Enésima, pero no la última

Millán Gómez

La lengua gallega, como perfectamente desconoce Aznar, es un idioma muy rico en matices. Un simple ejemplo es que existe un concepto que el castellano no posee como tal. Éste es la diferencia entre “derradeiro” y “último”. “Derradeiro” significa “último en una serie” pero no siempre “último” es “derradeiro”. Podemos decir que el disco más reciente de los Rolling Stones, por ejemplo, es el “último” pero dejará de ser el “derradeiro” cuando Sus Majestades graben uno nuevo. Pues bien, José María Aznar ha realizado su última machada pero a esta última le seguirán más. No se preocupen. Si hace un año fue la luminaria de Rosa Díez, este año le ha tocado a José Mari. Ambos tienen numerosas similitudes y esta semana los dos han decidido incluir un nuevo denominador común: su absoluto desprecio hacia Galicia y quienes residen en mi tierra.

Aznar alabó algunas de las virtudes que, según él, tiene Mariano Rajoy. Una vez definidos estos factores positivos del presidente popular, el ex – presidente del Gobierno afirmó: “Lo que pasa es que tiene su personalidad, su estilo, su origen y oficio gallego”. Ya saben ustedes, todo un sinfín de defectos tiene eso de nacer en Galicia. Si hubieses nacido en El Bierzo pues todo perfecto pero es que nacer allí en la antigua Gallaecia pues tiene delito, no me lo negarán. Por supuesto, ni Aznar se ha arrepentido hasta el momento ni nadie del PP ha criticado sus declaraciones, faltaría más. La culpa la tiene el PSOE que entiende mal las cosas. Dicho sea de paso que la respuesta del líder del PSdeG, Pachi Vázquez, declarando que “la única virtud de Rajoy es la de ser gallego” resulta populista y desmesurada. Está muy bien para ganarse el aplauso fácil y pedir otra ronda pero no hay nada más arbitrario que el lugar donde nace uno. La localización geográfica de cada uno no es una virtud y, por supuesto, tampoco un defecto.

La actitud del PP con respecto a las declaraciones de Aznar es intolerable y una falta de respeto absoluta con Galicia. Un partido no está en condiciones de gobernar un país si mantiene una postura donde cada dos por tres utiliza a una parte de España para criticar de forma peyorativa a alguien. Feijóo no es que haya opinado diferente a Aznar sino que lo ha corroborado. Tampoco sorprende esto en nuestro presidente de la Xunta pues viene siendo la tónica habitual en un político que desde que retomó su carrera política en Galicia no ha hecho más que contar los días para volver a la política estatal, lo cual está en su perfecto derecho, por supuesto. El problema es que engaña cuando afirma lo contrario.

El PP ha perdido un tiempo precioso para desacreditar a un dirigente trasnochado que solo causa adhesión a sus más fieles conmilitones pero que lastra sus opciones de simpatizar con otra parte del electorado, menos dogmático y más pragmático. La derecha española, si realmente quiere ser moderada y centrista, debería empezar por apartar de forma paulatina y sosegada a un político que ha mentido a este país no solo durante la segunda legislatura sino también durante la primera. En su primer cuatrienio quizás incluso podríamos decir que su comportamiento fue éticamente más reprobable pues se comportó como alguien que realmente el tiempo ha demostrado que no es. De la misma forma que entre Acebes y Piqué en ocasiones me quedo con el primero pues uno se comportaba como el talibán que era y el otro mentía disfrazándose de alguien que tampoco era.