Espadas en alto

LBNL

Anoche, en Bruselas y Viena, los negociadores seguían tratando de cerrar los detalles de dos grandes acuerdos que todavía podían saltar por los aires al cierre de estas líneas, en ambos casos con consecuencias tremendas. En Viena, la frustración del acuerdo supondría que Irán seguiría siendo un paria internacional, un peligro en términos de proliferación nuclear incontrolada y que las posibilidades de poner fin a las guerras civiles de Siria y Yemen se alejarían enórmemente, con la consiguiente inestabilidad para Líbano, Jordania Irak. En Bruselas lo que se dilucidaba era evitar la quiebra de Grecia manteniéndola en la eurozona, un asunto menos sangriento pero mucho más cercano.

Se supone que el acuerdo de Viena, cerrado el domingo, estaba siendo revisado en las capitales, principalmente Washington y Teheran, y podría ser anunciado hoy mismo. Recordemos que dicho acuerdo no es sino la concreción del acuerdo de principio al que llegaron las cinco potencias que son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU además de Alemania y la Unión Europea como tal, con Irán hace poco más de seis meses. Pero como se sabe, el diablo está en los detalles. Irán insistía en el rápido levantamiento de todas las sanciones internacionales que viene soportando desde hace lustros mientras que la comunidad internacional quiere ir levantándolas a medida que Irán vaya cumpliendo con las obligaciones asumidas para que su programa nuclear pretendidamente civil no pueda acabar teniendo una aplicación militar, es decir, para que no pueda dotarse de bombas atómicas.

Asumiendo la confirmación del acuerdo – hoy o quizás en días sucesivos – todavía quedará que la administración Obama consiga su aprobación por parte del Congreso norteamericano, que en vista del retraso en su conclusión, tendrá el doble de tiempo para examinarlo, lo que da más posibilidades para maniobrar a sus detractores y, señaladamente, al Primer Ministro israelí Bibi Netanyahu. Tiempo tendremos, pues, para volver a insistir razonadamente sobre porqué el acuerdo es la menos mala de las alternativas factibles.

Lo de Grecia es, en cambio, bastante más urgente porque, pese al corralito imperante en el sistema financiero griego desde hace un par de semanas, la situación es cada vez más acuciante: en cuestión de pocos días, los bancos griegos no podrán siquiera atender la retirada de 60 euros por persona y día. Y el Banco Central Europeo no puede inyectar liquidez en ausencia de una perspectiva factible de un acuerdo a largo plazo.

Después de múltiples quiebros y requiebros y citas ministeriales y a nivel de líderes fallidas, ayer Tsipras aceptó la mayoría de las exigencias de sus socios europeos, a cambio de la mencionada inyección de liquidez, ayuda para la recapitalización de los bancos griegos, la perspectiva sólida de la renovación del rescate financiero para los próximos años y la promesa de una rebaja sustancial de las condiciones de devolución de la ingente deuda ya contraída, básicamente en términos de alargamiento del plazo de devolución, disminución de los tipos de interés y, muy importante, periodos de carencia sobre la devolución del capital. La mayoría de sus pares se negaba a una quita pero se mostraba dispuesta a rebajar la presión de la devolución. Eso sí, a cambio de que Grecia legisle en cuestión de horas sobre 4 de las 6 condiciones que se le exigen, y sobre las dos restantes en pocos días más.

Básicamente, Hollande convenció a Merkel de hacer un esfuerzo extra para evitar la quiebra de Grecia y con Merkel en el carro, los talibanes holandeses, eslovacos, finlandeses y polacos, por poner sólo algunos ejemplos de los más vociferantes en las últimas reuniones, estuvieron más comedidos. Exigieron, sí, pero sin mostrarse rotúndamente opuestos a renovar el rescate y acceder a la recapitalización bancaria.

Con todo, la negociación podía romperse en cualquier momento – interrumpieron el plenario a medianoche y a las dos de la madrugada todavía no habían vuelto a la gran mesa, afanados en las conversaciones informales – y cuando estas líneas sean leídas, es posible que el drama se haya consumado, con el consiguiente trauma para el proceso de integracion europeo, que hasta ahora ha seguido el motto del “hotel California”: se sabe cuando entras pero no te puedes marchar nunca (“You can check in anytime you like, but you can never leave” y entra el sólo de guitarra…).

Quiero pensar que no será así y que el acuerdo “in extremis” será confirmado, como en Viena. Pero también será necesario acompañar el proceso durante los próximos días, especialmente teniendo en cuenta las experiencias anteriores con Grecia, en las que los compromisos asumidos no siempre se concretan en los actos legislativos y reformas prometidas. En este caso, además, serán varios los parlamentos de otros miembros de la eurozona los que tendrán que validar el acuerdo alcanzado, y pese a que el Bundestag hará lo que diga Merkel, siempe puede salir el parlamento periférico de turno – finlandés o esloveno – por ejemplo, a ponerlo todo en cuestión.

En fin, ojalá hoy haya fumata blanca tanto en Viena como en Bruselas pero, incluso en ese caso, quedarán semanas de tiras y aflojas en ambos foros que amenazaran con dar al traste con todo pero que, en vista del calado de los envites, seguramente acabarán reconduciendo la situación en la dirección deseada. Seguiremos informando.