¡Es la economía, estúpido!

MCEC

Si la publicidad negativa y los anuncios políticos estuvieran permitidos en España la campaña electoral del PSOE debería seguir el modelo que llevó a Bill Clinton a la Casa Blanca en 1992. Y aún no siendo posible debería seguir el mismo patrón. Clinton ganó las elecciones porque fue capaz de identificar y centrar el debate en lo que más importaba a los norteamericanos, sólo pocas semanas después de que Bush padre se paseara triunfante tras su victoria en Kuwait. Ayer Rubalcaba estuvo muy bien. Explicó las razones, la legalidad y las circunstancias de la excarcelación efectiva (segundo grado atenuado) de De Juana. Y puso sobre la mesa decisiones similares de gobiernos previos, sacándole los colores al PP por su negligencia a la hora de poner en práctica su tan demandado cumplimiento íntegro de las penas por terrorismo.

Paradigmáticos resultaron los ejemplos de Iñaki Bilbao, asesino del concejal Priebe después de ser excarcelado por reinsertado exitosamente (¡sólo semanas después de enfrentarse a un recluso que homenajeaba a Miguel Angel Blanco!) y el de ese otro etarra acercado a Euskadi por motivos de salud (¡desviación del tabique nasal!) luego reinsertado al entramado pro-etarra. Pero Zaplana también estuvo muy bien. En lo suyo, en lo de repetir machaconamente el slogan: Nuestra política antiterrorista fue firme y exitosa y la suya, además de acumular errores en el pasado consiste ahora en romper el consenso para hacer concesiones a ETA bajo chantaje, algo sin precedentes en la historia de la democracia.

Poco importa que el mensaje sea falaz, que el PP demuestre de nuevo que los intereses partidistas predominan sobre la responsabilidad de Estado, que Rubalcaba haya sido capaz de templar el tono… Mientras el PP fije el tema de debate sólo podemos aspirar al empate sin goles.

Al PP le costó un cuarto de hora del primer tiempo de esta legislatura reponerse del batacazo del 14-M, del que hoy se cumplen tres años. Utilizó los cien días de gracia para diseñar la estrategia y empezó a ponerla en práctica. El primer año se centró en la conspiración del 11-M, el segundo en el Estatut y el tercero en la rendición a ETA. Y en consecuencia el Gobierno y la izquierda en general, nos pusimos primero a subrayar las contradicciones paranoicas, luego nos centramos en que España no se estaba balcanizando y finalmente defendimos con ardor el llamado proceso de paz, porque hasta en la lingüística han impuesto el tono.

En este foro abundan (abundamos) los que en ocasiones pedimos a gritos contundencia en la denuncia de la hipocresía de la derecha, los que apelan a la movilización y los que critican la falta de coherencia convincente en las explicaciones del Gobierno a las continuas e ininterrumpidas acusaciones del PP. Pero no es el mejor camino para renovar el mandato popular que más conviene a una ciudadanía mayoritariamente de centro izquierda y cuya calidad de vida ha mejorado sensiblemente durante la presente legislatura.

Queda una media hora de partido y a estas alturas sabemos que no podemos contar con el fair play del adversario. Van a seguir pegando patadas, escenificando agresiones, tirándose en el área, adelantando la barrera cuando el árbitro no mira y reclamándole penalti aún cuando la falta es claramente fuera del área. Es su estilo de juego, cicatero pero eficaz. Enardece a los suyos y desmoviliza a nuestros hinchas, en su mayoría enamorados del juego limpio y más dados al desapego cuando las interrupciones continuas no permiten visualizar jugadas vistosas.

Si no tuviéramos calidad habría que entrar al trapo y fajarse, devolviendo los golpes bajo el cinturón a la primera distracción del arbitro. Pero tenemos resultados que ofrecer, y muy buenos por cierto. No es que el déficit esté contenido, es que el superávit fiscal crece de año en año. Pese al aumento continuado por encima de la inflación – contenida – de las becas y las pensiones mínimas. Al tiempo, se reduce el desempleo, aumenta el empleo estable, la reserva de la Seguridad Social alcanza máximos y el I+D+i crece como nunca lo había hecho.

Por no hablar de la extensión de derechos que representan la ley de dependencia, el matrimonio homosexual, el permiso de paternidad o la simplificación del divorcio. O la modélica regularización de más de 600.000 seres humanos condenados anteriormente a contribuir a nuestro espectacular crecimiento económico y bienestar desde la ilegalidad más absoluta, aún disfrutando de sanidad y educación gratuitas, que ahora financian solidariamente. Hoy hemos sabido que el Gobierno de Merkel ha finalmente decidido permitir la integración de 180.000 extranjeros que residen ilegalmente en Alemania desde hace años. Como antes reculó el Gobierno holandés en su propósito de aplicar mano dura a un amplio contingente de foráneos. ¿Siguen quizás la tan denunciada como irresponsable estela del Gobierno Zapatero?

Lo mismo vale para la política exterior. ¿Hasta cuándo va a estar el Gobierno negando inútilmente su supuesta alianza con los peores sátrapas del mundo, su claudicación ante el terrorismo yihadista y su abandono traicionero de las víctimas saharauis? ¿Por qué no se habla del incremento espectacular de nuestra ayuda al desarrollo, sin parangón en la OCDE (también para los saharauis)? ¿O del deber de España de garantizarse la capacidad de influir en una transición pacífica en Cuba? ¿O, en fin, de la excelente acogida internacional de la Alianza de Civilizaciones?

No se si en los próximos días y semanas se materializarán los augurios positivos publicados ayer sobre ETA y su presunta disposición a hacer un gesto que reavive la esperanza de poner definitivamente fin al terrorismo autóctono. Así lo deseo pero tampoco tiene sentido fiar nada a los hooligans del fondo sur, que han demostrado con creces su capacidad de ceder a la tentación de interrumpir el juego tirando objetos al campo por más que ello vaya en detrimento de sus intereses. Si se que quiero que el Gobierno se atenga a sus compromisos públicos de suspender los contactos con ETA en tanto no se certifique su voluntad inequívoca de abandonar la violencia. Y se también que quiero que el Gobierno mantenga abierta la puerta a un fin dialogado de la violencia terrorista si se certifica tal voluntad, en los términos y con los límites de la resolución del Congreso de 2005.

Y se también que muchos fans del juego vistoso estaríamos encantados de dejar de hablar casi exclusivamente de De Juana, Otegui y Navarra, y empezáramos a centrar el debate en las cosas que más nos importan. Especialmente en Cuenca, Huelva, Zamora y Teruel, por poner sólo algunos ejemplos de ciudades ajenas a la politización extrema de Madrid, y en menor medida de Barcelona y Bilbao.

Estoy seguro de que el Gobierno tendrá algunos resultados positivos que presentar en materia de vivienda. ¡Pero ni siquiera he odio hablar de ellos! ¿Alguien ha sabido algo más después de la campaña negativa contra los 30 metros cuadrados y las soluciones habitacionales?

Dos no riñen si uno no quiere. Pero eso no basta. No basta con no insultar de vuelta mientras se explica que Navarra no está vendida o en venta, por más que sea mejor que responder a una manifestación masiva aludiendo a la mayor cifra de muertos en Irak. No. Al juego sucio ganan ellos como muy bien identificó Zapatero al convertirse en el rey del talante. Y cuanto más crece la crispación política y social, más ganan.

La serenidad de la que Zapatero hace gala es sin duda uno de sus puntos fuertes. Pero no hasta el punto de dejarlo todo para última hora, de confiar en la tradicional capacidad de movilización de campaña del PSOE. Sólo queda un año y, sinceramente, si pese a la positiva hoja de resultados de este Gobierno el PP gana las próximas elecciones generales, Zapatero nos habrá fallado a muchos.

No se trata de ganar por ganar sino de ganar para seguir mejorando este país de la forma en la que lo ha hecho en los últimos tres años. Pero haciendo al tiempo que se note. Basta ya de pásalos negativos, empecemos a difundir sms y emilios que digan ¡es la calidad de vida merluzo!