¿Enemigos, terroristas o negros ilegales?

LBNL

¿O simplemente personas? Sin duda los subsaharianos desesperados que tratan de entrar en Ceuta y Melilla deben ser lo primero o lo segundo, porque sólo así se explica que quepa dispararles con pelotas de goma mientras están en el agua. El uso de la fuerza por parte de las fuerzas de seguridad debe ser siempre proporcionado a la amenaza y en este caso, no hay tal. No se trató de algún disparo al aire con fin disuasorio, como demuestra que un número cercano a la decena acabara ahogándose tras haber perdido el conocimiento por efecto de alguno de los disparos o agotado tras haber sido mantenido a raya por los disparos durante un largo tiempo. Estaban desarmados, no atacaban a nadie, simplemente pretendían entrar, ilegalmente, eso sí, a España, por razones bastante justificadas, pero eso no es lo más relevante. En tales condiciones, no cabe justificación alguna para el comportamiento de las fuerzas de seguridad.

Ojo. Soy muy consciente de las dificilísimas y peligrosas condiciones en las que nuestras fuerzas de seguridad deben ejercer su función en las fronteras de Ceuta y Melilla. Los subsaharianos que un día sí y al otro también tratan de saltar la valla en manada, lo hacen a la desesperada, por las bravas, violentamente si es necesario para evitar ser atrapados, con grave riesgo para su vida pero también para las de aquellos a los que pagamos para tratar de impedirlo.

Como lo soy igualmente sobre la imposibilidad de acoger en nuestro territorio a todos los inmigrantes que consiguen llegar a él tras meses de penurias que acaban la vida de un porcentaje sustancial de los que lo intentan, bien en el desierto, bien a manos de salteadores o en una patera hundida durante el último tramo del largo peregrinaje hacia una vida mejor.

El Sur, África en particular, es un mar de pobreza, conflictos, abusos y violencia que empuja a muchos a someterse a un via crucis infernal para tratar de procurarse una vida menos horrorosa. Tenemos una gran parte de responsabilidad por las condiciones en las que viven, ya sea por nuestro pasado de explotación colonial, ya por nuestro presente de negociaciones con sus líderes más corruptos y sanguinarios para mejor beneficio de nuestras exportaciones. Damos algunos millones en cooperación al desarrollo pero esquilmamos mucho más de lo que damos, en forma de exportaciones de armas, concesiones para la extracción de minerales, contratas de grandes obras para mayor gloria de los déspotas locales o simplemente exportaciones varias. No es demagogia: no todo es así y no siempre es así, pero lo es demasiadas veces y en demasiadas zonas de África.

Sin embargo, por mucha responsabilidad moral que tengamos, no cabe acoger a todas las víctimas de la situación. Lo que debería estar igual de claro es que tampoco cabe contener la presión migratoria a tiros. Lo está en parte y por eso las fuerzas de seguridad no disparan a los que tratan de saltar las vallas. Edificamos vallas cada vez más altas y las coronamos con púas (las llamadas “concertinas”) y si consiguen pasar, les detenemos, pero no les disparamos para evitar que consigan cruzar, tampoco con pelotas de goma. Con más razón todavía, no es admisible dispararles mientras están en el agua.

Hay soluciones, malas pero menos malas que las actuales. Habría que acordar urgentemente con Marruecos un protocolo de actuación conjunto que permita la devolución inmediata de todos aquellos que son detenidos en los primeros cincuenta metros de nuestro territorio, tanto si lo alcanzan por tierra como por mar. Marruecos lo aceptaría, como lleva años colaborando en la contención de los asaltos, a cambio de algunas contrapartidas, por supuesto. Quizás haya que legislar urgentemente un trato especial para las fronteras de Ceuta y Melilla que permita devoluciones “tibias”, como ya se permiten las devoluciones “en caliente”. Y por supuesto, hay que atacar con todos los medios posibles a las mafias que organizan las migraciones desde los países de origen hasta las playas de Marruecos. Los subsaharianos seguirán sufriendo y buscando formas de salir de sus infiernos particulares, pero lograrían hacerlo en mucho menor número si no contaran con la ayuda de los desalmados que les sacan los cuartos a cambio de llevarles hasta las puertas del destino prometido.

No son soluciones milagrosas porque no acabarían con el problema pero sí con su manifestación más inhumana, que nos convierte en un Estado homicida para con personas en estado de máxima necesidad. Porque no son sino eso, personas. Serán inmigrantes, ilegales y pobres, y negros y todo lo que se quiera, pero no dejan de ser, principal y fundamentalmente, personas. ¿Es concebible que nuestras fuerzas de seguridad dispararan pelotas de goma a un bañista que volviera a la playa en la Costa del Sol? ¿O que le engancharan con una zodiac y se lo llevaran por donde ha venido? En absoluto. Si tuvieran sospechas de que no ha salido de nuestro territorio, esperarían a que llegara a la playa y sería interrogado para verificar su derecho a seguir entre nosotros. Y si le dispararan, los guardias serían inmediatamente arrestados. Y si tuviera problemas para llegar, la zodiac le ayudaría a hacerlo.

Lo único que cambia en Ceuta y Melilla es que son muchos y es necesario disuadirles para que no entren en masa. Pero siguen siendo personas, aunque sean muchas personas juntas y sean todos negros desharrapados. Para empezar, no es una gran tragedia si unos pocos consiguen colarse y hay que alojarles en los CIEs de ambas ciudades y gradualmente irles transfiriendo a la península a medida que se van llenando. Son muchos más los inmigrantes que llegan irregularmente a nuestro país por otras vías (por ejemplo, balcánicos en autobús o avión) y no pasa nada. Tampoco es imposible, como explicaba anteriormente, encontrar formas prácticas de devolverles a Marruecos inmediatamente o a las pocas horas de haber entrado, idealmente después de que la Cruz Roja les haya dado una atención primaria básica.

Me gustaría pensar que con el PSOE en el Gobierno, algo así no habría pasado nunca y que, de haber sucedido, habría conllevado sanciones inmediatas. Pero no estoy seguro porque recuerdo algunos antecedentes lamentables como la “Ley Corcuera” o el primer establecimiento de “concertinas”. Pero me da igual. No pretendo utilizar este episodio indigno e inhumano para atacar al PP sino para exigir que no se vuelva a repetir y se sancione a los responsables de las muertes de una decena de, repito, personas, como Vd. o como yo, ni más pero tampoco menos. Si fue un guardia el que decidió disparar por su cuenta y riesgo, que le enchironen por homicidio. En caso contrario, que le dejen en paz, pero que empapelen a los mandos que les dieron tales órdenes y a sus responsables políticos, que encima intentaron negar el uso de material antidisturbios, que luego ha admitido el Ministro, eso sí, tratando de justificar su uso.

No hay justificación posible. Si hay un problema, que lo hay, se buscan soluciones aceptables, y disparar a gente en el agua para evitar que salgan, no lo es, aunque sea con pelotas de goma, que son todo menos pelotas. El método aplicado no es aceptable, en ninguna circunstancia, y hay que depurar responsabilidades urgentemente, tanto para tranquilizar nuestras conciencias como para disuadir cualquier tentación de volver a utilizarlo.