En la frontera

José D. Roselló

En un post de esta misma semana su autor ironizaba con el carácter invasivo del término “economía española” que pareciera, en el discurso cotidiano, haber canibalizado hasta hacer desaparecer al término “sociedad española”. Puede ser que no le falte razón. El autor, en su post, parecía referirse especialmente a las cifras del paro: siempre se dice de ellas que son frías y que tras de ellas, o en su origen, hay dramas y sufrimiento personal. Seguro que es así.

La mordacidad irónica del articulista mencionado suscita una (suscita varias, de hecho) pero al menos una, reflexión ¿Se puede medir el sufrimiento de una sociedad sin mezclar, aunque sea por una vez, lo económico? Fácil no es, desde luego, quizás porque hay cosas demasiado elusivas para aceptar una definición externa y una división en unidades.

Sin embargo, hay datos por ahí que se recolectan para otros propósitos y que pueden admitir, sin forzarlos demasiado, una interpretación en términos de reflejos del sufrimiento social, que no es sino sufrimiento personal anonimizado y agregado. De todas las estadísticas que se pueden ver, las que se van a mencionar son, posiblemente, las que más nos adentran en los terrenos de situaciones personales ajenas a la media de la sociedad, son indicadores en la frontera entre lo  normal y el caso extremo. Van a comentarse los siguientes: el registro de los delitos conocidos por la policía, las estadísticas de emigración y, por último, las de suicidio.

El hecho de delinquir nos habla en sí mismo  de una situación social y personal en la que ninguno esperamos vernos. No eran pocas las voces que auguraban un estallido de criminalidad, sobre todo practicada por ciudadanos extranjeros, a la mínima que la situación económica se deteriorase. Asimismo, parece obedecer a cierta lógica muy básica el hecho de que la multiplicación de conciudadanos sin trabajo y, por tanto, sin ingresos pudiera aumentar la propensión individual a delinquir, “¿y sigues dejando la moto en la calle con tanto paro?” –no me digan que no han oído alguna frase de este tenor, o similar, en los últimos años-.

El hecho es que, si nos basamos en las estadísticas de delitos conocidos por los cuerpos policiales que elabora el Ministerio del Interior, los delitos no solo no suben en la misma proporción que el paro, sino que mantienen una tendencia estable a la baja desde hace diez años. Mejor que mejor.

http://www.interior.gob.es/file/54/54477/54477.pdf

Evidentemente, en esta reducción tiene mucho que ver el volumen de las fuerzas policiales, que está en niveles máximos. Sin embargo, también es verdad que no se aprecian cambios drásticos en la serie en los dos o tres últimos años. Felicitémonos porque, al menos de momento, el binomio más paro más delito parece estar más en algunas cabezas que en la realidad.

Pasemos ahora a la emigración. Pocas decisiones en la vida son tan personales como liar el petate y tomar las de Villadiego a buscarse la vida. Bien es cierto que no toda emigración es sufrimiento personal, hay mucha gente que lo hace de manera voluntaria para estudiar o para tener otra experiencia vital. Sin embargo, cabría esperar que desde 2008 se hubiera producido un aumento en el otro tipo de emigración: la forzosa, esa que se lleva a cabo por no tener aquí mucho que rascar, aunque fastidie.

Para medir la emigración, el INE se basa en dos cifras: el alta en los padrones consulares (que afecta a ciudadanos españoles que se van) y los extranjeros que salen del país, estimados vía padrón. La cifra total es la suma de estos dos conceptos y las proporciones son aproximadamente dos tercios para los españoles, un tercio para los extranjeros. Una vez vistos los datos, hay alguna cosa peculiar:

Número de emigrantes
2005 2006 2007 2008 2009 2010
19.290 22.042 28.091 34.453 35.372 37.278

Primero, llama la atención el volumen. 37.000 personas, con un paro de cuatro millones y pico, parecen pocas (aproximadamente 10.000 son extranjeros y 27.000 súbditos españoles).

Segundo, la tendencia parece ajena al desarrollo de la crisis: la serie tiene dos “saltos”, de 2006 a 2007 y de 2007 a 2008, y no parece reaccionar, en sí, a los mayores niveles de paro de 2009 y 2010. Castizamente, “como si no fuera con ella”.

El cambio de nivel de 2007 a 2008 se debe a que se disparó el número de extranjeros que salían (de 5.000 a 8.000) y se puede atribuir a una afectación más temprana por la crisis de la construcción, pero el aumento de 2006 a 2007 se basa en la mayor salida de ciudadanos nacionales. ¿Alguna idea?

En resumen, hay aumento pero no el que se esperaría y dónde se esperaría ver. Puede que los próximos datos, de 2011 y 2012, nos empiecen a mostrar ya con más claridad acumulación de situaciones personales que se adivinan muy jorobadas.

Por último, se mencionan las estadísticas sobre suicidio. Hay un factor a considerar: si el suicidio es una decisión personal o no. Desde un aspecto terapéutico se le suele considerar más una última manifestación de un cuadro clínico complicado, es decir, más como una enfermedad que otra cosa. Si es así, una muerte por suicidio tiene que ver con la crisis tanto como una muerte por cáncer.

Sin embargo, dentro de los factores asociados a la comisión de suicidio se mencionan reiteradamente situaciones de exclusión social y depresión, a las que coadyuvan las situaciones de desocupación y falta de expectativas de mejora, etc. Visto de esta manera, un ambiente de crisis persistente como el que vivimos, es, o podría ser un factor ambiental muy negativo. El sufrimiento extremo de algunos de nuestros conciudadanos podría estarse viendo reflejado por aquí.

La conclusión en este caso se deja en suspenso. No hay dato para 2010, solo hay serie hasta 2009 y no muestra variaciones significativas; no obstante ya hace demasiado tiempo de aquello como para sacar unas conclusiones ya, per se, muy controvertibles.

Tampoco hay datos a escala europea, y ello se menciona porque yo hubiera jurado haber leído hace relativamente poco una noticia sobre el aumento de suicidios en Grecia achacados a la situación social. En cualquier caso, y por mucho que la situación económica se deteriore, esperemos no ver aumentos en esta variable terrible.

Como conclusión general, es seguro que la crisis, esta tan larga crisis, nos está haciendo pasarlo mal. No es seguro que sepamos algún día cuánto y cómo.