¿Es el fin del camino de rosas para el Front National?

Ariamsita

El idílico camino de rosas por el que parecía caminar el Front National francés desde su  victoria en las pasadas elecciones europeas de mayo de 2014 podría estar llegando a su fin. Tras meses de liderar las encuestas electorales del país galo, la formación de extrema derecha liderada por Marine Le Pen  se dio un batacazo electoral el pasado 29 de marzo, al no conseguir ganar ni una sola de las votaciones de segunda ronda en las elecciones departamentales francesas.

Todos los elementos parecían ser propicios al FN. Por una parte, el descontento de la ciudadanía con el gobierno que mantiene bajo mínimos la popularidad del PS y que ha llevado a la formación a estrellarse  en las urnas, obteniendo tan solo un 13.30% de los votos en la primera ronda, y un tímido 16% en la segunda (habían alcanzado un 35% en 2011). Por otra, el aparente inmovilismo de la derecha tradicional de la UMP, a quien muchos franceses echan aún la culpa de la situación de crisis económica del país. En estas circunstancias, la nueva dirección del Front National  ha hecho serios esfuerzos por adaptar su discurso cada vez más hacia el centro y la moderación, tratando de hacerse ver no como una opción minoritaria y extremista sino como una verdadera alternativa con nuevas propuestas y medidas para sacar a flote la economía francesa.

Sin embargo, parece que los franceses no terminan de fiarse y así lo han demostrado al no dudar en votar a la UMP en los departamentos en los que se jugaba la victoria con el FN. El primer ministro Manuel Valls había pedido el voto para la formación de derechas, apelando a la responsabilidad de todos los republicanos. Importante triunfo para Nicolas Sarkozy, quien tras retomar hace pocos meses las riendas del partido, se dispone ahora a emprender una reforma del mismo, siempre con la mirada fija en las futuras elecciones presidenciales. Para muchos, los resultados vistos este pasado mes de marzo han sido, de algún modo, un ensayo general de cara a estas últimas.

En este contexto, las salidas de tono de Jean Marie Le Pen, presidente de honor de la formación y padre de Marine suponen una bomba de relojería demasiado peligrosa para la credibilidad del cambio de imagen del partido en su intento por mostrar una cara moderada que de confianza al electorado.  Pese a la insistencia de la dirigente del partido de que las declaraciones de su padre, a quién hace no mucho escuchamos decir que las cámaras de gas habían sido un detalle de la guerra , no representan la postura oficial del partido, éstas suponen un lastre que el FN no se puede permitir en estas circunstancias. Así, el pasado miércoles Marine lanzaba un duro comunicado oponiéndose a que se presentase como candidato en las elecciones regionales que tendrán lugar a finales de año, aludiendo a la espiral de suicidio político en la que parece haber entrado el presidente de honor.

Parece lógico que, con un objetivo de moderación de discurso de cara a las presidenciales compartido por la mayor parte de la dirección del FN, que sabe que está más cerca que nunca de una posible victoria: la formación no pueda permitirse el riesgo de una campaña para las regionales con Jean Marie como candidato. Por el momento, las aguas parecen haberse calmado al aceptar la sugerencia de su hija y renunciar él mismo a presentarse a duchas elecciones.

¿Puede el Front National aspirar a convertirse en una verdadera alternativa que canalice el descontento de los franceses y ser capaz de hacer olvidar al electorado de dónde vienen, cuáles son sus valores, o lo espeluznante de algunos puntos de su modelo de sociedad? Por el momento, parece que están dispuestos a cortar las cabezas que sean necesarias para ello.