Enanos

Lobisón 

Mariano Rajoy montó en su momento un circo y en los últimos días le crecen los enanos. Tan sólo 24 horas después de haber debido encajar la tercera derrota de Madrid como candidata a ser sede de unos juegos olímpicos, una encuesta revelaba que el PP había logrado, exclusivamente por sus propios méritos, caer por debajo del PSOE en intención de voto. Y al día siguiente aparecía el titular ‘Rajoy pacta con Mas negociar en secreto sobre la consulta’, que cabe imaginar ponga bastante nerviosos a los sectores más antinacionalistas de su militancia y electorado.

Cuando se tiene la convicción de estar haciendo las cosas bien —como dios manda—, estos reveses deben de resultar duros. Pero conviene relativizarlos: si Rajoy intenta negociar en secreto con Mas probablemente hace bien, ya que ésta podría ser la única forma de desactivar una confrontación que puede llevar a Mas y a Convergencia al desastre, pero que de momento resulta más perjudicial para España y su gobierno. Por otro lado, se piense lo que se piense sobre las razones del fracaso olímpico de Madrid, no es lógico buscar la clave en la incompetencia lingüística de Ana Botella.

Las encuestas podrían ser más reveladoras. Por ejemplo, hay razones para creer que la caída del PP se debe más a la crisis que al escándalo de su financiación ilegal. Eso significaría que nuestras desgracias se deben ante todo a la percepción de que somos un país hundido por la crisis, que debería pensar en inversiones más productivas y urgentes que la organización de unas Olimpiadas —como parece haber dicho una representante marroquí en la asamblea de Buenos Aires—, y que nadie se toma en serio aún la afirmación de Rajoy en el G-20 de que la gran noticia es que ya no se habla, como hace un año, de los riesgos de la economía española.

Un ejemplo es el tratamiento informativo de las cifras de empleo en agosto. Es posible que abonen un ligero optimismo, pero el hecho de que el paro sólo haya bajado en 31 personas desde julio ha sido resaltado con crueldad por los medios, anulando con creces el efecto buscado de visualizar un cambio de tendencia. Cierto que, de entrada, Cospedal no es la persona adecuada para transmitir optimismo con credibilidad.

El problema es que para hundir la credibilidad de Zapatero el PP socavó profundamente la visión internacional del futuro de la economía española, como desacreditó cualquier negociación con los nacionalistas y quebró toda confianza de la opinión pública catalana en el gobierno de Madrid al recurrir el nuevo Estatut ante el Tribunal Constitucional. Ahora su excesivo éxito en esas tareas le pone en una situación más bien complicada. Como ya dijo Rajoy, citando a Romanones, en otra ocasión memorable, joder qué tropa.