Er Barça

LBNL

Se acabó, el tan anunciado cambio de ciclo ya está aquí. Ha sido un ciclo glorioso, en resultados, dominación y en belleza, una combinación de buen estilo, estética y efectividad a un nivel posiblemente nunca antes visto – al menos durante tantos años seguidos – a decir de los buenos conocedores y comentaristas menos forofos, o más objetivos, que viene a ser lo mismo. Pero todo lo bueno se acaba y el ciclo terminó el miércoles por la noche, con la derrota en la final de Copa. No es la primera derrota y el ciclo venía declinando desde hace tiempo pero por la forma en que se produjo, los acontecimientos que la han precedido en los últimos meses y las perspectivas que se adivinan, es evidente que el ciclo ha terminado.

Lo raro es que el final haya tardado tanto siendo tan alta la cima alcanzada – más dura será la caída… – y habiendo sido tantas las vicisitudes y problemas que ha afrontado el Barça en los últimos tiempos. Varias de ellas, por sí solas, podían haber sido suficientes para que el equipo volviera a la normalidad, es decir, a un nivel aceptable de resultados y juego de un equipo con gran presupuesto pero sin amago de poder volver a recrear éxitos y arte a niveles pasados. No fue el caso. El equipo ganó la liga el año pasado con récord de puntos y goles y volvió a llegar – por sexta vez consecutiva – a las semifinales de la Champions. Sin embargo, la doble goleada encajada frente al Bayern de Munich, fue un mal augurio.

Los problemas habían sido muchos y continuados. Resumamos. El Presidente anterior, Laporta, perdió abrumadoramente una moción de censura pero se mantuvo en el cargo por falta de quorum suficiente. No se cortó un pelo y fichó a Guardiola, que pocos tiempo antes había sido el buque insignia del candidato a quien Laporta ganó las elecciones con malas artes. Guardiola echó a Ronaldinho – a quien poco antes se le había firmado un contrato vitalicio… – y a otros y a lomos de Messi y un estilo todavía más refinado, lo ganó todo, durante cuatro años. Pero luego decidió irse, sin explicar nunca bien por qué, y el club decidió que su mejor reemplazo era su segundo, que ciertamente conocía la dinámica del grupo y la filosofía imperante, pero que jamás había entrenado a un equipo de categoría. Guardiola se enfadó porque su reemplazo se anunció el mismo día que su marcha y cuando Tito, su amado segundo, cayó enfermo de cáncer, no fue a verle a la clínica pese a estar pasando un año sabático en Nueva York. El club decidió esperar a que Tito se recuperara, lo cual implicó que quién no había pasado de ser un ayudante secundario con Guardiola, se hiciera cargo del equipo interinamente. Siguieron ganando y Tito, a su vuelta, pudo llevarse a casa un título de liga, para volver a recaer a punto de empezar la pre-temporada siguiente. El club decidió entonces fichar a un desconocido en Europa, con cierto caché en Latinoamérica y cierta afinidad con el marcado estilo de juego asociativo del equipo y, sobre todo, de la misma ciudad argentina que Messi.

Nunca lo ha confirmado pero se supone que Guardiola decidió irse porque el equipo cada vez dependía más del estado anímico de Messi, un personaje singular y enigmático, sencillo fuera del campo pero propenso a las rabietas dentro de él, por ejemplo cuando el entrenador decide cambiarle en el último tramo de un partido poco trascendente en el que se va ganando con una ventaja cómoda. Lo peor es que si no se siente cómodo no es capaz de explotar todo su potencial, que es prácticamente ilimitado. De forma que tanto Guardiola como sus sucesores, han hecho todo lo posible para que se sintiera a sus anchas.

Es fastidioso depender el humor de una estrella y verse obligado a realizar todo tipo de excepciones con él pero tiene sentido cuando la estrella ofrece un rendimiento excepcional, metiendo más goles que nadie nunca antes y ganando tres balones de oro seguidos. Deja de tenerlo cuando la estrella baja de los cielos y se convierte en un buen jugador, en uno de los mejores pero sólo a ratos, en ocasiones, en determinados partidos. Por razones que se desconocen, Messi lleva varios meses así. Se ha casado, ha tenido un hijo y él y su familia han tenido que desembolsar casi veinte millones a Hacienda por cumplido con sus obligaciones fiscales de una forma no acorde con la ley según la Agencia Tributaria. Además, ha visto como Neymar en el Barça y Bale en el Real Madrid, han sido fichados de forma que son mejor pagados que él, como también Cristiano Ronaldo, su eterno rival que este año le ha birlado el balón de oro.

Hace un par de años, me contaron que Guardiola confesaba que Messi jugaba todos los partidos porque no entrenaba: necesitaba jugar para estar en forma. Ahora juega pero tampoco corre en los partidos oficiales, ni siquiera en las finales. No tiene edad suficiente para que sea ese el problema.

Messi no es el único problema. El Presidente que reemplazó a Laporta cuando no pudo volver a presentarse por haber cumplido dos mandatos, había sido su vicepresidente, antes de acabar mal. Sandro Rossel, ex directivo de Nike para Latinoamérica, había fichado a Ronaldinho pero luego se pelearon. ¿Por qué? Vaya uno a saber. El caso es que consiguió ganar cuando Laporta se fue y fichó a Neymar, escondiendo la cifra pagada tras todo tipo de opacidades. Un socio planteó una querella y al revelarse que se había pagado casi el doble – y tenerse que hacer un pago adicional a Hacienda de varios millones – Rossel dimitió.

Total, que ahora ejerce de Presidente un directivo no elegido por los socios, de entrenador un tipo que quería pasar un año de excedencia y se ha visto completamente superado por los acontecimientos y de estrella el mejor jugador del mundo – seguramente de la historia – pero que, por razones desconocidas, ha dejado de correr y por tanto de jugar de forma especial. El capitán, Puyol, lo deja a finales de año, por razón de su edad. El portero, Valdés, también, supuestamente porque quiere probar otros retos. El motor, Xavi, empieza a tener una cierta edad y quizás ya haya comenzado su cuesta abajo. Pero son muchos y muy buenos los que quedan, empezando por Iniesta y siguiendo por Busquets, Piqué, Neymar, Pedro, Mascherano o incluso Bartra.

Lo que procede es convocar elecciones a final de temporada para contar con un Presidente que tenga legitimidad democrática, incluso si ello implica que vuelva un demagogo como Laporta. Y contratar a un entrenador con experiencia en grandes equipos y con sensibilidad para el estilo de juego que preconiza el Barça. Y, sobre todo, darle mando en plaza, lo cual implica vender a Messi urgentemente. Hay que venderlo ahora, cuando sigue siendo muy bueno y serán varios los que estarán dispuestos a pagar más de 150 millones de euros por él, lo que será sin duda muy provechoso para las arcas del Barça y para el ego de Messi, que volverá a sentirse el mejor pagado. Pero no es el dinero la razón principal sino la necesidad de volver a construir un equipo basado en la combinación de varias individualidades de alto nivel antes que en la sumisión a una sola y, especialmente, a su estado de ánimo.

Evidentemente nada de esto será posible si la UEFA no levanta la prohibición que le ha impuesto al Barça para fichar jugadores por haberse saltado las normas sobre fichajes de jugadores menores de edad. Más vale que se consiga el perdón para poder reconstruir el equipo reemplazando a los Alves, Cesc, Adriano, Alexis y demás medio pelos pero sería indispensable utilizar este episodio para darle la patada de una vez al director deportivo, al bueno de Zubizarreta que ha demostrado que su excelencia a la hora de dar la cara ante la prensa es sólo pareja a su incapacidad para fichar y vender los jugadores que necesita el equipo.

En fin, si piensan que este artículo es un rollo, piensen dos veces porque mi plan original era escribir sobre el acuerdo para Ucrania alcanzado ayer en Ginebra que, a falta de un estudio más pormenorizado, no parece malo del todo, especialmente en vista de las alternativas.

Volviendo ar tema, todo se resume en: hay que vender a Messi ya!