Encuestas

Millán Gómez 

Las encuestas no tienen validez pero sí sirven para orientarnos y acercarnos el latir del pueblo en un momento determinado. Constituyen un punto de partida que influye sin lugar a dudas en las estrategias electorales de los partidos, así como determinan en menor medida las decisiones de los electores. De este modo, si un sondeo pronostica una mayoría absoluta para un partido es más posible que simpatizantes del partido favorito se queden en casa porque consideren que ya está todo el pescado vendido. De la misma forma, las encuestas que pronostican una subida constante de un partido desahuciado hace unos meses animan a votantes cercanos a esa formación o, en el otro lado de la balanza, estimula a ciudadanos cercanos a otros partidos para que no venza el adversario. En estos casos las campañas electorales se centran más en criticar los errores de los demás que en presentar alternativas propias. Esto es lo que está sucediendo en Galicia.

 

Ahora mismo las encuestas pronostican que el PPdeG no estaría tan lejos de la mayoría absoluta, un PSdeG que se estanca o apenas sube y un BNG que ganaría cuanto menos un diputado por Lugo en perjuicio de los populares. Parece que la crisis está afectando al PSdeG y fortalece mi opinión de que hubiese resultado más satisfactorio para los intereses socialistas el haber adelantado las elecciones para el año pasado. Hemos pasado, no lo olvidemos, de encuestas hace meses que apuntaban a que el PSdeG estaba en condiciones de luchar por ser la lista más votada a un PPdeG en continuo ascenso. Hay que aclarar que la subida popular sería tomando como base los primeros sondeos, no a los resultados de 2005 que tienen muy complicado igualar. Seamos precisos. Los conservadores aún se encontrarían lejos de la mayoría absoluta que necesitan. Como nada está decidido, Rajoy se ha mudado a Galicia durante esta precampaña, al igual que José Blanco por parte de las filas socialistas. Podremos criticar en muchas cosas a Blanco, pero es innegable su conocimiento interno del partido y su capacidad para ganar elecciones. Rajoy se la juega en Galicia y Blanco pretende consolidar al PSdeG ante la posibilidad de que Touriño no optase a presentarse en 2013 y aterrizara él en Galicia. Esta opción está cobrando fuerza últimamente utilizando como trampolín el Ministerio de Fomento. De hecho, Zapatero ha dicho públicamente que Blanco está un peldaño por encima de cualquier otro compañero socialista, demostrando así la gran confianza que existe entre ambos. 

 

Durante esta primera semana de campaña hemos oído más reproches entre los contrincantes que propuestas en positivo. Si hoy saliésemos a la calle a preguntar a los ciudadanos de a pie por qué van a ir a votar a tal o cual partido nos encontraríamos con más críticas a los adversarios que con iniciativas que han calado hondo en los votantes. Ahora mismo, se cuentan con los dedos de una mano promesas importantes de los partidos. Apenas podríamos destacar cuestiones como la proposición socialista de que el financiamiento de las universidades gallegas alcance el 1,5 % del PIB, la intención nacionalista de crear el Instituto Castelao en diferentes partes de España y del resto del mundo para fomentar la lengua y la cultura gallega y poco más. Lo habitual son las proclamas de la izquierda por no retroceder al fraguismo y de la derecha por volver al pasado. En este sentido recuerda un poco a la campaña para las generales del año pasado. 

 

Así pues, tenemos más constancia de errores de los partidos que de propuestas convincentes. Hemos conocido esta semana que una excursión de jubilados que en teoría se dirigían a Portugal, hicieron “parada técnica” en un mitin del BNG, así como los supuestos gastos de Touriño en su despacho (negados posteriormente por él mismo) y la noticia de que Feijóo le encargó a su hermana una asistencia técnica de 400.000 euros cuando era Vicepresidente en funciones de la Xunta. Y no, no me he pasado con los ceros. Feijóo también pasó a la historia por su affaire con un agricultor gallego demostrando que no sabe que las vacas son hembras. Se calcula que en Galicia hay aproximadamente un millón de vacas. El candidato popular, que sufre vértigo cada vez que sale de una ciudad para irse al rural gallego, dio un mitin en una granja. Allí le preguntó al dueño por qué todas las vacas tienen nombre de mujer, a lo que el hombre le respondió que porque son vacas, que no se van a llamar ni Luís ni Suso.

  

También las críticas exacerbadas de la derecha mediática contra la izquierda gallega alcanzan límites cómicos. En Telemadrid calificaban a Galicia como un “régimen caciquil”, “clientelar” y no sé cuántos piropos más. También protestaban por la falta de cobertura en medios gallegos de los supuestos excesos en gastos del Presidente Touriño, según ellos porque la prensa galaica “está con el poder”. Es una verdadera pena que medios como ABC y Telemadrid no hubiesen puesto la milésima parte del interés actual por criticar los errores del bipartito cuando el actual candidato popular compraba sillas por valores que superaban los 6.000 euros y una mesa inglesa del siglo XIX por 33.000 euros, cuando Fraga tenía tres coches oficiales frente a los dos actuales de Touriño y se instalaban piscinas climatizadas y gimnasios lujosos en Monte Pío (sede oficial del Presidente de la Xunta). Tampoco dicen nada al respecto de las declaraciones de Rafael Cuíña, hijo de Xosé Cuíña y vinculado al PPdeG, donde afirma que “su familia política es el PPdeG” pero critica el “españolismo rancio” de Génova, califica a Galicia Bilingüe de “obscena” y declara que en los gobiernos de Fraga había galleguistas como él que “bordeaban la autodeterminación”.  Entonces no decían ni mu, es más, afirmaban con rotundidad cosas del estilo de que el anterior presidente gallego nos había puesto en el mapa, en vías de la convergencia con el mundo mundial y que antes sólo comíamos berzas. Literal.

 

En Galicia hay partido. Es complicado que el PPdeG obtenga la mayoría absoluta, pero no es descartable. Las rifadas encuestas animan a la participación, aunque los populares prefieren una mayor abstención que en 2005. Evidentemente no lo dicen pero es así. La izquierda gallega está, según todas las encuestas, con todo en la mano para reeditar el bipartito pero no pueden relajarse. Lo lógico es que hayan reservado una batería importante de propuestas que calen en los votantes y animen a su electorado a acudir en masa a las urnas. Durante estos cuatros años han tomado decisiones importantes para el país y también han cambiado las formas, a pesar de vaivenes caciquiles como el protagonizado por el BNG esta semana. La izquierda necesita que su electorado crítico mire en positivo y no emita juicios excesivos que tiren por la borda todo el trabajo que han tenido que realizar muchos años en la sombra. El precedente de González Laxe en las elecciones de finales de 1989 se sigue recordando y no quieren tropezar en la misma piedra.