En defensa de la campaña electoral

Julio Embid

Vista la ineludible campaña electoral que nos espera el próximo mes de junio, en plena Eurocopa de Fútbol, todos los partidos políticos siguiendo los principios del cuñadismo y el “acabar con los coches oficiales”, proponen reducir el gasto e incluso los días en los que se podrá pedir el voto.

Esta idea, a pesar de su patetismo y catetismo, no carece de seguidores. Al contrario, no son pocos los ciudadanos que creen que subirán sus salarios, mejorarán los servicios públicos y disfrutarán de mejores horarios, si los partidos, en lugar de gastarse 4, se gastan 3 en cartelería en las farolas y en correo con las papeletas. Lo cierto, es que muchos partidos, en horas bajas y con las arcas vacías, proponen gastar menos dinero en campaña, básicamente porque no lo tienen y es que en menos de medio año, los cargos públicos, militantes y simpatizantes no han sido capaces de preparar una mijarreta adecuada para la que se avecina.

Además, pretenden reducir los días de campaña como si eso fuera a frenar a las televisiones que emiten contenidos políticos, a diario, en horario de mañana, tarde y noche, donde en una mesa cuatro contertulios representantes de las distintas fuerzas políticas, tengan el carnet o no, se enfrentan en verdaderas reyertas dialécticas a fin de mejorar la imagen del propio o destrozar la del rival.

Con estas líneas quisiera manifestar mi rechazo a todas estas ocurrencias. Nuestro país no merece el silencio informativo, ni pasar de puntillas y sin hacer ruido, por uno de los más graves momentos de nuestra joven democracia. Necesitamos confrontar ideas y confrontar programas. Necesitamos que se escuchen a los líderes y a los representantes. Necesitamos que si, los cuatro candidatos de los cuatro principales partidos van a repetir, no se repitan los mismos resultados. O al menos que esto no sea, porque ha bajado la participación, la ciudadanía se ha empachado de democracia y ha decidido que gane aquel que mantenga más lealtad entre los suyos.

No nos encontramos ante una Segunda Vuelta como dicen algunos. Si así fuera, los que quedaron terceros y cuartos en diciembre de 2015, hoy no concurrirían a las elecciones. Ahora bien, resulta crucial que los partidos políticos no vuelvan a darse mus por no tener cuatro reyes, pero dejemos que sean los ciudadanos los que repartan las cartas, escuchen lo que los representantes políticos tenemos que decir y decidan libremente que hacer con nuestro futuro. 

Votar no puede ser nunca un trámite.