ERC y CiU

Lobisón

 De la intervención de Oriol Junqueras en la tertulia nocturna de TVE 24h, la semana pasada, quedaba muy claro que ERC no tiene ninguna prisa por ganar las elecciones en Cataluña. Esto se podía entender como una muestra de lealtad hacia la coalición CiU, a cuyo gobierno apoya ERC, y a la que no pretende desplazar. Pero también se puede interpretar de otra manera. Para ERC resulta muy cómodo que CiU asuma el desgaste de las políticas de recorte social, y, hasta que el contexto económico no permita otro tipo de políticas, para ellos ganar protagonismo en el Govern sería una mala apuesta.

Pero es que además un adelanto electoral y un retroceso de CiU harían crecer las tensiones dentro de la coalición, y el malestar entre los votantes menos independentistas de CDC. Puede que Mas sienta que su único curso posible actuación, pese a los malos resultados de 2012, es mantener la apuesta por la consulta soberanista, pero es muy posible que un nuevo descalabro pusiera en cuestión su liderazgo, e incluso que la convocatoria de unas elecciones anticipadas provocara una quiebra entre Mas y Duran Lleida. En suma, también desde la perspectiva de la estrategia independentista puede que el actual escenario sea el más favorable para los propósitos de ERC. Se entendería así que no quiera ponerlo en riesgo por un precipitado afán de protagonismo.

A la inversa, cabe preguntarse hasta cuándo mantendrán su disciplinado sometimiento los sectores de CiU descontentos con el rumbo confrontacional de Mas. Pero no es una pregunta fácil de responder, porque la ruptura de la coalición sería la opción nuclear, y dentro del actual clima de la opinión pública catalana no es nada obvio que la moderación (soberanista) fuera a ser recompensada. Así, por malos que sean los pronósticos de las encuestas lo más probable es que CiU se mantenga unida y ni siquiera Duran insista demasiado en un posible adelanto electoral que pusiera fin a su dilema actual.

Otra cuestión es saber qué queda de la supuesta alma de izquierdas de ERC a estas alturas. Parece evidente que la ha sacrificado en el altar de la soberanía, quizá con palabras similares a las del inefable Montoro: si la sociedad catalana se despeña por la vía de la desigualdad, no hay que preocuparse, que ya la levantaremos nosotros cuando Cataluña sea independiente. El problema es que no es tan fácil, claro, pero además es inevitable la sospecha de que el único razonamiento de Oriol Junqueras es minimizar costes y seguir impulsando la vía hacia la secesión, sin mayor atención a los problemas de los catalanes de a pie (especialmente si son de origen magrebí).

Todo resulta más desolador cada vez que desde el Govern se culpa al tripartito de la mala herencia recibida, porque sobre los posibles errores del tripartito debería tener algo que decir, o algo que defender, ERC. Pero ya se sabe que este partido se reinventa cada vez desde cero, y siempre encuentra electores, aunque no asuma su pasado. Qué envidia.