España cristalizada en el modelo de 1978

José Rodríguez 

Uno de los grandes dramas de España es que el sistema de 1978 parece ser un sistema cristalizado. El propio diseño de reforma de la Constitución Española y la estructura de elección del Senado hace que haya un solo partido (el Partido Popular) que haya podido bloquear cualquier reforma en los últimos 20 años, y que lo pueda hacer en los próximos 20.

Pero el problema de la cristalización del modelo de 1978 no viene solo por la imposibilidad práctica de hacer reformas a la Constitución. En el momento en que el sistema institucional y las soluciones del 1978 entran en crisis, los actores políticos y económicos se bunkerizan y se vuelven más retrógrados. 

El sistema de 1978 es un marco de acuerdos de una determinada sociedad que ya ha cambiado, pero ahora ya ha pasado a ser un axioma incuestionable. Todo aquél que intenta anunciar una sola reforma, como Podemos, pasa a ser un radical y un rupturista. Las instituciones españolas parecen ser parte de una catedral donde el modelo de 1978 es algo sagrado e inalterable, prácticamente una religión. 

Se sustituye la política por la judicialización en el caso catalán. Se sataniza a Podemos cuando lo único que plantea son reformas que no son simples lavados de cara. Se organiza un golpe de estado al PSOE, se le monta porque no parece seguir demasiado bien los dictados de una élite económica y política determinada. La religión de 1978 nos está vendiendo que Pedro Sánchez es independentista, que Pablo Iglesias pretende una dictadura norcoreana y que los independentistas son peores que los de la ETA. 

La mayoría de medios repiten el mantra que transforma en axioma y religión las instituciones y el modelo convivencial de 1978. Toda esta religión tiene éxito, el sistema hace aguas, pero al final tan solo uno de cada 4 españoles vota opciones que pretenden cambiarlo.

Pero la verdadera historia es que aunque España está cristalizada en el modelo de 1978, como todo cristal, al final su propia rigidez será la causa de su propia fractura.