Empieza a oler mal

Aitor Riveiro

Dicen que con la muerte de Leopoldo Calvo Sotelo España pone fin a una época y entierra junto al que fuera presidente del Gobierno en una época convulsa y apasionante, a toda una generación, la de la Transición. No voy a decir yo que no, si decenas de analistas, opinadores y columnistas lo dicen. Pero no me parece que la España de finales de los 70 y la de hoy sean tan diferentes.

Una de las cosas que más me fascinan (y más me repugnan) de mis conciudadanos es la facilidad que tienen de subirse a los barcos en el último momento. Los pocos miles que lucharon de verdad contra el franquismo y dieron sus vidas (algunos figuradamente; otros, por desgracia, no) por la democracia se han convertido en millones; si echáramos la cuenta, saldrían más antifranquistas que españoles, lo que no deja de tener su gracia.

40 años después, vivimos algo parecido con un enemigo distinto: las constructoras. Durante años y años, decenas de miles de españoles se han dedicado a especular sin ton ni son. De ello se han aprovechado políticos, registradores, notarios, funcionarios, ‘correveidiles’, ventajistas… pero también peones, fontaneros, fabricantes de ladrillos, transportistas, ingenieros, arquitectos. Compro por uno, vendo por 100 y en el camino reparto 50.

La estructura, muy piramidal, no tenía más remedio que hundirse. Y cuando una estructura se hunde, el peor golpe se lo llevan los que están en la base, claro. Hoy, todo son quejas, lamentos y lloros. No nos engañemos: la mayoría de los que se quedaron sin poder forrarse endosando el marrón a otro. No me dan ninguna pena.

Así que, los españoles tienen hoy por hoy dos grandes enemigos declarados: banqueros y constructores. Los primeros lo han sido desde siempre, la verdad, pero los segundos no tanto y, como digo, es cosa de ahora, pues antes la inmensa mayoría de la gente no despreciaba al ‘Pocero’ o al último implicado en la trama de Adratx: lo envidiaban.

Viene esto a cuenta (o no, pero tenía ganas de decirlo) del flamante nombramiento del ex director de la Oficina Económica del Presidente, David Taguas, como nuevo presidente de SEOPAN. Las siglas tienen como misión dar sensación de asepsia al demonio, así que les voy a contar que la SEOPAN esta no es más que un lobby de las empresas constructoras más importantes y grandes de España, ya saben: Ferrovial, ACS, FCC, Acciona, OHL,… Ya saben, todos dechados de virtudes y buenas intenciones. El caso es que, no contentos con ganar decenas de miles de millones cada año, las constructoras ahora quieren ser como los bancos y controlar absolutamente todo lo que se mueve: eléctricas, telecomunicaciones, transporte, el fútbol (sí, sí… ¡también el fútbol!).

Y, si hemos aprendido algo de los ‘yankis’, amén de a comer hamburguesas con mostaza, es a montar ‘lobbies’, que es cuando se juntan los que mandan y tienen todo el dinero para mandar (más) y tener más dinero (si no lo hay, se fabrica).

¿Y quién mejor que el ex asesor para temas económicos de ZP para dirigir ese lobby de las constructoras? ¿Quién mejor que aquél que propuso las líneas de crédito para los pobres Florentino Pérez, Rivero, Koplowitz, Entrecanales y compañía? ¿De quién fue la idea de vender las viviendas libres que sobran –unas 600.000 ni más ni menos- como VPO y que la diferencia la pague ya el estado si eso?

El presidente ha declarado que está “desagradablemente sorprendido” por el nombramiento. ¡Faltaría más! Digo yo que siendo el presidente del Gobierno podría hacer algo más. En primer lugar, paralizar todos los planes de Taguas referentes a la construcción (y sectores afines, o sea todo); en segundo lugar, llamar a las empresas constructoras y dedicarles unas bonitas palabras de cortesía. Esto, para empezar.

Menos mirar a los Zaplana y compañía, porque al otro lado de la orilla también apesta. Y en el medio del río, sorteando las corrientes y las piedras, empezamos ya a cansarnos del mal olor que desprende la política y las empresas (¿son dos entes o una?) de España.