Ernest Lluch, pasión por el diálogo

Millán Gómez El pasado miércoles se cumplieron siete años del cobarde asesinato de Ernest Lluch a cargo de la organización terrorista eta. Este atentado fue uno de los crímenes más mediáticos de la negra historia de eta. De hecho, es fácil recordar aquella multitudinaria manifestación por las calles de Barcelona en memoria de Ernest y que finalizó con aquellas palabras de Gemma Nierga, presentadora de “La Ventana” de la Cadena SER donde Lluch colaboraba, demandando diálogo por parte de las administraciones públicas con la banda terrorista.

Ernest participaba en este prestigioso programa diurno de la radio española donde cada semana me ayudó con poco más de diez años a entender el mundo que me rodea. Ernest Lluch es, sin ningún género de dudas, una de las personalidades públicas que más me han marcado e influido a lo largo de mi vida. Aunque nunca tuve la suerte de conocerlo personalmente sí le escribí cartas que no sé si algún día leyó. Ojalá que sí.Lluch me enseñó que la riqueza intelectual, la fuerza moral, el progreso y desarrollo social se logra a través del sereno y argumentado contraste de ideas. Ernest forma parte de esa especie humana en extinción que deseaba que no pensaras como él para poder debatir sus ideas con las tuyas. Este economista, profesor universitario y político obsesionado en que vencer es convencer, cayó abatido por la sinrazón terrorista.Lluch era un hombre culto y tolerante. Apasionado en todo lo que hacía. Era un disidente dentro del PSC y del PSOE porque su autocrítica le llevaba a nunca dar un sí por un no. Dotado de una fuerte personalidad, fue una de las cabezas visibles del movimiento cívico contra eta y no sólo luchó contra la barbarie etarra sino que propuso soluciones. Ni una sólo crítica sin una posible solución. Además de denunciar el fascismo etarra, Lluch defendió abiertamente siempre el diálogo con la banda terrorista para resolver definitivamente el llamado problema vasco. Su bonhomía y amor a la paz le hizo introducirse en el microcosmos etarra, lleno de sectarismo y fundamentalismo. Lluch dio literalmente la vida por conseguir la necesaria concordia civil en Euskadi. En mi memoria siempre quedará aquella imagen de Lluch, micrófono en mano, con los ojos vidriosos a punto de romper a llorar en la donostiarra Plaza de la Constitución, dirigiéndose a los simpatizantes de eta diciéndoles aquello de “gritad, que mientras gritáis no matáis”.Además, Ernest era un catalanista que defendía que Catalunya era una nación dentro de una España diversa, que se respeta a sí misma en plena convivencia. Lluch amaba indistintamente a Catalunya y a España. Defendía que Catalunya era mucho más que el nacionalismo y luchó porque ni el nacionalismo catalán ni el nacionalismo centralista español manchasen la imagen de Catalunya en el resto de España ni la imagen de España en la propia Catalunya.Ernest defendía sus ideas con la mejor herramienta, la palabra. Por eso mismo hoy en día es llorado por muchas personas como yo que no tuvimos la inmensa fortuna de conocerlo personalmente.En su recuerdo nos dejó para siempre su ansia infinita de paz y su deseo de conciliar a los vascos en un mismo polo, el de la paz, la libertad y la tolerancia. Si Ernest levantase la cabeza, le disgustaría que no existiese la necesaria unidad de los demócratas frente al terrorismo. Contra el terrorismo, unidad. Es más lo que nos une que lo que nos separa. Así lo defendió él hasta que eta lo silenció de la única forma que sabe, con las armas. Durante el tiempo que ocupó la cartera de Sanidad al frente del primer ejecutivo de Felipe González (1982-1986), Lluch lideró la creación del Plan Nacional de la Salud en 1985 bajo la premisa de sanidad para todos y cada uno de los españoles independientemente de su condición social. Se logró poner en marcha un plan que sus frutos siguen vigentes hoy en día. De hecho, su estructura es considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la quinta mejor de Europa Occidental. Años después de su muerte, el mejor homenaje que le podemos hacer es defender la España Plural, entendida como la leal convivencia entre los distintos pueblos que la conformamos para sentirnos unidos en nuestra diversidad. Porque la pluralidad es sinónimo de riqueza.El otro objetivo que debemos perseguir es crear el clima necesario para conseguir derrotar definitivamente a eta y que, de este modo, el discurso de Ernest Lluch perdure en nuestras memorias. El día que termine toda esta pesadilla será gracias a gente como Ernest, que defendían la palabra como nuestra mejor arma puesto que vencer es convencer.