerte de no tener enfrente a ‘ningún lehendakari de Oklahoma o Nevada defendiendo sus competencias. El a la sazón Consejero vasco de Justicia le replicó que era un árbitro comprado. Afortunadamente (por diferentes razones) tanto Jimenez de Parga como Joseba Azkarraga ya no ocupan tales cargos institucionales.

 

En esos mismos años, el Presidente Aznar y su Vicepresidente Rato optaron –legítimamente– por privatizar las joyas de la corona, es decir, las grandes empresas públicas. Lo malo fue que lo hicieran justo después de haber colocado al frente de todas y cada una de ellas a algún lacayo blindado contractual y estatutariamente frente a los futuros accionistas privados. Que le pregunten a FG, que desde la poltrona de Argentaria consiguió situarse como número 2 del nuevo BBVA hasta conseguir echar a Ibarra y quedarse al frente del cotarro. O a Pizarro, el de Endesa, o al mismo Villalonga, que tuvo que dejar Telefónica no tanto por el “escándalo” de las stock options como por atreverse a divorciarse de una gran amiga de la mujer de su antaño compañero de pupitre y a la sazón Presidente del Gobierno.

 

Son sólo tres ejemplos pero hay infinidad de ellos, también referidos al PSOE. No me estoy refiriendo a casos de corrupción, que haberla hayla en todas partes, sino a corruptelas institucionales. Ninguno de los ejemplos traídos a colación lo son de corrupción, pero sí de baja calidad democrática, de falta de un mínimo respeto al espíritu del tan traído y llevado Estado de Derecho.

 

Cualquiera que haya vivido una temporada en Gran Bretaña puede apreciar la diferencia. Por supuesto, ningún Urdaci tendría cabida en los noticieros de la BBC, que no sólo mantiene una línea informativa independiente sino que no tiene empacho en desafiar explícitamente al Gobierno cuando lo considera oportuno. Pero seguramente el caso que mejor ilustra la diferente madurez institucional es el reciente escándalo de los gastos parlamentarios que se ha llevado por delante al “Speaker” de los “Commons” y ha acabado con la carrera política de muchos diputados por más que sus actos fueran completamente legales.

 

Evidentemente nuestra democracia es mucho más joven que la británica y en algunos aspectos más avanzada. Pero son pocos “aspectos” y en general a nivel nominativo, es decir, nuestra ley es más avanzada, más moderna, pero no tanto su cumplimiento, los resultados. Los que tan frecuentemente echan pestes del Reino Unido por obstaculizar la aprobación de Directivas comunitarias harían bien en revisar los datos sobre su cumplimiento. En efecto, los británicos ponen muchas pegas pero en gran parte lo hacen porque, una vez aprobada la Directiva, son de los primeros en ponerla en práctica, mientras que los entusiastas españolitos frecuentemente olvidan legislar internamente, entre otras cosas porque no se pararon a pensar en las dificultades normativas y económicas que ello iba a suponer.

 

El informe del Banco Mundial no es el fin del mundo: estamos mejor que Grecia, Italia y Chipre, es decir, ellos están peor. Es poco consuelo, especialmente considerando la tendencia negativa: otros progresan más rápidamente que nosotros.

 

El informe no detecta una mejora marcada desde 2004 hasta la fecha, algo que lamento profundamente porque creo que el informe no yerra. Dejando los partidismos al margen, me parece evidente que el Presidente Zapatero ha sido infinitamente más ecuánime que su predecesor en el trato con los medios de comunicación, incluidas sus varias entrevistas con Pedro Jeta e incluso con Fedeguico muy al principio. RTVE es mucho más plural y de la Vicepresidenta se podrá decir lo que se quiera sobre su escasa capacidad como comunicadora pero no que no intenta respetar los límites institucionales desde su atalaya mediática de Moncloa cada viernes. Aparte de chascarrillos machistas y ridículos sobre sus trajes y apariencia, su mayor pecado “institucional” fue aquella “bronca” a la Presidenta del TC durante un desfile, cuyo contenido no trascendió. Tampoco cabe acusar a la propia María Emilia Casas, mala o buena, de no ser parca en declaraciones extemporáneas.

 

En cuanto a la economía, mucho se acusó del supuesto apoyo del Gobierno a la ofensiva de Del Rivero para desbancar a FG del BBVA pero lo cierto es que la neutralidad fue la nota imperante y la operación fracasó. De hecho, todos los adláteres de Aznar menos dos siguen en sus altos cargos empresariales.

 

Pero al parecer para no descender peldaños en el ranking del Banco Mundial no basta con no ser tan irrespetuoso como tus predecesores. Así, seguramente saldríamos mejor parados si el Consejo General del Poder Judicial no hubiera prolongado su vida útil varios años por la incapacidad del Parlamento para ponerse de acuerdo sobre sus sucesores, resuelta finalmente con un acuerdo lamentable de reparto de poder entre los dos mayores partidos atendiendo al perfil ideológico de los “nominados” antes que a su valía profesional, con la notable excepción de su Presidente, el conservador Carlos Dívar. Nuestra Justicia nos quitaría menos puntos también si hubieran sido capaces de resolver también el bloqueo del Tribunal Constitucional que, por su parte, también haría bien en adquirir la capacidad de resolver rápidamente asuntos esenciales como el del Estatut. ¿Alguien se imagina a Obama y los republicanos siendo incapaces de nombrar nuevos jueces del Tribunal Supremo? ¿Es concebible que dicho Tribunal Supremo no sea capaz de fallar sobre Guantánamo tres años después de que se le someta la cuestión?

 

Lamentablemente nuestra cutrez institucional no se limita a la Justicia. Durante la Legislatura anterior los Obispos sacaron a la gente a la calle en varias ocasiones para protestar contra la legítima responsabilidad de legislar de la mayoría democrática. Al PP no le reprocho que hiciera lo mismo pero desde luego sí que llevara su oposición al Proceso de Paz al extremo de acusar al Gobierno y a su Presidente de complicidad con el terrorismo. Eso no lo hace ni Dick Cheney, al que ni se le ocurre siquiera soñar con acusar a Obama de connivencia con Al Qaeda por mucho que le considere un peligro para la seguridad nacional.

 

Ahora bien, habría sido seguramente mejor que el Gobierno hubiera evitado el sainete “E.On-Endesa”, y no lo digo sólo porque la empresa haya acabado en manos de una empresa extranjera sino por la lamentable imagen de sometimiento al dictado de una empresa privada como Gas Natural, catalana por más señas, en paralelo a todo el follón del Estatut, otro capítulo manifiestamente mejorable por mucho que el resultado, en este caso, seguramente salve los muebles.

 

No me entiendan mal. Me encantan mil cosas de nuestro país y le tengo mucho aprecio a muchas de nuestras virtudes colectivas. Ello no es óbice para que me frustre tremendamente que progresemos tan despacio, al parecer más despacio que aquellos países con los que debemos compararnos por nuestro nivel de renta. Con demasiada frecuencia estamos encantados con nosotros mismos y pregonamos a los cuatro vientos que “como en España, en ningún sitio”.

 

Pues bien, no es cierto. En Estados Unidos ayer mismo condenaron a Madoff sólo seis meses después de descubrirse su tinglado, pese a la extrema complejidad del caso. Aquí, en cambio, Bárcenas sigue en su puesto de tesorero del principal partido de la oposición pese a la evidencia de que, en el mejor de los casos, carece de la ética mínima que cabe exigir a un administrador de fincas. En fin, ya pronto el que más y el que menos tendrá ocasión de tomarse un tinto de verano en el chiringuito de turno, que en esto sí, como los españoles ninguno!