Cuando es mejor no hacer nada

Aitor Riveiro

El próximo mes de octubre el Gobierno vasco tiene una cita (a ciegas) con las urnas; no sabemos si la cita como tal tendrá lugar, si el otro acudirá o no y si, en caso de darse las dos condiciones anteriores, el que decía parecerse a George Clooney resulta ser al final un Alfredo Landa cualquiera. El Gobierno de Zapatero se ha apresurado a decir por activa, pasiva y perifrástica que no piensa tolerar que se celebre la consulta. Este mismo domingo, en la macro entrevista que publica El País asegura: “El Gobierno vasco no puede poner urnas. La consulta no se va a celebrar

No entiendo muy bien cuáles son los motivos para que no se celebre la consulta. Mejor dicho; conozco de sobra los argumentos dados por todos para que no se celebre el referéndum, pero me parece políticamente poco acertado atacar con tanta virulencia a un Ibarretxe cuya única salvación es, precisamente, mostrarse ante la ciudadanía vasca como un mártir y un perseguido por el nacionalismo español.

Lo que quiero decir es… ¿y por qué no le dejamos que haga su consulta… si puede? Quede claro que hablo desde un punto de vista político, no legal; es decir, no tengo ni idea de si la consulta planteada por el Ejecutivo de Vitoria es jurídicamente sostenible o no: para el caso, me da exactamente lo mismo.

Vayamos por partes: las dos preguntas planteadas en la consulta que se prevé celebrar en octubre son blanditas, blanditas. Lo único que se pide a la ciudadanía es que se pronuncien sobre si en un hipotético caso de un marco propicio a la independencia ellos (la ciudadanía) debería pronunciarse al respecto. ¡Faltaría más! ¿Alguien en su sano juicio puede decir que no? La cuestión en sí plantea una hipótesis sobre otra hipótesis: nada concreto, todo vacío y redactado de tal manera que es imposible coger el ‘no’.

La jugada de Ibarretxe es tan clara que si el Gobierno de ZP no la ha entendido es para hacérselo mirar… pero peor es que sí lo hayan comprendido y actúen como lo están haciendo. Si, como resulta evidente, el lehendakari sólo busca que el Ejecutivo central aparezca como el ogro que impide que los vascos se pronuncien sobre su futuro para poder hacerse la víctima como única manera de tener una oportunidad en las próximas elecciones autonómicas… ¿por qué seguirle el juego?

Desde mi punto de vista, la ceguera política de Zapatero y los suyos es mayúscula y pone en peligro algo que resulta, más que deseable indispensable: la victoria del PSE en los próximos comicios. Se la deja en bandeja a un PNV al que no le queda más remedio que buscar votos en el caladero del PCTV, que no se podrá presentar.

¿Qué debería hacer el Gobierno? Pues ignorar el referéndum, actuar como si fuera una ocurrencia a la desesperada de un tripartito que se ve más fuera que nunca de la Lehendakaritza. Porque decir que la consulta prevista para el próximo mes de octubre es un desafío al estado, es una salida de tono que raya la estulticia; ¡cuanta más importancia se le da a un acontecimiento, más importante se hace! Si algo tan vacío como la Eurocopa recibe un apoyo mediático espectacular, pues sus consecuencias (en audiencias, seguimiento, comercialización, etc.) serán espectaculares. (Principio básico #1 de Comunicación).

¿Cómo solucionar la papeleta? En primer lugar, dejar que la consulta se desinfle por sí misma y vaya perdiendo fuelle; cuando los tres grandes ayuntamientos de la CAV ya han dicho que no van a permitir que se celebre el referéndum o, por lo menos, no van a mover un dedo para que se haga realidad, ¿qué necesidad tiene el Gobierno de quedar como un ogro gris? Debería adoptar un perfil bajo (bajísimo) y dejar en manos de las autoridades locales la decisión: si ni siquiera Azkuna tiene intención de colaborar con su propio partido, ¿qué clase de referéndum se va a celebrar? ¡Ninguno! Pero no. El Gobierno ha decidido que ahora tiene que ser el más antinacionalista de todos los partidos, atar en corto a cualquiera que se salga de la supuesta foto constitucional (inmutable por los siglos de los siglos). El PSOE no ha ganado las dos últimas elecciones por su discurso antiperiferia, ni por una ficticia defensa del idioma común, ni por hacer llamamientos a recuperar transferencias.

El PSOE gana sus elecciones allí donde las personas se sienten, en su gran mayoría, españolas y gallegas o vascas o catalanas… Si el PSOE cree que tiene seguros los votos de Cataluña o Euskadi por el miedo al PP y que sólo debe preocuparse por Madrid o Burgos, lo lleva clarinete. Son, somos, muchos los que votan, votamos, por convicción, no por miedo.